martes, 9 de octubre de 2007

9 de octubre de 2007
Cuestión de tiempo
Sentado en el tren de una ciudad cualquiera, un hombre mira, absorto, su reloj. Pero ¿qué importa ya la hora si se es presa del tiempo?
18 y 19 de junio de 2007

jueves, 13 de septiembre de 2007

13 de septiembre de 2007
“La ficción ocurre en el límite”
A propósito de Cortázar y sus remembranzas acerca de la definición de literatura fantástica y poesía, donde todo el ser de las mismas queda fuera de cuanto pueda decirse, recuerdo las ideas que, a posteriori, pronunció el científico catalán Jorge Wagensberg, acerca de los cuerpos y sus definiciones. Palabras más, palabras menos, para este hombre, la ficción se da en la frontera de cada ser, ya que en ese pequeño espacio es donde radica la posibilidad de transformarse en algo más.
Quedo de acuerdo con estas posturas. Si ya es por demás sabido que el lenguaje tiene como finalidad última atrapar la realidad a través de la definición de los objetos, a los hombres nos falta esa posibilidad de perdernos en las fronteras, de quedar al borde del abismo y de pensar un poco en el “fall in love.”
En este contexto tal vez parezca extraño que recurra al anglicismo para explicar tal perspectiva, pero éste viene a colación si tomamos en cuenta su traducción más literal. Caer enamorado, ceder al abismo y la incertidumbre de lo indefinido bien puede ser relacionado en este sentido con el arte en general, mas toco aquí el tema de la literatura, fantástica por definición, cuyo ejercicio nos permite sacudir un poco de la realidad que nos aqueja.

miércoles, 22 de agosto de 2007

22 agosto de 2007
De cómo censurar un texto y todo lo demás
Indignadas ante su contenido que era una apología a la homosexualidad, las altas autoridades eclesiásticas sólo alcanzaron a pronunciar: “¡Puto el que lo lea!”
Del 18 al 29 de junio del 2007

miércoles, 8 de agosto de 2007

20 de julio de 2007
Dos visiones sobre la ceguera
Entre las lecturas que se me antojan como mis clásicos instantáneos de este año, se encuentra la obra de dos narradores europeos que critican, en sendas novelas, cualquier atisbo de ceguera colectiva. Así, a pesar de la distancia cronológica, Marcel Schwob y José Saramago se encargan de señalar, desde su muy particular perspectiva, aquellas creencias que están destinadas a condenar al hombre de sus tiempos.
Una ceguera llamada fe
En el año de 1212 dos hombres de distintas regiones en Europa afirmaron haber visto a Jesucristo. Éste, en la visión de ambos sujetos, exigía que Jerusalén fuera recuperada de los infieles que la moraban. Como uno podría suponer, eso era algo perfectamente normal para la época; ejércitos convocados por reyes y papas sedientos de poder y deseos de trascendencia transitaban por tierras y mares europeos continuamente. La diferencia, sin embargo, radicaba en que éstos eran hombres de campo, ambos carecían de tierras y poder y jamás podrían dotar de armas a sus seguidores.
De estos se puede decir que eran personas de la misma calidad que los elegidos para realizar la visión de dios: campesinos sin tierras que vagaban por las maltrechas carreteras europeas en busca de sustento y trabajo, conocidos por el apelativo, cariñoso o despectivo, de pueris. El origen de esta voz, que en latín vendría a ser el equivalente de “niños”, propició una de las tantas leyendas que se conocen del papado de Inocencio III: la de la cruzada de los niños.
Es Marcel Schwob, narrador francés de fines de siglo XIX, quien crea uno de los más bellos relatos que se conocen de ésta gesta. Aprovechando la confusión entre el apelativo puer y su significado literal, Schwob decide que los personajes de su novela breve La cruzada de los niños sean inocentes víctimas de la fe profesada por el nada inocente y ya mencionado Papa Inocencio.
Y es que en la perspectiva del escritor francés, es la misma fe de Inocencio III la que propicia estos acontecimientos. Tan embebido se encontraba el Papa tratando de alejar a sus protegidos de la herejía cátara y buscando una luz que guiara a su rebaño, que fue él mismo quien los condenó a una vida en las tinieblas por el exceso de claridad de su creencia. He ahí el resumen de la Edad Media: hombres ciegos por la divina luz y gracia del señor...
Una ceguera llamada modernidad
Después de haber leído El evangelio según Jesucristo, pocos podrían acusar a José Saramago de ser un hombre impío. Su obra rebosa de un amor tan grande hacia dios que, o bien puede criticarlo, como ocurre en su citado evangelio, o dar a entender que la fe es la ultima esperanza en un mundo de ciegos.
