martes, 19 de enero de 2010

19 de enero de 2010
Disculpa (Del lenguaje poético explicado a los poetas)
Dice Coetzee en esa pequeña joya títulada Desgracia no estar de acuerdo en aquello de que "La sociedad humana ha creado el lenguaje con la finalidad de que podamos comunicarnos unos a otros nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones". Coincido con él en aquello de que "el origen del habla radica en la canción, y el origen de la canción, en la necesidad de llenar por medio del sonido la inmensidad y el vacío del alma humana".
Pienso también, retomando a Kundera, que:
"Mientras las personas son jóvenes y la composición musical de su vida está aún en sus primeros compases, pueden escribirla juntas e intercambiarse motivos (...) pero cuando se encuentran y son ya mayores, sus composiciones musicales están ya más o menos cerradas y cada palabra, cada objeto, significa una cosa distinta en la composición de la una y en la de la otra".
Si te digo todo esto, Sikaria, es para cerrar un movimiento más en la sinfonía de mi vida: un movimiento en el cual tus acordes se mezclaron con los míos, de una manera más que confusa. Las notas que yo quise compartir contigo, en forma de palabras, en forma de poesía, nunca pudieron embonar en tu melodía. Lo nuestro fue como un canon que nunca encajó, que siempre sonó fuera de ritmo. Así fue hasta el último momento, hasta el momento que recibí una petición de disculpa, que impuntual atiendo hasta este momento; que atiendo sólo porque pienso que tal vez te la merezcas.
Yo lo dije, es cierto: nada tengo que reclamarte. Llevabas en la envoltura tu letrero de advertencia, y aún así quise ser parte de tu vida, y aún así quisiste ser parte de la mía. Compartimos una noche, es cierto, y jamás hicimos el amor, o mucho menos, como dices, cogimos. No es presunción, pero me jacto de jamás coger con las personas; lo mío es el arte de la seducción, del goce de los sentidos, aun cuando me gane una desafortunada eyaculación precoz.
De ese goce de los sentidos es del que hablaba cuando mencionaba los prodigios de tu cuerpo junto al mío. Una expresión que rebosaba música y poesía, una expresión tan bella que no es mía y que sin embargo es un motivo más de la composición de la música de mi vida, una expresión que tal vez ahora será parte de un movimiento de tu vida, como un acorde defectuoso, pues no te pido que me recuerdes como una nota perfecta. Un movimiento, pues, que ingenuamente creí podríamos compartir dadas nuestras tendencias literarias, poéticas, quizás, porque esa frase era una manera de decir: Carajo, qué bien me siento cuando estoy a tu lado...
Somos espíritus viejos, nuestras composiciones están hechas. La tuya no sé qué nombre lleve, pero algo tengo muy seguro. La mía nunca se llamará disculpa...

2 comentarios:

rogelio garza dijo...

también creo en la musicalidad de la palabra.

y que la música es movimiento que llena los espacios, físicos y metafísicos.

qué buen post, compa, escrito con el corazón en la mano.

oye, sí, fue chingón conocernos en la FIL, ¿dónde si no?

cómo viste lo de Salinger? merecido descanso.

Juan Carlos Gutiérrez Mercado dijo...

La palabra es eso, maestro... Pura pinche melodía, ritmo y armonía :)

Dicen que la música es capaz de apaciguar a las bestias, y más de una vez lo he comprobado conmigo mismo... Un disco y a vivir, papá!!! Para arriba o para abajo, pero no me imagino sin música en en mi vida.

Y Salinger... Que en paz descanse :)