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domingo, 28 de junio de 2015

Un universo cerrado

28 de noviembre de 2014
Un universo cerrado
  • Toda obra está supeditada a La Obra. Así, cada obra anticipa o anuncia lo que vendrá.
  • Proyecto ambicioso si se delínea afortunadamente. Es una forma de atar todas las inquietudes a un solo tema. Ambición quijotesca.
  • Descartar una ambición "a lo Balzac." No se trata de escribir la gran novela humana, sino de crear un universo amplio en personajes, pero cerrado y constreñido en su propio eje.
  • La escritura es el pretexto sin que el medio importe: cómic, novela, cuento, guión.
  • Crear retos personales. Escribe una historia atado al rigor de cierto formato.
  • El formato es una inspiración. Esta idea surge de otros formatos: Will Eisner y su Contrato con Dios, Quentin Tarantino y su universo, George Lucas y su aparente desorden narrativo en Star Wars, o el universo cinematográfico de Marvel Cómics.
  • La afortunada coincidencia: los ejemplos de esta idea vienen del guión. El cómic, el teatro, el cine y la tv son formatos en apariencia rígidos que juegan con este concepto.
(Notas extraídas de mi libreta de proyectos personales)

domingo, 18 de marzo de 2007

25 de febrero de 2007
Yo
Y es entonces cuando, después de toda una larga perorata que ha insistido en ciertos puntos del mundo de hoy, llega el preciso momento de hablar sobre mí. ¿Y por qué esperar hasta las postrimerías de este experimento alfabético para dedicarme unas cuantas líneas? La verdad es que, gracias a la literatura, entendiéndola en el sentido etimológico de letras, uno adquiere esa extraña capacidad de atisbar ciertos indicios acerca de la propia personalidad.
Pienso entonces ¿qué otra cosa es la escritura mas que la continua redacción del yo? Mis constantes devaneos a lo largo de diferentes escritos me han demostrado ciertas inclinaciones hacia algunos tópicos que me parecen por demás fascinantes. El primero, el que parece el más obvio de todos, es el de la sociedad.
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Algo está terriblemente mal en este mundo. Los signos son evidentes y están ahí para corroborarse en las lecturas. Sin embargo, ése es uno de los principales problemas de la sociedad. Somos incapaces de decodificar adecuadamente un sistema que, pese a todo (y so riesgo de sonar a panfleto de izquierda o derecha), refleja injusticia, desigualdad y privilegios para unos cuantos.
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Un segundo tema que prevalece en mí es el del amor. Respecto a éste, he de aclarar que lo veo desde las perspectivas occidentales y orientales. La primera, valga la obviedad, se debe al medio en el cual vivo, el mundo de occidente, el mundo del “primero para mí.” Sin embargo, diversos encuentros con personas de ideas afines me muestran la inquietud por hablar del amor que se irradia, aquel que se brinda no para obtener algún beneficio del otro, sino sólo por el puro placer de brindar lo que uno tiene. Y es que, siendo sinceros, uno no puede buscar lo que no tiene en otra persona. ¿O cómo demonios exigirle al ser amado la paz que nosotros mismos no podemos encontrar?
Caigo entonces en la cuenta de lo egocéntrica que resulta la visión del mundo occidental, pensada más en los beneficios y ganancias a obtener en cualesquier ámbito se esté. Por esto se vuelve menester cambiar el gandalla principio de la satisfacción del yo por encima del beneficio colectivo. Así, y sólo así, podremos observar una cambio en nuestra sociedad.
1 de marzo de 2007
Zarandajas
Zigzagueando entre conceptos e ideas diversas llegué a la conclusión de cómo poner el punto final a esta serie de extrañas reflexiones alfabéticas. Así, la amplia gama de posibilidades que se me ofrecía arrojaba desde un zambombazo versallesco, juegos de palabras relacionados al heroico pueblo de Zacatelpo en diminutivo, hasta llegar a las sabias palabras del amigo Zizek. Ante ese mosaico, y después de elucubrarlo largo tiempo, decidí que sería mejor escribir sin decir algo en especial.
