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domingo, 28 de junio de 2015

Un universo cerrado

28 de noviembre de 2014
Un universo cerrado
  • Toda obra está supeditada a La Obra. Así, cada obra anticipa o anuncia lo que vendrá.
  • Proyecto ambicioso si se delínea afortunadamente. Es una forma de atar todas las inquietudes a un solo tema. Ambición quijotesca.
  • Descartar una ambición "a lo Balzac." No se trata de escribir la gran novela humana, sino de crear un universo amplio en personajes, pero cerrado y constreñido en su propio eje.
  • La escritura es el pretexto sin que el medio importe: cómic, novela, cuento, guión.
  • Crear retos personales. Escribe una historia atado al rigor de cierto formato.
  • El formato es una inspiración. Esta idea surge de otros formatos: Will Eisner y su Contrato con Dios, Quentin Tarantino y su universo, George Lucas y su aparente desorden narrativo en Star Wars, o el universo cinematográfico de Marvel Cómics.
  • La afortunada coincidencia: los ejemplos de esta idea vienen del guión. El cómic, el teatro, el cine y la tv son formatos en apariencia rígidos que juegan con este concepto.
(Notas extraídas de mi libreta de proyectos personales)

sábado, 2 de noviembre de 2013

Cartas a un desnudo poeta

02 de noviembre de 2013
Cartas a un desnudo poeta
Querido poeta:
Alguna vez tú y yo fuimos casi amigos. Sin que me desagradara tu persona, me parecías demasiado estridente para considerarte en mi círculo de íntimos, por el simple hecho de mantener yo un registro dos rayitas más abajo del tuyo. Simplemente no acepto la competencia. Y ojo, aquí hablo sólo de la personalidad.
Cuando te consideraba cercano, no sabía de tus pretensiones de poeta, porque ni siquiera las alardeabas. Lo tuyo era una especie de gusto por el performance espontáneo, ese que desde toda la vida ha ido en contra de mis principios. Lo he dicho y lo repito. Prefiero el grito articulado que el grito que sólo busca llamar la atención y luego no sabe cómo conservarla, porque este segundo grito tiende a ser repetitivo. Así, lo tuyo era una rutina de paseos en bici, desnudos (tuyos o de otras personas) en la calle o en fotos, defraudar a los amigos cancelando proyectos confirmados, que poco a poco te acercó a ese último viaje: Por favor, lea mi fotocopia.
A estas alturas yo estaba en un punto donde con los tal vez pocos argumentos críticos que cuento mencionaba que la fórmula de fotografía, desnudos, poesía y letras bonitas me parecía poco artística y tendía más a llamar la atención. Era una crítica con nombre, pero no con apellidos, la que decidiste desde tu trinchera y en forma unilateral que era sólo para ti, y que además era una afrenta personal de mi parte hacia tu persona y tu hacer.
Este malentendido originado por ti, nos llevó a un punto de no retorno, primero con una relación más ríspida y luego hasta los golpes el día que visitaste mi casa, en mi fiesta de despedida y violaste la privacidad de mi habitación sólo por hacerte el sociable, como si por tu sola presencia debiera rendirte pleitesía y admiración.
Pero no.
Querido poeta. La crítica no es contra tu persona. La crítica no es contra tu hacer. La crítica es hacia una fórmula que me parece gastada y que poco aporta. Que la vendas y que te la compren es cuestión de otro debate, así como la construcción del personaje que de ti estás haciendo. Querido poeta: el día que dejes de ver en las críticas ataques, serás un artista.