Esta podría ser la premisa básica de la cual parte el Ensayo sobre la ceguera, novela monumental por su extensión y por sus logros. Lo mejor que he leído de Saramago se encuentra en esas páginas que no dan concesión y se permiten ser una crítica despiadada a las sociedades modernas, más preocupadas por el aquí y ahora que por el antes y el después.
Su relato no deja de ser una visión apocalíptica, en el más digno y bíblico sentido de la palabra, donde al hombre aún le queda una esperanza de ser mejor luego de enfrentarse a lo peor de sí mismo. Saramago ensaya en sus páginas el caos de una ceguera blanca, luminosa, que invade de pronto al mundo entero, perdón, entero sería mucho decir, pues es verdad que en su trabajo la esperanza está siempre presente.
Y es que a mi parecer, el momento de mayor angustia es el vivido cerca del final de la novela, cuando la única mujer que aún posee la capacidad de ver con sus propios ojos los horrores de la humanidad, descubre los horrores de Dios. Cristos, Marías y santos ciegos pagan al hombre con la misma moneda que le han pagado a Dios: resguardan su visión tras un velo que impide el paso de la tragedia. Y cuando alguien aprecia en su totalidad la desgracia de ambos, el regalo de la vista se expande nuevamente, como si fuera un regalo divino...
Una ceguera sin nombre
No deja de llamarme la atención que entre la publicación de La cruzada de los niños (1896) y Ensayo sobre la ceguera (1996) medien exactos cien años. ¿Será acaso una preocupación finisecular señalar estas cegueras colectivas? Schwob critica la fe hacia un dios que deja ciegos a sus creyentes, mientras Saramago se encarga de reivindicar esa fe en un mundo de devotos a la modernidad. Ambas son obras que sin duda responden al espíritu de sus tiempos, pero una vez que son vistas en perspectiva nos confrontan con la perenne duda ¿existe o no un punto medio entre ambas posturas?

lunes, 16 de julio de 2007

14 de julio de 2007
Recordando a Homero
Según el amarillo amigo Simpson, Naked Lunch o Almuerzo al desnudo es la gran estafa del cine americano, pues nunca hay tal almuerzo y nadie aparece desnudo. Los mexicanos, en cierto modo, también fuimos engañados por la pantalla grande. ¿O acaso usted aprendió a robar viendo Escuela de rateros?
4 de julio de 2007
Punk, punk; sólo hay uno...
Capítulo I. La música. Nueva York, 1974. Sólo se necesitó de un ejército de cuatro jóvenes aburridos para capitalizar lo que ya venía anunciándose desde The Who, Velvet Underground, Iggy and the Stooges y The New York dolls. Gracias a la idea del Do it yourself, la avanzada de los Ramones puso de cabeza a la gran manzana; una banda punk con un gran sentido del pop, tanto, que hasta Andy Warhol se rindió a sus encantos. “Today your love, tomorrow the world.”
Capítulo II. La actitud, la estética. Londres, 1975. Malcolm McLaren, estudiante de arte y dueño de una tienda de ropa a la moda, luego de fungir como manejador de los New York dolls, decide crear y controlar su propia banda de rock. Con ayuda de Vivienne Westwood les diseña una apariencia basada en ropas rasgadas, como las que ya usaban lo Ramones; insignias y símbolos militares, como las que ya usaban los Ramones; y el nuevo cuarteto, como ya lo eran los Ramones, se lanza a la conquista de una Inglaterra bastante machacada. Lo mejor de este grupo llegó cuando ingresó a sus filas un bajista de actitud mientamadres, como el que ya tenían los Ramones. Sí, podría decirse que los Sex Pistols hacían lo mismo que los Ramones, pero con qué actitud... “Anarchy in the UK.”
Capítulo III. La posición. Londres, 1976. Si el mundo tenía una llaga llamada punk, fruto de una juventud violentada y reprimida, era necesario que alguna parte de ese “defecto” señalara lo que la había provocado. Si los Ramones eran la avanzada y los Pistols habían señalado al régimen fascista de la reina como enemigo ¿no era necesario tener una ideología de combate? Ahí es donde encajan frases como Combat rock o “Creative violence.” Pero ese no fue el principal mérito de los The Clash, quienes entre otras cosas supieron adaptar al punk para que éste recibiera diferentes influencias que enriquecieron su manera de hacer música. Rock, punk, reggae, ska, pop. “Revolution rock.”
