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viernes, 30 de septiembre de 2011

30 de septiembre de 2011
¿Dónde habitan los monstruos?
"Había unos edificios. Eran unos edificios muy altos. Y podían caminar. Luego había unos vampiros. Y uno de los vampiros mordió al edificio más alto y se le quebraron los colmillos. Luego se le cayeron todos los demás dientes. Entonces empezó a llorar. Y entonces los otros vampiros dijeron: ¿Por qué estás llorando? ¿Esos no son tus dientes de leche? Y él dijo: No. Esos son mis dientes de adulto.
Y los vampiros supieron que él no podría seguir siendo un vampiro. Así que lo dejaron...
Fin"

miércoles, 21 de abril de 2010

20 de abril de 2010
De certezas, escombros y otra clase de despojos...
Atrás quedó el tiempo de los despojos, sin que ello me salve de la más terrible ironía: la reconstrucción requiere de los escombros del pasado, materializados por arte de la palabra escrita en el único libro que en verdad me regalaste. (“Destruye, porque toda creación viene de la destrucción. Porque toda construcción está hecha de escombros, y nada es nuevo en este mundo más que las formas” reza Schwob en ese libro que poesía y credo al mismo tiempo).
Leo una vez más La insoportable levedad del ser, recogiendo en el camino los escombros que me son necesarios: unas cuantas frases para apuntalarme y algunas cuantas conclusiones para darme forma. De Teresa el vértigo, la debilidad, los celos y los sueños; de Franz, el deseo de crear un territorio inaccesible de pureza; de Sabina el deseo de abandonar las propias filas; de Tomás, la necesidad de estar ahí...
Me quedo con las charlas... Lecturas de la vida y de los libros. Escribimos para aprender, no para enseñar. Practico la esgrima verbal, ese arte que no sólo exige que sus competidores sepan hablar, sino que además utilicen el vocabulario de manera adecuada, con miras a desarmar al rival. Descubro que el odio hacia el otro se da porque encontramos en él lo que no queremos ver en nosotros mismos. Escribo para explicarme a mí mismo.
***
“Ella se toma los naufragios como remedio, y yo pienso que soy capitán de barco... Hace de las astillas su esperanza, porque se ha vuelto especialista en construir, de los restos de cada hundimiento, un nuevo velero que la lleve a otro naufragio... Piensa que después del naufragio principal cada uno de los siguientes la acerca más a la orilla, y me engaño creyendo que esa orilla soy yo, a pesar de que estoy mar adentro, muy mar adentro, tan mar adentro que se me han acabado las astillas y grito por mi propia salvación...” Veo de nuevo a Sabina, la que está hecha de letras, construyendo barcos atada a un Paracaídas que no abre. Ella piensa que la traición original será compuesta con traiciones posteriores, sin darse cuenta que se aleja cada vez más de dónde quiere estar.
Veo una nueva Sabina, real, de carne y hueso y sin embargo parecida a la mujer de Kundera. Su bombín ha perdido esa negrura para pintarse de colores más amables. Veo una nueva Sabina y le pido que no me traicione; jamás lo ha hecho, pero le pido que no lo haga. Veo a una nueva Sabina y no sólo me engaño: pienso y deseo creyendo que esa orilla soy yo...
***
Atrás quedó el tiempo de las certezas. Los días de mirar a través de la ventana parecen haber terminado sin avisar cómo. El hombre se levanta una mañana de su cama y deja de añorar aquel balcón donde solía ser espectador de un ritmo de vida que le parecía ajeno. Desde las alturas observaba, pues casi parecía impedido a adentrarse en ese flujo que eran las calles a sus pies. Ahora, con un nuevo horizonte, el hombre de la ventana decide correr la persiana antes de salir a la calle y tomar conciencia de sí mismo.
Le queda la resaca. La de anoche fue una noche de cervezas; la última, quizás. El dinero ha sido poco, es cierto, porque el día a día lo ha obligado a buscar en los resquicios del bolsillo esa última moneda que sabe a cebada fermentada, buscando satisfacer las necesidades de lo inmediato y no de lo fundamental. El hombre se levanta, olvida incluso la resaca. Atrás quedó el tiempo de las certezas. El futuro sabe incierto, sí, y sin embargo el hombre lo afronta con su nueva forma, hecha de palabras convertidas en aprendizaje. Ahora sólo busca ser... Feliz... y nada más...