martes, 10 de septiembre de 2013

El artista y el iluminado. Una reflexión

30 de agosto
El artista y el iluminado. Una reflexión
Una de las polémicas recurrentes entre los estudiantes de la Licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara tiene que ver con la creación literaria. A saber, para muchos la licenciatura debe ser un semillero de poetas y artistas, cuando el perfil del egresado tiene que ver más con actividades como la docencia, la investigación, la crítica literaria y la reflexión. Es obvio que ninguno de estos perfiles es excluyente, y que en un mundo perfecto serían complementarios. Así, el buen poeta tendría un ojo fino para el análisis, pues podría explicarnos una poética, mientras que el analista podría utilizar todos los elementos del método para crear una buena obra literaria. Ahí tenemos a Luis Vicente de Aguinaga y a Gerardo Cham, por poner un ejemplo.
La discusión se agrava cuando los improvisados le apuestan al grito fácil, al performance y a los trazos de una pluma de inspiración arrebatada. Además, la presencia de foros de lectura, semanas culturales, y espacios con micrófono abierto permiten que cualquier valiente nos ofrezca su "poesía" y que además, los entusiastas del poema o del poeta lo defiendan. Que no se me tome por dictador. Cualquiera puede escribir, y cualquiera puede leer en voz alta su obra, pero no cualquiera puede ser considerado escritor o artista. Ese es el punto del debate.
Mi argumento es que el escritor primero debe escribir, axioma tan básico que siempre olvidamos, para así poder hacer cuanta cosa se le ocurra con su obra. Cuando hablamos de la escritura como oficio no nos referimos al acto de poner una letra tras otra para ver qué sale. Escribir es valerse de artimañas, del oficio, de la búsqueda, y ésta se da en lo privado, no en Chapu, no dando gritos en las calles o pasillos, no pensando en cuantas fotocopias le voy a sacar a mi poema, no en el Malasangre, y no pensando en el próximo coctel. Aquí hablamos de hacer, y de hacer bien.
No se entienda con esto que satanizo el performance o la improvisación y que pondero la teoría por sobre todas las cosas. Aquí no hay prejuicio ni nada parecido. El performance pensado, el grito articulado primero en la mente y no en la garganta me parecen más valiosos que quien hace las cosas por llamar la atención. Se trata de pensar en la efectividad de los actos comunicativos. Así, pues, te pregunto, artista: ¿Quieres teorizar y decir que todos son pendejos porque no entendieron tu arte? Vuélvete esteta y refúgiate en el símbolo. ¿Quieres llamar la atención? Apláudete como foca, grita, encuérate a la menor provocación para que todos volteen a verte aunque tengas un discurso vacío. ¿Quieres comunicar, y elaborar un producto verdaderamente artístico? Trabaja en tu arte antes de trabajar en cómo recibir los aplausos.
Aquí no se critica al "poema" como acto. Se critica el acto malogrado del performance. Se critica al tipo que se siente artista pero parece padecer el síndrome de Tourette. Antes de dar show, el escritor debe escribir. Así de evidente es el axioma, así de evidente es la proposición. Escribir es construir. ¿Cómo lo sé? Porque escribo, no amontono palabras una sobre otra a ver que sale.

domingo, 10 de marzo de 2013

Notas para un taller de creación literaria (y un mensaje de amor perdido en un arrebato teórico inútil)