Capítulo IV. Lo que vino después. El punk adoptó diversas caras, aunque ninguna de ellas ha sido tan valiosa como la del primer boom. Algunos grupos siguieron las rutas del hardcore delineadas por los Ramones, mientras que otros cayeron en la onda panfletaria y se volvieron grupos cerrados y extremos. La mayoría cedió a las mismas contradicciones del movimiento y sólo ayudó a convertir al punk en una triste broma de sí mismo...
Epílogo. Un lugar cualquiera, 2007. Sin duda que en el tránsito diario por la vida usted los ha visto; ahí donde seguramente usted toma un café o acude a realizar ese acto tan mundano que la gente de limitadas capacidades mentales llama “shopping.” Son chicos normales, oscilan entre los catorce y los veinte años de edad. La mayoría de ellos hijos de matrimonios jóvenes de clase media alta con una buena posición económica, por lo cual no es extraño verlos al último grito de la moda. Son punks de diseñador en el mal sentido de la palabra, cuyo acervo musical parte de Green Day para adelante...
“¿Ya viste esa playera de Ramones?” “Esta chida, pero ¿Quiénes eran esos?” “Pues no sé. Tú cómprala, wey. Total, están de moda...”
3 de julio de 2007
Consideraciones acerca del ensayo literario (Respuesta a un comentario de mi amigo Omar)
Sería ideal que los polígrafos escribiesen sus apreciaciones respecto del oficio de escribir; ideal, no imprescindible.
“Entre el alcohol, la poesía y la novela breve” Eusebio Ruvalcaba
Hace unos cuantos días, mientras me encontraba preparando una selección de mi breve trabajo ensayístico, recibí el siempre acertado comentario de mi amigo Roberto Visantz o como quiera que se haga llamar en este instante. Al haberle pedido ayuda para la corrección de los textos, él atinó a decirme que mi estilo se le hacía en extremo libre, más apegado a lo que hacía Montaigne que a la estructura del ensayo contemporáneo.
Con la intención de interpretar de la mejor manera correcta sus palabras decidí elaborar una serie de reflexiones acerca de este género y mi particular visión del mismo. Y he de atender en este momento al epígrafe de esta entrada: no es que me considere un polígrafo, ni que estas reflexiones sean imprescindibles. Ofrezco estas líneas no con la intención de decir la última palabra sobre el tema, sino más bien para aclarar mis ideas al respecto.
Así, después de cavilar un rato pienso en todas las posibilidades que me ofrece la palabra ensayo y me quedo con una. Ensayar, volver a la escritura un ejercicio libre, sin las cadenas que, por ejemplo, tiene la novela, donde el personaje A está ligado al personaje B y así si queremos llegar hasta la Z, amén de la tensión almacenada capítulo tras capítulo que debe explotar en el final, etcétera. Qué decir del cuento, otro ejercicio distinto, donde la misión es ganar por knock out, siguiendo la mejor tradición cortazariana; y eso sin hablar de la poesía, muerta ya por una libertad transformada en libertinaje.
Pienso que, por otro lado, el ensayo no está ceñido a ninguna receta de cocina o manual de uso que diga “deje en claro su intención en el primer párrafo; desarrolle la tesis en los siguientes diez; meta al horno por quince segundos y ¡listo! Tiene usted un texto a la orden. Dejo esto en claro por que el ensayo no es una suerte de “netología” donde el autor impone su particular visión sobre un tema y dice “esto es la neta.” Contrario a esta creencia, un texto de esta categoría sí debe dar el punto de vista del autor, pero al mismo tiempo es casi una obligación generar movimiento dentro de la materia gris del lector. Ergo: un ensayo debe incitar a la duda o a la reflexión.
Pero ¿cómo? ¿Cómo lograr esas dudas? Aquí es donde aparecerán las cualidades del escritor, haciéndose de recursos como la pregunta retórica, el ácido toque de un humor verdaderamente corrosivo o el simple, pero siempre efectivo, arte de llamar a las cosas por su nombre.
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¿Qué es el ensayo? Tamaña pregunta para un escritor de todavía tan cortos vuelos como éste su humilde servidor. Pido tan sólo, por decir un número, diez años de prueba. Quizá después de algunos ensayos tenga la respuesta...
1 de julio de 2007
Icky thump
Cuando a principios del dos mil seis comenzó a circular la noticia de que Jack White formaría parte de una nueva banda llamada The Raconteurs, también corrió el rumor de la desintegración de los White Stripes. El guitarrista aclaró la situación desde el inicio y se limitó a decir que no pasaría mucho tiempo para ver un nuevo álbum de los rayas blancas.