¿Y qué sarta de zarandajas planea decir este idiota? Se preguntará lleno de estupor el lector acostumbrado a leer, desde un inicio, la tesis que se tratará en el cuerpo del texto. Y aunque usted no lo crea, la misma ya ha sido planteada. Éste será un recuento de todo lo aprehendido en la duración de este singular trabajo.
Ante todo comenzaré clamando por la compasión del lector que durante 27 diferentes textos tuvo que enfrentarse a variopintos recursos empleados por este escribidor para iniciar sus devaneos con la letra en cuestión. Muchas veces cedí al impulso de refugiarme en la facilidad que ofrecen las formas adverbiales terminadas en –mente. Otras más, ante la falta de ideas propositivas, fue una simple palabra seguida de punto la que daba pie a la necesaria perorata nuestra de cada día.
Lo interesante de todo esto es que no me arrepiento de lo que hice. Asumí, desde esta discreta posición, la obligación que todo intelectual en vías de desarrollo necesita: comprometerse con el constante crecimiento de su estilo, pues sólo así será capaz de reflejar la condición humana de sus tiempos.
Ahora, es de capital importancia reconocer que el progreso alcanzado no se debe solamente a sentarme frente a un monitor y redactar como enajenado las 24 horas del día. Agradezco a cada una de las personas que han aportado algo de sí para mi formación como individuo.
A Eduardo Ortiz Arámbula y Mauricio Díaz Calderón por ser la guía académica e insistir en la diaria redacción del yo. A Manuel Romero Gómez y Omar Sánchez Villegas por las incontables horas de jugar al intelectual en potencia (sin contar la evidente amistad que nos hermana). A mis amigas por su constancia (ustedes saben quienes son; parecería necio que se los recordara). A Perla y Saray por la experiencia de vida compartida (de lejos o de cerca, que da igual). A César y Martín por guiar mis perspectivas durante seis años. A quienes han dado comentarios y opiniones, a los que llegan, a los que se van...
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No me considero perfecto y, sin embargo, creo que dentro de mis virtudes existe el equilibrio entre decir y hacer. No se trata de una zarandaja más. El ser humano debería notar en dicha frase la quinta esencia de todo pensamiento y asumirla como una perspectiva, no como una obligación...

lunes, 26 de febrero de 2007

19 de febrero de 2006
Ubersexual, o de cómo Vanidades mató al metrosexual
Uno nunca dejará de pensar cómo sería el mundo si no existieran publicaciones como Vanidades, Cosmopólitan o Muy interesante. He de admitir que gran parte de mi formación extracurricular se la debo a estas revistas y a sus muy gustadas secciones: realeza europea y novelas de Corín Tellado en la primera, atrevidos consejos sexuales de la segunda, y chismes del mundo científico de la tercera. Mis perspectivas se ampliaron el día que vi a Ludwika Paleta en H para hombres. Al fin tuve, en un mismo ejemplar, lindas mujeres desnudas, deportes, autos, tecnología, moda para hombres... ¡ah! Y algo de cultura general.
Lo que sí me sorprendió fue descubrir que una de las creaciones de este tipo de publicaciones ya había muerto. El metrosexual debía ceder su trono ante el arrollador paso del nuevo espécimen del mundo de la moda y la publicidad, pues es menester recordar que el sexual de a metro fue creado por un publicista redactor inglés...
Así, el ubersexual (de acuerdo a la explicación etimológica brindada por las insignes redactoras de Vanidades, uber viene del alemán que significa “más allá de...”) desplaza al ciertamente amariconado metrosexual, más preocupado por las virtudes de la crema S de Ponds que por su mujer. Sin embargo, la única diferencia entre ubers y metros es que el primero gasta dinero en cremas y lociones para parecer... hombre, mientras el segundo hace lo mismo para semejar a un homosexual.
Aclaro. No es que le tenga tirria a estos tres grupos. De hecho, respeto sobremanera a todo aquel que se asume homosexual sin pensar en el qué dirán. Lo que no me parece es la actitud de algunos salidos del closet que decidieron volver a él, refugiándose en argumentos tan baratos como: “ya descubrí, no era gay, era metrosexual.” Pero, por supuesto, las palmas que se lleva aquel que declara “no se dice secreto en la montaña, se dice ubersexual.” Falta de seriedad, pues...