10 de marzo de 2013
Notas para un taller de creación literaria (y un mensaje de amor perdido en un arrebato teórico inútil)
Soy de la firme creencia que el impulso creativo no viene de la nada. Para poder llegar a él, es necesario pasar por diversas etapas de observación del entorno y de uno mismo para poder procesar ese mundo que nos rodea y crear algo completamente diferente. Eso que llamamos técnica, también se da en la creación artística en general, y por lo general viene de la observación, el aprendizaje y la apropiación de diversos métodos aprendidos, aplicados y deconstruidos por el creador, quien será capaz en un arrebato de genialidad de llevarlos a niveles completamente superiores. La constancia y el continuo ejercicio de esos métodos son los que llevarán al creador a la categoría de artista.
Sin embargo, en este mundo del do it yourself, la práctica de un método está sobrevalorada. Todos quieren ser el puto Salvador Dalí, pero olvidan que el mismo Dalí, antes de ser el excéntrico bigotón surrealista, realizaba réplicas de los cuadros de otros artistas de diversas épocas. Es peor enterarse que los artistas son poco capaces de expresar lo que ellos mismos saben de su arte, o caen en explicaciones de moda sobre el mismo, o peor aún, afirman haber hecho una mierda que venderá en lugar de una obra que en verdad aporte.
En la literatura, por ejemplo, todo mundo se siente poeta, y pocos son capaces de definir a la literatura. (¿Qué es poesía? Poesía eres tú. ¿Qué es literatura? No lo sé, pero quiero escribir mi literatura en el lienzo de tu piel). Y es que ante las preguntas ¿qué es poesía? y ¿qué es literatura? pocas respuestas serán acertadas, pero ninguna será incorrecta. Sin embargo, si el literato o el poeta no se plantea esta pregunta, y peor aún, si no llega a una respuesta, está condenados a perderse en su hacer.
Desde mi perspectiva, la poesía, como la literatura, son denominaciones a un hacer textual, construcciones discursivas que expresan, valga la redundancia, la subjetividad del autor, cargado de sus valores y sus representaciones ideológicas. Poesía y literatura son sólo términos para nombrar algo y nada más, pero que no representarán nunca el valor de la obra.
En mi experiencia como tallerista es fundamental que el alumno se responda estas preguntas, y que a partir de ahí observe la clasificación de los géneros literarios, tanto los antiguos como los actuales: a saber, en la poesía antigua, la épica, la lírica, y la dramática, y en la literatura actual, como sus equivalentes, la narrativa, la poesía y el guion. La observación de estos elementos nos llevará a notar ciertas características intrínsecas a cada uno de ellos: la narración, la descripción y el diálogo. Estos son, desde mi perspectiva, elementos fundamentales en toda construcción literaria, y que el creador sabrá aplicar y privilegiar en el género que decida desarrollarse para la construcción de su obra, que puede responder a diversos modos: ciencia ficción, terror, erotismo o fantasía, entre otros.
Un modo que me agrada y me resulta favorecedor para el aprendizaje pero de cierta dificultad en su ejecución es el fantástico, pues en él contiene grandes ejemplos de técnicas literarias interesantes. Estas técnicas, llevadas al aprendizaje, le servirán al alumno, y en algunos casos a diversos autores, para mimetizar estilos, y si ambos ponen en práctica dichas técnicas con intención de superarlas, pueden llevar su obra a un nivel distinto.
La pregunta obligada sería, en todo caso ¿qué es la literatura fantástica? Más allá de una denominación que me parece aplicable a toda creación (fantástico me parece que el ser humano sea capaz de crear otros mundos a partir de lo que le rodea) en general podemos definir a lo fantástico como eso momento de duda y oscilación entre lo real y lo imposible. La ficción y lo fantástico ocurren en el límite, en ese resquicio que hay entre dos mundos, no quedándome claro si esa afirmación es mía o la robé de alguien más...

martes, 25 de octubre de 2011

25 de octubre de 2011
Inspiración y transpiración...
Para defender la creación del hijo seco y avellanado que fue el Caballero de la triste figura, Cervantes escribe en su prólogo al Quijote de 1605 que "El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo que le colmen de maravilla y de contento." El Quijote, obra máxima de la literatura de todos los tiempos, fue engendrado en una celda en 1597 (y no redactado en el cuaderno del autor, como afirmé una memorable noche de alcohol y maratón), carente de todo aquello que hoy podríamos llamar el ambiente propicio para la inspiración.
Si creemos que el Quijote es un paradigma de las grandes ideas que vinieron a posteriori, debemos poner atención a la defensa líneas arriba referida. Cervantes, quien sin duda debe ser leído más allá de la alegoría, hace un correcto uso de la palabra parto para referirse al acto de dar a luz cualquier obra. Hoy poco creemos en el llamado de las musas, pero imaginarlas en el acto de parir y en todas sus implicaciones, bien nos puede dar una idea de la ruptura cervantina que parte de la tradición.
Una expresión que se fue convirtiendo poco a poco en sintagma fijo es la que dice que el trabajo literario requiere de un diez por ciento de inspiración y un noventa por ciento de transpiración. La frase, original de Thomas Alba Edison ("El genio es un diez por ciento de inspiración y un noventa por ciento de transpiración"), se vuelve, sin querer, una afirmación del principio que venimos comentando, ya que si bien Cervantes nos habla de las musas, también nos hace imaginarlas en labor de parto, con todas sus implicaciones: transpiración, inspiración, sangre, sufrimiento y dicha, se nos revelan entonces como indispensables para el ejercicio de la escritura.