Hace unos cuantos días salió a la venta el nuevo álbum del dueto formado por hermanos Jack y Meg White, el cual viene respaldado y no, por las declaraciones que el guitarrista dio hace poco a la Rolling stone: “No suena como ningún otro de nuestros discos. Es muy pesado.” En honor a la verdad, Icky thump, nombre de esta producción, es todo un tour de force por la historia del dueto, al mismo tiempo que muestra nuevas opciones que tal vez no hubieran encajado en discos anteriores a éste.
Así, entre las novedades ofrecidas están el tema que abre y da nombre a la producción, donde Jack ataca la construcción del muro fronterizo y le pregunta a los gringos ¿por qué no se expulsan ustedes que son inmigrantes también? Musicalmente ofrece, amén de las eléctricas guitarras, esa batería siempre acompasada y precisa, y el uso de sintetizadores, un inventivo solo de guitarra, parte fundamental en el desarrollo de la canción.
El siguiente corte es una mezcla perfecta de lo que ha sido la carrera de este dueto: cierta ambivalencia entre lo inocente y lo crudo. No en vano el nombre de la banda proviene de los dulces bicolores de menta y cereza. Con ciertos ecos del Elephant (“There’s no home for you here”) aderezados con un órgano Hammond, llega esta pieza, cuyo sencillo cierre, solo de guitarra incluido, da muestra de por qué Jack White es uno de los mejores guitarristas de rock en la actualidad.
Nuevos ecos se hacen presentes en “300 M.P.H...” ahora recordando los mejores momentos acústicos del disco anterior, aunque eso sí, para desgracia, sin pianos ni marimbas. A favor de esta canción, y de todo el material, de hecho, se puede decir que su palabra clave es “equilibrio.” Los White Stripes logran en este álbum un balance entre lo eléctrico del Elephant y lo acústico del Get behind me satan; entre una batería que funciona como mero acompañamiento y otra que por momentos se vuelve protagonista de los cortes; entre una Meg que sólo le pega a los tambores y otra simpática en las voces, como bien lo había demostrado en discos anteriores.
El cambio de aires se hace evidente en el corte número cuatro: “Conquest” es una canción que, con líneas de la guitarra, muy a la usanza de esas tonadas de plaza de toros, se hace acompañar de una poderosa trompeta de mariachi. Impensable en un disco anterior y prácticamente imposible de ejecutarse en vivo sin un músico extra, pero sin duda una excelente apuesta del dueto.
Y para recordarnos que lo mejor que hace este par es un rock guitarrero con aires de garage, aparece “Bone broke”; una composición que bien podría estar en cualquiera de sus tres primeros discos, figurando incluso al lado de un clásico del dueto: “Fell in love with a girl.”
“Prickly thorn...” y “St. Andrew...” por otro lado, son una muestra de ese aire conceptual y de investigación musical que Jack descubrió al colaborar en la banda sonora de Cold Mountain. Ambos temas están ligados por la batuta de una gaita que da pie al intercambio de notas con la guitarra de White y con la dulce voz de Meg.
El lado experimental descansa un poco y regresan otra vez los recuerdos del White blood cells. “Little cream soda”, pero sobretodo “Rag and bone” con ese jugueteo vocal entre Meg y Jack, el alucinante y constante pedaleo en el bombo y la repetición hipnótica en la melodía de la guitarra.
Icky thump finaliza con un cuarteto de temas interesantes en el buen sentido de la palabra. La primera dupla es la combinación entre guitarra, teclado y batería que arrojó tan buenos dividendos en la producción anterior. El broche de oro son esas dos joyitas guitarreras tituladas “Catch hell blues” y “Effect and cause.” Respecto a la pieza de blues, ésta cumple a la perfección aquello de que la guitarra le responde a la voz con esos viajadísimos solos que pasan por diferentes escalas. El campirano cierre del disco es un guiño al “Hotel yorba” con una inteligente y directa letra: “Well you can’t take the effect and make it the cause...”
El recuento nos ofrece un disco que, si bien no corresponde a las expectativas creadas luego de esas dos joyitas que son el rocanrolerísimo Elephant y el conceptual Get behind me Satan, sí da indicios de una búsqueda por nuevos horizontes. La producción en sí no es mala, pero parece más un trabajo de recapitulación emparentado a lo que le significo a este dueto el White blood cells, que un sonido fijo como el logrado en su clásico disco del cuadrúpedo.
Por lo pronto, habrá que esperar la segunda producción de los Raconteurs y la gira de ambos proyectos. Pero por favor, que los acompañen otra vez los Greenhornes...
27 de mayo de 2007
¡Arriba el Pachuca, cabrones!