20 de febrero de 2007
V for vendetta
Las más nobles palabras, como libertad, igualdad o justicia, servían para encubrir la represión, el favoritismo, las formas escandalosamente desiguales de tratar a los individuos...
Nosotros y los otros. Tzvetan Todorov
Varias de las que últimamente se han vuelto mis preocupaciones se ven cristalizadas en una de las cintas más asombrosas que he observado en mucho tiempo. Si Matrix (la primera) significó una auténtica reflexión acerca de lo que pasaría al confiar en los sistemas computacionales, con V for vendetta los hermanos Wachowski ponen de manifiesto un sistema autoritario sustentado en los falsos discursos.
No son los únicos que lo han hecho. Entre otras cosas, en estos días ha vuelto a mí la necesidad de retomar el prefacio del libro Nosotros y los otros, del búlgaro Tzvetan Todorov. Él también insiste en que muchas veces los discursos tienen como fin la validación de los actos.
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El mundo actual apesta a miedo. La nuestra es la educación del terror. Y es que constantemente se nos advierte sobre los peligros a los cuales debemos enfrentarnos al tomar una decisión. Mejor aún. Se nos insinúa que es preferible dejar la toma de decisiones en las manos de otro, de cederle nuestras perspectivas y opciones sin oponer resistencia, pues lo que dichas personas buscan es nuestro bienestar. “No te arriesgues, te va a ir mal...” Es triste descubrir que detrás de este tipo de frases se busque la completa alienación...
Y cuando alguien se encarga de hacer notar los desperfectos del sistema, inmediatamente éste lo condena y lo tilda de terrorista, utilizando, para lograr este fin, los preceptos de un patriotismo chafa que hiede a panfleto. V for vendetta lo plantea del siguiente modo: un nacionalismo a ultranza se sustenta en el miedo a lo otro, a lo diferente, pues se basa en la premisa de que lo diferente es peligroso.
Así, la educación del miedo viene directamente desde los aparatos ideológicos de estado. Las instituciones en más de una ocasión se apoyan para crear terror en la gente, que sigue sin comprender que el pueblo no debe temerle a su gobierno y que es el gobierno quien debe temerle a su pueblo.
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Se trata entonces de reforzar la imagen de lo diferente como algo terrorífico. El que atenta contra lo establecido, aquel que piensa en la posibilidad de un cambio para mejorar, se transforma en terrorista y no es visto como humano. Esta imagen es reforzada por los medios para aumentar el pánico. Y la única manera de evitar el caos es buscar la protección de un sistema paternalista que, para protegernos de todo mal, decide alejarnos de toda forma de pensamiento analítico.
Es en este sistema paternalista donde la seguridad de la información se vuelve lo más importante. Sólo los elegidos son capaces de acceder al conocimiento y, en consecuencia, al poder. La miseria se sustenta entonces con la pobreza mental, con la implantación de burdas formas de entretenimiento que tienen como único fin un difícil acceso al conocimiento para preservar el sistema...
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“... Audacia, justicia y libertad son más que simples palabras. Son perspectivas.” Dice el héroe de la cinta. Audacia, justicia y libertad son más que simples palabras utilizadas para engalanar los discursos de los políticos que buscan la aprobación de sus gobernados. Son ideales que deben defenderse más allá de las prácticas de miedo que se esconden detrás de campañas como “Tienes el valor o te vale”. Son ideales que deben prevalecer a signos tan siniestros como las chivas posando junto al ejercito. Más importante. Son la única verdad a la que podemos aspirar. Y ésta sólo se obtiene a través del conocimiento...
21 de febrero de 2007
White Stripes
White blood cells fue, para muchos, una de las producciones discográficas más importantes del 2002 en cuanto al rock se refiere. Yo no lo sé de cierto, pero el caso es que una vez que tuve acceso total al disco, fui atrapado por los sucios acordes de la guitarra de Jack y las sencillas pero efectivas percusiones de Meg, ambos de apellido White...