jueves, 13 de octubre de 2011

13 de octubre de 2011
La regla de oro
Un escritor aprende que una autobiografía debe terminar en puntos suspensivos. La vida se le va en ello de no seguir la regla de oro...

miércoles, 21 de abril de 2010

20 de abril de 2010
De certezas, escombros y otra clase de despojos...
Atrás quedó el tiempo de los despojos, sin que ello me salve de la más terrible ironía: la reconstrucción requiere de los escombros del pasado, materializados por arte de la palabra escrita en el único libro que en verdad me regalaste. (“Destruye, porque toda creación viene de la destrucción. Porque toda construcción está hecha de escombros, y nada es nuevo en este mundo más que las formas” reza Schwob en ese libro que poesía y credo al mismo tiempo).
Leo una vez más La insoportable levedad del ser, recogiendo en el camino los escombros que me son necesarios: unas cuantas frases para apuntalarme y algunas cuantas conclusiones para darme forma. De Teresa el vértigo, la debilidad, los celos y los sueños; de Franz, el deseo de crear un territorio inaccesible de pureza; de Sabina el deseo de abandonar las propias filas; de Tomás, la necesidad de estar ahí...
Me quedo con las charlas... Lecturas de la vida y de los libros. Escribimos para aprender, no para enseñar. Practico la esgrima verbal, ese arte que no sólo exige que sus competidores sepan hablar, sino que además utilicen el vocabulario de manera adecuada, con miras a desarmar al rival. Descubro que el odio hacia el otro se da porque encontramos en él lo que no queremos ver en nosotros mismos. Escribo para explicarme a mí mismo.
***
“Ella se toma los naufragios como remedio, y yo pienso que soy capitán de barco... Hace de las astillas su esperanza, porque se ha vuelto especialista en construir, de los restos de cada hundimiento, un nuevo velero que la lleve a otro naufragio... Piensa que después del naufragio principal cada uno de los siguientes la acerca más a la orilla, y me engaño creyendo que esa orilla soy yo, a pesar de que estoy mar adentro, muy mar adentro, tan mar adentro que se me han acabado las astillas y grito por mi propia salvación...” Veo de nuevo a Sabina, la que está hecha de letras, construyendo barcos atada a un Paracaídas que no abre. Ella piensa que la traición original será compuesta con traiciones posteriores, sin darse cuenta que se aleja cada vez más de dónde quiere estar.
Veo una nueva Sabina, real, de carne y hueso y sin embargo parecida a la mujer de Kundera. Su bombín ha perdido esa negrura para pintarse de colores más amables. Veo una nueva Sabina y le pido que no me traicione; jamás lo ha hecho, pero le pido que no lo haga. Veo a una nueva Sabina y no sólo me engaño: pienso y deseo creyendo que esa orilla soy yo...
***
Atrás quedó el tiempo de las certezas. Los días de mirar a través de la ventana parecen haber terminado sin avisar cómo. El hombre se levanta una mañana de su cama y deja de añorar aquel balcón donde solía ser espectador de un ritmo de vida que le parecía ajeno. Desde las alturas observaba, pues casi parecía impedido a adentrarse en ese flujo que eran las calles a sus pies. Ahora, con un nuevo horizonte, el hombre de la ventana decide correr la persiana antes de salir a la calle y tomar conciencia de sí mismo.
Le queda la resaca. La de anoche fue una noche de cervezas; la última, quizás. El dinero ha sido poco, es cierto, porque el día a día lo ha obligado a buscar en los resquicios del bolsillo esa última moneda que sabe a cebada fermentada, buscando satisfacer las necesidades de lo inmediato y no de lo fundamental. El hombre se levanta, olvida incluso la resaca. Atrás quedó el tiempo de las certezas. El futuro sabe incierto, sí, y sin embargo el hombre lo afronta con su nueva forma, hecha de palabras convertidas en aprendizaje. Ahora sólo busca ser... Feliz... y nada más...