En México hablar de fútbol, religión o política presupone tres cosas. Se está con un íntimo amigo con quien se puede discutir cualquier tema; se tiene la intención de provocar tremendo argüende; o de plano, dialoga usted con un político. No es gratuito que una de las primeras advertencias que señala el Manual de Carreño de lo, para variar, políticamente correcto sea el no mencionar estos temas. Considerándome como siempre incorrecto, esta noche mancillaré dicho dogma de fe...
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¿Cómo alienar a un pueblo? Siguiendo los sabios preceptos del Imperio Romano: al pueblo pan y circo. ¿Cómo alienar a los mexicanos? Dándoles fútbol y comunión...
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Cuando el Pachuca ganó la final de la Copa de Campeones de Concacaf arruinó mi hipótesis de que éste era, políticamente hablando, el sexenio de las chivas. Digo, la llegada de un nuevo presidente les trajo un nuevo campeonato y hasta un millonario contrato publicitario con las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos Mexicanos. Suspicaz como siempre he sido, me pregunté, ¿cómo pagarán los tuzos por haber mancillado la corona del rebaño sagrado?
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Llámelo sospechosismo o teoría de la conspiración, pero no puedo concebir la medida que se le aplicó al Club de Fútbol Pachuca. ¿Por qué suspender el partido frente a Cruz Azul por un caso de doping? ¿Por qué usar así, de repente, mano dura contra las drogas? ¿Sabe usted cuanto dinero dejó de percibir el equipo tuzo por concepto de taquilla, sin mencionar los contratos de televisión y publicidad por la transmisión del partido? Yo tampoco...
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Y para colmo ¿qué tiene que hacer el presidente del país en la final de fútbol? Máxime cuando la lucha contra el narco está que arde. ¿O será que andan vigilando probables casos de doping? Mano dura contra los futbolistas no alineados, señor Presidente. Su pueblo se lo agradece. Por cierto, dicen por ahí que el Pachuca quedó campeón porque, ya entrando en confianza, usted es un perdonavidas, amigo Fecal. Pero eso sí, la letra con sangre entra; millones de pesos perdidos en la taquilla contra Cruz Azul lo demuestran ¿o no?
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Perdió el América porque ésta es una sociedad maniqueísta. Queda a consideración la despedida de Cuauhtémoc, el dizque último ídolo; un gol agónico que da la corona, amén de un penal inexistente a favor del América y uno de a de veras anulado; el hijo del presidente en la ceremonia de premiación; triunfo dedicado a las mujeres mexicanas, en especial a la primera dama. Y una pregunta ¿qué es más sagrado? ¿El fútbol, la religión y la política o la Santísima trinidad? ¡Arriba el Pachuca y abajo el aborto, cabrones!
10 de mayo de 2007
Infrahuevonismo
Posdata.- Puto el que lo lea
Los creadores de este Manifiesto son conscientes de las múltiples contradicciones incluidas a lo largo del escrito. Entre las posibles justificaciones se encuentran las diferentes fechas en que fue redactado, siempre bajo los influjos del alcohol. Conscientes de que en el camino se perdieron interesantes proyectos como la teoría de la antintertextualidad, redactada en una servilleta de cantina, los Infrahuevonistas prometen llevar a cabo las ideas que permanecen en la mente de sus colaboradores y trabajar en la perfección y corrección estilística y estética de sus escritos. Con excepción del Manifiesto, porque nos da Hueva.
Chorum Dei. (del latín “Choro del Señor”)
1 de mayo de 2007
Posfechados

A petición de la comunidad Infrahuevona, ofrezco aquí los dos últimos capítulos del siempre inconcluso Manifiesto Infrahuevón...
28 de enero de 2007
Infrahuevonismo
Capítulo VIII.- El recuento de los daños
Después de mucho cavilarlo, el Infrahuevonismo en general ha decidido que no le sienta bien el sectarismo. Éste ha sido el motivo por el cual decide aceptar entre sus filas a toda clase de intelectuales en potencia. Si el manifiesto habla en todo momento desde el punto de vista de la narrativa es porque sus insignes redactores practican dicha actividad, aunque tienen, hay que aclararlo, inclinaciones hacia las artes plásticas, la música, la poesía, el teatro, el cine e incluso el performans.
La única condición que se le (im)pone a todo aquel que pretenda asociarse a esta especie de secta es que tome conciencia, en la medida de lo posible, que lo último que se busca es la belleza por accidente, pues, retomando a Kundera, ése será el fin del arte. Para evitar tan apocalíptica visión, se propone a los futuros Infrahuevonistas, conozcan las reglas de la actividad que realizan. Sólo así, y con algunos prácticos conocimientos de semiótica, retórica y estética, evitarán que la obra sea buena a pesar del creador mismo.
