martes, 10 de septiembre de 2013

El artista y el iluminado. Una reflexión

30 de agosto
El artista y el iluminado. Una reflexión
Una de las polémicas recurrentes entre los estudiantes de la Licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara tiene que ver con la creación literaria. A saber, para muchos la licenciatura debe ser un semillero de poetas y artistas, cuando el perfil del egresado tiene que ver más con actividades como la docencia, la investigación, la crítica literaria y la reflexión. Es obvio que ninguno de estos perfiles es excluyente, y que en un mundo perfecto serían complementarios. Así, el buen poeta tendría un ojo fino para el análisis, pues podría explicarnos una poética, mientras que el analista podría utilizar todos los elementos del método para crear una buena obra literaria. Ahí tenemos a Luis Vicente de Aguinaga y a Gerardo Cham, por poner un ejemplo.
La discusión se agrava cuando los improvisados le apuestan al grito fácil, al performance y a los trazos de una pluma de inspiración arrebatada. Además, la presencia de foros de lectura, semanas culturales, y espacios con micrófono abierto permiten que cualquier valiente nos ofrezca su "poesía" y que además, los entusiastas del poema o del poeta lo defiendan. Que no se me tome por dictador. Cualquiera puede escribir, y cualquiera puede leer en voz alta su obra, pero no cualquiera puede ser considerado escritor o artista. Ese es el punto del debate.
Mi argumento es que el escritor primero debe escribir, axioma tan básico que siempre olvidamos, para así poder hacer cuanta cosa se le ocurra con su obra. Cuando hablamos de la escritura como oficio no nos referimos al acto de poner una letra tras otra para ver qué sale. Escribir es valerse de artimañas, del oficio, de la búsqueda, y ésta se da en lo privado, no en Chapu, no dando gritos en las calles o pasillos, no pensando en cuantas fotocopias le voy a sacar a mi poema, no en el Malasangre, y no pensando en el próximo coctel. Aquí hablamos de hacer, y de hacer bien.
No se entienda con esto que satanizo el performance o la improvisación y que pondero la teoría por sobre todas las cosas. Aquí no hay prejuicio ni nada parecido. El performance pensado, el grito articulado primero en la mente y no en la garganta me parecen más valiosos que quien hace las cosas por llamar la atención. Se trata de pensar en la efectividad de los actos comunicativos. Así, pues, te pregunto, artista: ¿Quieres teorizar y decir que todos son pendejos porque no entendieron tu arte? Vuélvete esteta y refúgiate en el símbolo. ¿Quieres llamar la atención? Apláudete como foca, grita, encuérate a la menor provocación para que todos volteen a verte aunque tengas un discurso vacío. ¿Quieres comunicar, y elaborar un producto verdaderamente artístico? Trabaja en tu arte antes de trabajar en cómo recibir los aplausos.
Aquí no se critica al "poema" como acto. Se critica el acto malogrado del performance. Se critica al tipo que se siente artista pero parece padecer el síndrome de Tourette. Antes de dar show, el escritor debe escribir. Así de evidente es el axioma, así de evidente es la proposición. Escribir es construir. ¿Cómo lo sé? Porque escribo, no amontono palabras una sobre otra a ver que sale.

2 comentarios:

mengana dijo...

Aja!!!
Es triste también la cantidad de 'escritores' que empiezan 'escribiendo' y no leyendo.
En cuántos eventos no vimos que la gente quiere presumir su trabajo pero no le interesa un comino conocer el de los otros...
Luego uno se encuentra con poemas que revelan que si el autor se tomara la molestia de leer, él solito se daría cuenta de que no traen nada

Juan Carlos Gutiérrez Mercado dijo...

Totalmente de acuerdo, sobre todo en lo último, y aunque no lo mencione me queda claro: además de la talacha de la escritura, el escritor debe ser un amante de la lectura.