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He de agregar que ésta no fue la primera grabación que tuve de dicho dueto, aunque sí contenía el tema con el cual los había conocido. Para más referencias, “Fell in love with a girl”, con sus guitarras de corte punk, la brevedad de una canción rock, y la actitud ruidosa que necesariamente llama la atención de más de uno.
Una vez consolidado el proyecto, los hermanos White trabajaron en su siguiente opus, el cual llevaría por título Elephant. Material de grandes ambiciones, este disco nunca disimula la influencia que Led Zeppelin ejerció en Jack White. Las chillonas voces remiten a Roberto Planta (Robert Plant), así como las guitarras nunca dejan de recordarnos a Jaime Página (Jimmy Page). Ninguna canción deja mal parada a otra; se trata de un disco uniforme en cuanto a calidad, que no a los ritmos. Desde mi muy particular gusto, las mejores son ese blues de ocho minutos que es “Ball and biscuit” y el sobresaliente tema de rock pesado de “Girl, you have no faith in medicine.”
No fue mucho el tiempo que pasó para que la dupla White pisara suelo mexicano. La buena nueva no paró ahí. Venían a presentar Get Behind me satan, disco que, tristemente, pudo conseguirse mucho tiempo después de la presentación.
Nuevamente, el material no decepcionó. Si la presentación fue genial (guitarra: 200 dólares; batería: 500 dólares; que un dueto musical suene como una banda de guerra, y de las buenas, no tiene precio), el disco fue magnífico. En apariencia se trata del trabajo más oscuro del dúo dinámico, pero una vez que se ha escuchado con atención uno presume que lo verdaderamente negro es la ausencia de un nuevo lanzamiento discográfico...
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¿Cómo sería un Greatest hits de los White Stripes de acuerdo a éste, su humilde servidor? Pues de entrada, me parece que deberían estar: “Let’s shake hands”, “Hotel Yorba”, “Fell in love with a girl”, “We’re going to be friends”, “Seven nation army”, “I just don’t know what to do with myself”, “Ball and biscuit”, “The hardest button to button”, “Hypnotize”, “Girl, you have no faith in medicine”, “Blue orchid”, “Take, take, take”, “Little ghost”, “White moon”, “Instinct blues” y “I’m lonely (but ain't that lonely yet).” Hágala, quémela o consígala. Atte. S. s. s.
22 de febrero de 2007
X-men
Xenofobia. Ante todo es una de esas absurdas manifestaciones de miedo a lo otro. Y al respecto, los que se pintan solos son los discípulos del profesor Charles Xavier, los hombres X. Una de las tantas creaciones sesenteras del buen Stan Lee es este grupo de jóvenes mutantes, quienes luchan para tratar que humanos y mutantes puedan convivir en armonía.
Por supuesto, el asunto en cuestión no es nada fácil. Los humanos normales (habría que preguntarse, en todo caso, en qué consiste la normalidad), aquellos que carecen de habilidades especiales, de mutaciones, perciben a los otros como un atentado contra lo establecido. Debe suponerse que esta percepción nada tiene de inocente: una mutación, de entrada, implica un cambio profundo...
La cosa se complica aún más al descubrir que “los otros”, los mutantes, abrazan ideas diferentes que terminarán por enfrentarlos. Así, dentro del bando de los rudos, los rudos, los rudos, están aquellos que piensan en un mundo regido por la supremacía mutante, algo así como los ideales nazis de la supremacía aria. Del lado de los técnicos están los (contemplados desde una visión bastante maniquea) buenos de la historia, representados por el profesor X y sus discípulos.
Ojo. El empleo de la palabra discípulos no es gratuito. A pesar de lo noble que puedan resultar las intenciones de los fulanos éstos (predicar el evangelio de la unión entre razas, de una asimilación completa donde el uno no tenga que imponerse al otro, en cualquiera de los dos sentidos) existe la imagen que se tiene de uno mismo como elegido para realizar una utopía.
Y es ahora cuando la noción del predicador se liga a la del héroe. Las prédicas tienen la intención de derrocar un sistema y de establecer otro. Sin hacer extrapolación alguna, se trata de tumbar al padre. “Un héroe es quien valerosamente se alza contra su padre y le vence al fin” según San Freud (Sigmund Freud. Moisés y la religión monoteísta. Trad. Felipe Jiménez de Asúa. Argentina, Losada, 2004. Pág. 16).