15 de febrero de 2007
Infrahuevonismo
Capítulo IX.- Una última diatriba dirigida a los malos poetas
El único poeta que sirve es Poett, pues no sólo limpia y desinfecta los pisos de su casa, sino que además huele bien. Se aleja de las malas influencias y no esta plagado de metáforas malogradas, repeticiones ad nauseum y absurdos etcéteras que de nada serviría enunciar aquí y ahora.
Se cree, eso sí, y firmemente, que la poesía no ha muerto. Vive en nuestros corazones y anda de parranda acompañada por los ritmos y rimas transgresoras del reggaeton.
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Nace el Infrahuevonismo. La única intención auténtica de todo este desmadre es promover la inquietud de otros hacia la cultura. Se trata de trabajar. De evitar la belleza por accidente. De prescindir de celos y palabrerías de odio que no llevan a ningún lado. El manifiesto y la postura son crear calidad...

martes, 1 de mayo de 2007

7 de marzo de 2007
La poesía como búsqueda de lo absoluto
Todos sentimos lo que es la poesía; nos funda, pero no sabemos hablar de ella.
El erotismo. Georges Bataille
Nunca me he considerado dentro del tipo de escritores a quienes el lenguaje les parece poca cosa para poder expresar sus sentimientos. Si bien es cierto que la poesía es la expresión por excelencia del sujeto, para mí esa subjetividad queda reducida a la perenne búsqueda de lo inasible y lo infinito.
Que no se me ataque sin razón. Aquel que esté libre de pecado que arroje la primera piedra. He de aclarar a partir de ahora que esto no se trata de una diatriba irracional y sin sentido contra aquellos que, preocupados por regresar al origen, se dedican al oficio de la poesía.
Supongo que, cuando Johan Friedrich Hölderlin se preguntó “¿Para qué poetas en tiempos aciagos?” nunca supuso el alcance de su noble y muy poética interrogante. Es de esperar que tampoco haya imaginado la respuesta ofrecida un siglo después en la voz del más poético de todos los filósofos de la corriente existencialista: Martin Heidegger.
Lo que no debe extrañar es que un exist se plantee este tipo de cuestiones, pues finalmente, desde el mote con el cual se hacen llamar, estos sujetos asumen la postura de ser los expulsados del paraíso. Así, teniendo esto en cuenta, me interesa retomar la poética que pervive dentro del espíritu europeo (¿o debo decir occidental?) desde finales de siglo XIX hasta ya entrado el siglo XX.
Se vuelve visible en esta etapa la insistencia de una serie de poetas por perseguir un absoluto a través del lenguaje. No importa ya ponerle color a las vocales o descubrir el hemisferio en una cabellera. Mientras exista esa idea de lo inasible, y de cómo el lenguaje mismo, a través de su imprecisión, es quien propicia esa imposibilidad de la redacción, se corre el riesgo de encontrar inútil la práctica de la palabra.
Rilke dice: “Nosotros, los de aquí y de hoy, no estamos satisfechos un instante en el mundo temporal, ni estamos ligados a él; avanzamos constantemente, más y más, hacia los anteriores, hacia nuestro origen...” Detrás de esa idea de que todo tiempo pasado fue mejor se esconde la necesidad del hombre por volver a lo primigenio. En ese sentido, la experiencia poética más parece una religión en su sentido etimológico, en el religar al hombre a su origen, a la unidad que fue en tiempos míticos.
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Nunca me he considerado dentro del tipo de escritores a quienes el lenguaje les parece poca cosa para poder expresar sus sentimientos. La imposibilidad de nombrar las cosas, me parece, en todo caso, es responsabilidad única y exclusiva de cada autor. El conflicto poético no trata entonces de qué tan capaz soy o no para decir lo que quiero. La perenne duda del poeta tiene que ver más bien con saber en dónde se está y si se pertenece o no a esa idea paradisíaca (con toda la carga que conlleva hablar de paraíso) de lo absoluto.
9 de marzo de 2007
Erotismo (Para Sihara)
La vida se construye de sexo, no de besos.
Omar Sánchez
Pienso de nuevo en el asunto de los poetas y su objeto del deseo y caigo en la cuenta que, efectivamente, el mito del eterno retorno sigue vivo en la mente de más de uno. Supongo de inmediato que esta historia aún tiene larga vida por delante, por lo cual, luego de una ardua reflexión, sugiero a todos los escritores que se dediquen a la literatura erótica.
Y es que, si detrás de la idea del eterno retorno se esconde el deseo de regresar a la unidad, ¿qué mejor que la unión de dos cuerpos en uno mismo por el simple placer de la vida? A todas luces me parece más interesante ese religar al hombre con una mujer que con una deidad, pues ésta es la imagen de la vida; el eros en su máxima expresión.