jueves, 30 de noviembre de 2006

18 de noviembre de 2006
La psicología de la rebaja (según San Xoconostle)
¡Nuevamente fui víctima de las ofertas! Es por eso que he decidido compartir con ustedes este fragmento de una novela que me gusta mucho (por eso y porque no se me ocurre nada para escribir).Los dejo, por hoy... By the way… lean el libro.
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La psicología de la rebaja es sencilla. Si te ofrecen un bien, digamos, unos jeans a dos terceras partes de su valor, lo aceptas con gusto. O por lo menos te pones a pensar. A pensar en serio. Te están diciendo que, lo necesites o no, es una oportunidad. Es un bien completo, un bien entero, una unidad. No te están vendiendo pedazos, aunque podrían hacerlo. Te están diciendo que si te ofrecieran un pastel de diez rebanadas (generosas) con un 30% de descuento, podrían dártelo con sólo siete (vaya, ésa es una simple cuestión matemática), pero no, la buena voluntad del judío dueño del establecimiento ha decidido que te dará las diez rebanadas al precio de siete. Ahora bien, ¿necesitas realmente esas putas siete rebanadas? La respuesta obvia es un rotundo no, pero la más justa sería que sólo en tres de cada diez ocasiones, únicamente en un 30% de las veces que vas a un mol y te topas con un producto en descuento lo necesitas. Eso sólo incrementa tu hambre por poseerlo: piensas que estás en la zona del 30%, en una de esas tres de cada diez chances en las que puedes llevarte un producto que te costará sólo el 70% de su valor.
[Tomado de Ruy Xoconostle. Pixie en los suburbios. México, Joaquín Mortiz, 2001. Págs. 25-26.]

viernes, 10 de noviembre de 2006

7 de noviembre de 2006
Canciones (cursis) para los amores (casi) imposibles
“Por un malnacido” (Enrique Búnbury) Lo que tengas que hacer yo te espero, que mi amor hacia ti sigue entero, y cuando quieras aquí seguiré...
“Voces de tango” (Mauricio Aznar) Temo que al oscurecer vuelva a recordar que sin ti esperar es matar el fuego que por ti tengo en mi pecho...
“Agua” (Pau Donés) Cómo quieres ser mi amiga si por ti daría la vida, si confundo tu sonrisa por camelo si me miras...
“Si no te tengo a ti” (David Summers) Yo no tengo a nadie sobre quien escribir, nadie que se enfade y nadie con quien discutir. No tengo a nadie con quien intentar sobrevivir, no tengo con quien bailar descalzos por Madrid...
“Voy a perder la cabeza por tu amor” (Manuel Alejandro) Y te quiero y quiero de esta forma loca que te estoy queriendo; yo no soy la roca que golpea las olas soy de carne y hueso...
“Crimen” (Gustavo Cerati) La espera me agotó, no sé nada de vos, dejaste tanto en mí...
“Stand by my woman” (Lenny Kravitz) I’m gonna stand by my woman now. ‘Cause I can’t live my live alone, without a hope…
“Regrésame a Júpiter” (Paco Huidobro) Y es que hace tiempo que no tengo a nadie y en este pueblo se me acaba el aire, mezclando químicos espero que aparezcas tú...
“Responde” (José Fors) Cuando acabado estoy a ella siempre voy y responde...
“A ti” (Joe Dassin/ Delanoe/ Baudlot) Tu y yo que somos dos y somos un millón, somos reproches, somos el perdón, somos la guerra, somos paz, por ti, por mí por los demás...
“Porque yo te amo” (Sandro/ O. Anderle) En ti ha de concluir el drama singular que existe entre los dos tratando simular tan sólo una amistad, mientras en realidad se agita la pasión que envuelve al corazón y que lo obliga a callar. Yo te amo...
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Vaya, que podría seguir así toda la noche, tía, pero venga, que se hace tarde y es mejor descansar un poco ¿Vale?

sábado, 16 de septiembre de 2006

29 de agosto de 2006
Pretensiones estilísticas
“Hay tres temas; el amor, la muerte y las moscas.” Augusto Monterroso. Movimiento perpetuo.
“Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie, ni el prudente deje de alabarla.” Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de La Mancha.
“Aquello está sobre las brasas de la tierra, en la mera boca del Infierno”. Juan Rulfo. Pedro Páramo.
“La repugnancia que inspiro a mis amantes se troca en atracción, e incluso en delirio, una vez que -con ayuda del alcohol o la droga casi siempre- vencen la prevención inicial y aceptan trenzarse conmigo sobre una cama.” Mario Vargas Llosa. Elogio de la madrastra.
“Me cuidaré de la virtud, porque ahora sé que sólo puede conducir al desastre; en cambio seguiré el camino del vicio, porque éste siempre triunfa.” El Marqués de Sade. Julieta, o el vicio ampliamente recompensado.
“Ni hablar, mujer. Traes puñal” Pedro Infante en Ustedes los ricos de Ismael Rodríguez.
“Imaginen mi sorpresa, mi consternación, cuando sin moverse de su ángulo, Bartleby, con una voz singularmente suave y firme, replicó: Preferiría no hacerlo.” Herman Melville. “Bartleby el escribiente.”
“No vi esos males con mis ojos; pero siento su parentesco con los que experimenté personalmente, y no vacilo en reconocer a un mal como mal.” Tzvetan Todorov. Nosotros y los otros.
“Es claro que en este planeta de diversidad infinita existe gente muy bruta y otros que son pura lumbrera.” Fedro Carlos Guillén. Crónica alfabética del nuevo milenio.
“Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro.” Jorge Luis Borges. “Borges y yo.”
“Ya no llegó a ver, colocado en el suelo, el cuenco negro sobre el que su sangre goteaba.” José Saramago. El evangelio según Jesucristo.