Otro ejemplo que puede apoyar este planteamiento es el de la novela El evangelio de Lucas Gavilán de Vicente Leñero, quien da toda una programática textual a través de la siguiente descripción: “-Jesucristo vino a defender a los pobres y a luchar contra las injusticias. Maldijo a los ricos. Combatió a los explotadores. Dio su vida para cambiar este mundo... Por eso quiero que mi hijo se llame Jesucristo - terminó María David.” Se tiene nuevamente una figura predicadora, la cual es descrita con los rasgos fieles del héroe.
¿Cuál es el problema de los hombres X? No es, ciertamente, su carencia de un rasgo que los identifique como personas especiales, ya que la x pasa a representar una incógnita, una variable, algo que puede ser sustituido con tal de mantener el ideal. Y he ahí que damos con el punto medular de todo. La idea. Porque si una idea es lo suficientemente fuerte como para sobrevivir a costa de todos sus enemigos, bien vale la pena vivir para verla hecha realidad.

lunes, 5 de febrero de 2007

26 de enero de 2007
Rock

I said: I know. It’s only rock and roll, but I like it...!
“It’s only rock ‘n’ roll.” Jagger & Richards
¿Relacionar el rock’n roll con el sexo? ¿En qué se parece hacer el amor al rock? Es posible que a más de uno le parezca extraño el símil, y, sin embargo, no hay nada más lejos de la verdad. Y es que el rock and roll fue, en un principio, un eufemismo tomado del argot de los negros para referirse al “intercambio sexual.”
En honor a la verdad, la mayoría de los adictos al género musical por excelencia de la segunda mitad del siglo XX desconocen que una original mezcla de blues, rhythm and blues, country, gospel y jazz, adicionado con una pizca de sal, derivó en lo que hoy se denomina rock & roll. Asimismo ignoran cómo fue que, poco tiempo después, al adoptar elementos de la música de protesta, éste se transformó en el archi requete recontra conocido rock.
El blues fue, sin duda, la principal influencia. Se adoptó, por principio de cuentas, a la guitarra y su forma de responder los versos entonados por el cantante. Y cuando el blues incluyó el ritmo, aquello derivó, según José Agustín, en rock’n roll. El country también ayudó con el ritmo de sus guitarras, mientras que, gracias al gospel, música religiosa de los negros, todo adquirió un cariz profundo. La libertad que destila el rock, por cierto, proviene del jazz y la música de protesta. Del primero se toma la capacidad de improvisar que lleva a sorprendentes solos o ejecuciones instrumentales que se sirven del acompañamiento rítmico, mientras gracias a la segunda, el rock se insufla de aires contraculturales...
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Creo que el mejor rock es aquel impregnado de guitarras, sean éstas acústicas o eléctricas. Aquel en donde los requintos te dejan una extraña sensación que recorre los nervios. Aquel que, sin imaginarlo, te lleva a simular tocar una guitarra invisible... Para tristeza de algunos aferrados, ese tipo de música murió en los setentas. Soy de la opinión que después de Led Cepillín el rock se estancó. Algunos podrán objetar y abogar por Pixies, Radiohead y White Stripes. Y con la honrosa excepción de los radiocabeza, los otros sólo se dedicaron a repetir los antiguos esquemas, principalmente los rayas blancas (y no de cocaína, sino las de los dulces de canela y menta), quienes dentro de su estruendoso estilo minimalista se fusilan (Jack White se fusila) a Jimmy Page y Robert Plant de... Led Zeppelin.
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¿En qué se parece el rock al sexo? La guitarra, instrumento quinta esencial del rock, es, todos lo sabemos, similar al cuerpo de la mujer. No sólo eso. Es “la” guitarra. Sea ésta eléctrica, acústica y, por qué no, electroacústica (porque las mujeres pueden clasificarse, igualmente, en estas tres ramas).