Claro, aquí caben las diferentes expresiones de erotismo. Desde la perspectiva religiosa de los escritores místicos, pasando por el terreno de la transgresión en Kundera y Bataille, hasta llegar a las diversas posibilidades del agua que pueden leerse sobre todo en Cummings. Los matices dependerán, evidentemente, de la calidad del escritor en cuestión y siempre teniendo en cuenta que: “un texto erótico [...] es aquel que cuando lo lees provoca que el camote se te ponga como la macana del sereno, que el aceitito corra y la temperatura ascienda a niveles de fiebre palúdica.”
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¿Por qué la necesidad de volver a ser uno solo con alguien? ¿Por qué hablar de cóncavo y convexo, de alquimia matemática, de uno más uno igual a uno? Es el instinto, señoras y señores. No tratemos de explicar al mundo a través de una deidad; la vida no se da por generación espontánea. Imaginemos mejor un mundo platónico, ideal. Un banquete donde el único religar posible sea el de hombre y mujer unidos por el instinto del eros. Lo demás... Lo demás no va a importar...
20 de marzo de 2007
La nación Energizer
Una de las características que mejor define a las pilas Energizer, amén de ser alcalinas y funcionar con toda clase de aparatos eléctricos, es que siguen y siguen y siguen... México, país que evidentemente no funciona con pilas, sí opera, ideológicamente hablando, bajo los principios del conejito rosado que reparte tamborazos a diestra y siniestra.
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Cuando se produce un texto, entendiendo por texto todo aquello que puede ser leído o decodificado, como una película, una canción, un discurso político o un poema, no sólo se transmiten intenciones estéticas. De la mano de éstas van implícitos proyectos de pensamiento, ideologías que, gracias a la lectura, se establecen en la mente de esos lectores. Algunos textos, sin embargo, son más intencionados que otros.
Tomemos, por ejemplo, la trilogía de Pepe el Toro. Algo en extremo inocente, cuyo único fin es transmitir un poco de sano esparcimiento a las clases populares que en esas cintas se ven reflejadas. ¿Será? ¿Entonces por qué la incesante retransmisión de una estrella más del canal de las estrellas? Porque dicha trilogía, más allá de ser muestra fiel de la clase media baja de las incipientes urbes modernas de los años cuarenta es el proyecto de lo que todo buen mexicano debe ser: machín, jalador, parrandero, que suple sus carencias siendo compañero de una mujer sumisa y medio pendeja, por no dejarla tan mal parada, y padrote a más no poder. Eso sí, su mujer es intocable, pues es ella la que le brinda identidad. México, país de machines definidos por una figura matriarcal. ¿Verdad, mi chorreada?
“¿Y qué puedes esperar de una estrella más del canal de las estrellas?” Las voces de los pseudo intelectuales se exacerban y dicen que esa la función de Televisa. Sólo por molestar, para demostrar que este fenómeno no es exclusivo, decido tomar, de forma algo azarosa, a la novela más representativa de las letras mexicanas, la cual marcó un hito dentro de su generación, rompió fronteras por su innovador manejo de la temporalidad y todas esas monadas que tanto alaban los buenos críticos literarios. Efectivamente, les doy la razón. La mejor novela mexicana, por todo lo que implica, es Pedro Páramo. La figura patriarcal en su máxima expresión. El hombre dueño de tierra, mujeres, favores; el papá de todos los pollitos, parecido a lo que en ese entonces era (¿o sigue siendo?) el gobierno de México.
Si eso sucede con textos enfocados al esparcimiento ¿qué pasará con nuestros textos fundacionales? ¿Qué hay detrás, por ejemplo, del grito de Independencia? Dentro de las diversas versiones que existen de este hecho histórico, la más respetada es la que establece el siguiente llamado: “Mexicanos: ¡Viva México! ¡Mueran los gachupines! ¡Viva Fernando VII!”
Este texto, pequeño en extensión, es grande por todas las incidencias que puede arrojar respecto a un grupo social. En primer lugar se encuentra un llamado (Mexicanos), una delimitación exclusiva a un grupo de personas con algo en común: la idea de la nación. La instancia discursiva arremete privilegiando una situación de vida y muerte, donde la vida representa lo que se desea y la muerte a un enemigo claramente definido como lo opuesto a lo mexicano: los gachupines. Sin embargo, aparece el conflicto. Uno de esos llamados a la vida va dirigido a alguien que no es mexicano: “¡Viva Fernando VII!” Lo que se privilegia en todo caso no es a la persona, sino a lo que representa. Fernando VII aparece como parte de una monarquía elegida por dios, de una élite de poder.
