viernes, 15 de diciembre de 2006

8 de diciembre de 2006
Andrés Manuel López Obrador
A Laura
Me había prometido a mí mismo dejar de hablar del presidente legítimo de los Estados Unidos Mexicanos: el señor Obrador. Todos aquellos que han seguido este espacio tuvieron la oportunidad de presenciar desde esta trinchera una de las defensas más apasionadas que le pude hacer al señor López. Sin embargo, después del 16 de septiembre de este 2006, Obrador fue enredándose cada vez más en su disfraz de mesías.
No me malinterpreten. Aún creo que Calderón llegó al poder de la forma más sucia posible y estoy en absoluto desacuerdo con la publicidad que manejan los medios diciendo que el dos de julio todo salió bien. Aquello de las manos limpias no se lo cree ni su abuelita. Defiendo esa causa. Sin embargo, he de declarar que no me parece válido el modus operandi del tabasqueño.
Obrador tuvo dos opciones el día de la tan mentada Convención Democrática: llamar a las armas (suena drástico, pero aún contaba con credibilidad y muchos lo hubieran hecho pensando en que eso era la última solución) o aceptar la derrota de la forma más digna posible. Andrés Manuel pudo declarar que reconocía el resultado adverso a pesar de contar con elementos para probar el fraude (de que los tenía no cabe duda, el problema fue que jurídicamente estuvo mal asesorado). Pudo haber sido más osado. Con el apoyo que se le manifestó ese día (más de un millón de personas tan sólo en el Zócalo) era conveniente declarar que cada acción del gobierno de Milhouse Calderón sería revisada por su equipo de trabajo. Esa visión de estadista lo habría catapultado directamente hasta la presidencia del 2012.
La historia, sin embargo, todos la conocemos. Obrador se autonombró Presidente Legítimo de México y tomó posesión el día de San Aniv. de la Rev. Ahora anda de tour por el país solicitando que se le depositen sus honorarios en una cuenta bancaria. ¿Pues no que él hace todo por mero desinterés? Digo, eso sin mencionar lo que dice Roger Bartra de su persona (en algunos puntos de su discurso, Obrador se ha manifestado, igual que Calderón, como alguien de derecha moderada) y algunas opiniones que he compartido en clase con la Doctora Cecilia Eudave.
Finalmente es bien sabido que son pocos los pensadores de izquierda que, al llegar a cierta edad, permanecen atados a su ideología. Obrador parece estar más ocupado en las ventajas que el poder le ofrece y deja de lado los verdaderos intereses por los cuales él luchaba.
En una visita a la Universidad de Guadalajara, Salvador Allende, presidente chileno derrocado por la Junta Militar de su país y el gobierno de los Estados Unidos el 11 de septiembre de 1973, declaró: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción incluso en la biología.” Sigamos sus palabras. La izquierda es de los jóvenes, no de unos cuantos que aspiran llegar al poder a como dé lugar. Es tiempo de hacer verdadera crítica.

1 comentario:

Pablo Gómez dijo...

¿Oye en cuál semestre vas de la carrera? Es para terminar mi reportaje...