Las raíces del rock tienen también su influencia en el acto sexual. En el blues, la guitarra responde al cantante, así como hombre y mujer intercambian, entre cada acometida, jadeos de placer y satisfacción. Del rhythm y el country se obtiene el ritmo necesario que puede variar de rápido a lento y viceversa. El gospel, por otro lado, brinda la religiosidad y profundidad (literal y metafóricamente hablando) que el asunto sexual requiere, porque, señoras y señores, hacer el amor, como dirían los clásicos, o coger, para los menos doctos, no es una trivialidad más de este mundo sin sentido.
Para este humilde servidor, el mejor lugar para una transgresión es la cama... o el tan gastado asiento trasero, la cochera, un baño, la casa de los padres, una plaza pública, el salón de clases, una mesa de billar... Copular y cantar una canción de protesta sólo indican la búsqueda del hombre por la libertad.
El jazz es, por otro lado, libertad. Improvisación en su sentido más elevado. Besos, caricias y posiciones pasan a ser notas musicales que uno tiene que aprender a utilizar en el momento exacto. Hacer el amor es, por consiguiente, ejecutar la mejor pieza de rock. Después de esto, no hay música más hermosa que los orgásmicos acordes del cuerpo femenino.
27 de enero de 2007
Sexo

Sobre el sexo se pueden decir, al igual que sobre cualquier tema, infinidad de palabras. Ríos de tinta han manado de diferentes plumas (o impresoras) con tal de expresar personalísimas opiniones acerca de esta condición de los seres vivos. Y el problema no es hablar sobre el sexo, sino el de tomar las palabras en su acepción más literal, pecados de lo políticamente correcto...
Y es que sexo es un vocablo que implica demasiadas cosas. Qué decir de frases que lo incluyen, con todo y sus derivados. Si, por ejemplo, alguien me comentara: “Anoche tuve sexo”, yo podría pensar que esa persona ha sido asexuada toda su vida y que, hasta la noche referida, carecía de genitales masculinos o femeninos. Claro, en la vida real esto no ocurre, pues damos ciertas cosas por sentado, y, para retomar mi parábola, yo debo entender que dicha persona practicó el viejo mete saca.
Sin embargo, algo que me friquea (del gringuismo freak) es que la gente hable abiertamente de las relaciones sexuales. Y que no se me malinterprete. Con esto no declaro mi afiliación a las fuerzas armadas de Pro-Vida ni a la todopoderosa Acción Católica. Más bien me llena de estupor el malentendido acerca de dicha nominación. Exijo, desde tan alta tribuna, se aclare lo que es una relación sexual para dejar de ser considerado un depravado...
Porque, siendo francos, las relaciones sexuales las tenemos todos días. Uno no se quita el sexo como si fuera un accesorio prescindible, parecido en este sentido a unos aretes o una corbata. Un niño tiene relaciones sexuales con su madre por el simple hecho de que ambos son seres sexuados, y no por eso la progenitora pasa a ser la bacinica de los complejos edípicos del crío. Yo, por cierto, tengo relaciones sexuales con mis amigos hombres, y no por ello he fornicado con ellos.
La cuestión a tratar es simple. ¿Cómo nominar, entonces, a la cópula, sin sonar a Discovery Channel y sin implicar las emociones inherentes del “hacer el amor”? Porque, en realidad, la frase “intercambio sexual” me parece tan excitante como una patada en los huevos, sin incluir en esta ocasión a mis amigos masoquistas, quienes tendrían una opinión distinta al respecto.
Pienso, para ser sincero, que uno de los más grandes obstáculos respecto al sexo es la cantidad de tabúes que giran a su alrededor. Otro misterio sin resolver es, por ejemplo, el de la distinción entre lo erótico y lo pornográfico. Triste resulta que, mientras la sociedad no se decida a abandonar ciertos patrones de pensamiento, seguiremos atados a los mismos complejos de siempre. Lo malo es que, mientras no se aclare el tema de las relaciones sexuales, yo seguiré sintiéndome culpable por fornicar, de acuerdo al políticamente correcto (y estrecho) concepto, con cuanta persona tengo tratos...