Si estamos ante una frase fundacional para México, podemos asumir que desde su origen el mexicano tiene una idea trunca de lo nacional. Ese nacionalismo trunco esconde manipulación, represión y alienación. Las aparentes contradicciones, nada gratuitas, en realidad no funcionan como tales, pues su función es dejar un sentimiento de inconclusión de lo mexicano donde se privilegia a un individuo, al elegido todopoderoso.
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¿Por qué México es un país que favorece la repetición de sus discursos? ¿Por qué domingo a domingo nos encontramos con la bonachona y pícara figura de Pedro Infante en algún canal de Televisa? ¿Por qué Pedro Páramo, a cincuenta años de su publicación, sigue siendo la novela que leen niños y niñas, chiquillos y chiquillas de muchas secundarias del país? Simplemente porque la repetición de esos discursos favorece la permanencia de un status quo donde poderosos siguen aprovechándose de una mayoría ignorante. Seamos la nación Energizer. Dejemos que el discurso siga y siga y siga...
22 de marzo de 2007
¡Señoras y señores! ¡Con ustedes...! ¡Tomás Varo!
A pesar de mi corta edad, aún recuerdo como si hubiera sido ayer la primera transmisión de El premio mayor, telenovela protagonizada por la Tesorito Laura León y Carlos Benavides en el papel que definiría su carrera: Huicho Domínguez. Dicho bodrio televisivo, producido, but of course, por Televisa, gozó de una popularidad enorme, apoyado entre otras cosas por una canción espantosa desentonada en la igualmente espantosa voz de la dichosa Tesorito y una historia que es el sueño dorado de la mayor parte de los mexicanos: ganarse la lotería.
He de comentar que ésta me parece una ambición bastante pendeja, y si puedo emitir una declaración de tal calibre es por la experiencia que la vida misma otorga, sobre todo teniendo un abuelo que ha gastado religiosamente una parte del salario de su vida para comprar semana a semana el boleto que resolverá sus apuros económicos. A mí me queda la impresión que ha gastado en estos años el equivalente a un premio mayor de los de ahorita...
Y claro, no me burlo de las ilusiones de más de uno, ¿pero acaso alguna vez hemos pensado el por qué de esta clase de fenómenos? Porque eso de que los pronósticos son para la asistencia pública no se los cree ni su abuelita. Curiosamente cuando este tipo de acontecimientos recibe mayor publicidad es cuando una sociedad pasa por prolongados periodos de recesión económica. En pocas palabras, cuando la gente está jodida...
Sinceramente no me extraña que la aparición de El premio mayor se haya dado en 1995, un año después del denominado error de diciembre. De pronto aparece en teve un mexicano pobretón, chaparrito, morenito y barrigón portando su playera de ¡Viva México, cabrones! esposo de una rubia más falsa que un billete de tres nuevos pesos y padre de una tribu de disfuncionales adolescentes, entre ellos la muchachita arrimada, hija de su madre y pariente de ve tú a saber, porque ella es arrimada, con un demonio.
Total, que el gordito le pega al gordo. Se gana la lotería y, en un arranque de nuevo rico, olvida a la perrada, compra una mansión, reparte lana a sus nuevos cuates, se comporta como un Beverly de Peralvillo y hasta la hace de pleiboi. ¡Hazme el favrón cabor! El sueño de todo plebe en tiempos de carestía... Y si usted, mexicano, mexicana, chiquillo, chiquilla, no quiere perderse esta monada, esta joya de la producción más pueril hecha en México, prenda la tele y sintonice la repetición que ya circula por las ondas del cuadrante.
Ahora, que si usted es más modernón y la onda retro no le late tanto. ¡No se preocupe! Televisa lleva hasta la comodidá de su hogar un Huicho reloaded, acorde a los nuevos tiempos donde el mexicano ha olvidado el sabor del maíz y vive contando tortibonos. Porque si usted no tiene varo para las tortillas, la leche ha aumentado de precio y ni siquiera le alcanza para comprarse un méndigo jitomatito pa’ la salsa, sólo es cosa de gastar unos cuantos pesitos, qué tanto es tantito...
Porque no olvide, de poquito en poquito se llena el jarrito, y mientras unos se preocupan por juntar los centavos para comprar el dichoso boletito de la rifa, un grupo de visionarios empresarios, para variar, Televisa y Santiago Creel, utilizan la figura de otro carismático morenito barrigón de nombre Tomás Varo para llamar la atención de un puñado de incautos que aún creen en los milagros. Así, juntan centavos para transformarlos en millones, al tiempo que reparten las sobritas gritando: “¡Premio mayor! ¡Premio Mayor!”