28 de enero de 2007
Tecnología

Tratar de explicar al Hombre de hoy es difícil. Más fácil es, sin embargo, tratar de hablar del hombre, espécimen que ha sobrevivido a pesar de los tiempos modernos. La curiosa distinción, he de admitirlo, no es original de este escribidor. Y para dejar claro que mi intención no es robar los créditos de nadie, todo aquel interesado puede revisar la referencia auténtica en el prólogo de la novela Ronda naval bajo la niebla de Pere Calders. Resumiendo las palabras del citado catalán, la trascendencia es un concepto que ambos entienden de manera diferente. Mientras el Hombre se refugia en sus inventos y adelantos científicos, el hombre lo hace en la importancia de los gestos, las sonrisas y la auténtica comunicación.
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El mundo de hoy resulta sobremanera paradójico. El avance tecnológico nos vuelve fríos y calculadores. Una muestra la podemos encontrar en los miles de sitios chat que existen en internet, donde un joven se refugia en el anonimato que brinda la pantalla para fingirse una ardorosa doncella que solicita, desesperada, al galán que la desvirgue. Es obvio que lo menos preocupante del asunto es el engaño, pues se debe considerar que nunca faltará el incauto que cae víctima de los juegos tecnológicos.
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Uno de los temas recurrentes al hablar de internet, es el de las amplias posibilidades que ofrece la web. Así, mientras se mencionan beneficios, fuentes de ingresos, bolsa de valores en línea, la transacción del sitio del momento, o el porcentaje de visitantes por minuto, se deja de lado, por obvias razones, el apremiante análisis acerca de la alienación on-line.
La alienación, para todos aquellos a quienes el concepto no les sea familiar, es, según el docto Larousse, la creación de obligaciones o privación de la libertad. La pregunta es ¿cómo una computadora es capaz de alienar a los pueblos? Esta cuestión puede ser respondida con un buen ejemplo.
Más de uno recordará, aún con cierta gracia, el singular fenómeno mediático que provocó, desde internet, el video de la caída de Edgar. Yo, poco instruido en el mundo de la web, mostraba mi completa ignorancia respecto a dicha grabación cada vez que ésta era referida entre mi círculo de amigos. Se me impuso entonces la obligación de videar (viddy well, little brother) a Edgar con la siguiente frase: “tienes que verlo.” Así, uno cae en la cuenta de que los temas de conversación son los acontecimientos de internet y no los de la vida real.
Y lo peor de todo es que ahora aparece un portal llamado Second life que, entre otras cosas, ofrece, desde la obviedad de su título, vivir una segunda vida en el mundo de la web. Cualquier usuario con acceso a internet, conocimientos de inglés y una tarjeta de crédito capaz de pagar la bicoca de diez dólares por concepto de inscripción, puede acceder a esta página y crearse un alter ego capaz de comer, cagar y coger. La ganga incluye una extensión de tierra y un cambio de ropa, pues sería inconcebible aparecer desnudo en este nuevo mundo.
Ahora, si usted quiere comer, se verá en la necesidad de buscar un trabajo ad hoc a sus capacidades o fantasías. Porque la oferta de Second life es esa. Realizar sus fantasías. Si usted, macho profundo, se preguntaba qué se sentiría ser mujer, puede saciar su curiosidad en este mundo virtual. Las posibilidades, efectivamente, son infinitas; usted puede interactuar con otros usuarios o ingresar a la nómina de empresas como Gucci o New York Times y recibir un salario que podrá utilizar en ambos mundos, el real y el virtual.
Se sabe de personas que ya laboran sus respectivas ocho horas diarias, pues el tiempo corre igual en ambas partes. Incluso la extensión del planeta es la misma. Por el momento, el único imposible es compartir las emociones y los sentimientos de su personaje, lo cual, visto con ojo crítico, se agradece. El riesgo de este portal es, hay que decirlo, la alienación perfecta. Uno se acerca de manera voluntaria y termina tan compenetrado en una nueva realidad, que termina pidiendo más y olvidándose del mundo en el que habita.
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Retomando la comparación entre el Hombre y el hombre es menester decir que mientras el primero, esclavo del mundo de las pantallas, busca una manera de conectarse definitivamente a la red, el segundo aún es capaz de observar por encima del monitor para descubrir, no un mundo virtual, sino la mirada de otro igual...