viernes, 15 de agosto de 2008

16 de agosto de 2008
Poética
Los escritores somos, en el fondo, creyentes del destino: por eso oscilamos, por eso vivimos con un pie al borde del abismo. Jugamos a Prometeo, pero terminamos siendo Sísifo...

jueves, 13 de septiembre de 2007

13 de septiembre de 2007
“La ficción ocurre en el límite”
A propósito de Cortázar y sus remembranzas acerca de la definición de literatura fantástica y poesía, donde todo el ser de las mismas queda fuera de cuanto pueda decirse, recuerdo las ideas que, a posteriori, pronunció el científico catalán Jorge Wagensberg, acerca de los cuerpos y sus definiciones. Palabras más, palabras menos, para este hombre, la ficción se da en la frontera de cada ser, ya que en ese pequeño espacio es donde radica la posibilidad de transformarse en algo más.
Quedo de acuerdo con estas posturas. Si ya es por demás sabido que el lenguaje tiene como finalidad última atrapar la realidad a través de la definición de los objetos, a los hombres nos falta esa posibilidad de perdernos en las fronteras, de quedar al borde del abismo y de pensar un poco en el “fall in love.”
En este contexto tal vez parezca extraño que recurra al anglicismo para explicar tal perspectiva, pero éste viene a colación si tomamos en cuenta su traducción más literal. Caer enamorado, ceder al abismo y la incertidumbre de lo indefinido bien puede ser relacionado en este sentido con el arte en general, mas toco aquí el tema de la literatura, fantástica por definición, cuyo ejercicio nos permite sacudir un poco de la realidad que nos aqueja.

lunes, 16 de julio de 2007

3 de julio de 2007
Consideraciones acerca del ensayo literario (Respuesta a un comentario de mi amigo Omar)
Sería ideal que los polígrafos escribiesen sus apreciaciones respecto del oficio de escribir; ideal, no imprescindible.
“Entre el alcohol, la poesía y la novela breve” Eusebio Ruvalcaba
Hace unos cuantos días, mientras me encontraba preparando una selección de mi breve trabajo ensayístico, recibí el siempre acertado comentario de mi amigo Roberto Visantz o como quiera que se haga llamar en este instante. Al haberle pedido ayuda para la corrección de los textos, él atinó a decirme que mi estilo se le hacía en extremo libre, más apegado a lo que hacía Montaigne que a la estructura del ensayo contemporáneo.
Con la intención de interpretar de la mejor manera correcta sus palabras decidí elaborar una serie de reflexiones acerca de este género y mi particular visión del mismo. Y he de atender en este momento al epígrafe de esta entrada: no es que me considere un polígrafo, ni que estas reflexiones sean imprescindibles. Ofrezco estas líneas no con la intención de decir la última palabra sobre el tema, sino más bien para aclarar mis ideas al respecto.
Así, después de cavilar un rato pienso en todas las posibilidades que me ofrece la palabra ensayo y me quedo con una. Ensayar, volver a la escritura un ejercicio libre, sin las cadenas que, por ejemplo, tiene la novela, donde el personaje A está ligado al personaje B y así si queremos llegar hasta la Z, amén de la tensión almacenada capítulo tras capítulo que debe explotar en el final, etcétera. Qué decir del cuento, otro ejercicio distinto, donde la misión es ganar por knock out, siguiendo la mejor tradición cortazariana; y eso sin hablar de la poesía, muerta ya por una libertad transformada en libertinaje.
Pienso que, por otro lado, el ensayo no está ceñido a ninguna receta de cocina o manual de uso que diga “deje en claro su intención en el primer párrafo; desarrolle la tesis en los siguientes diez; meta al horno por quince segundos y ¡listo! Tiene usted un texto a la orden. Dejo esto en claro por que el ensayo no es una suerte de “netología” donde el autor impone su particular visión sobre un tema y dice “esto es la neta.” Contrario a esta creencia, un texto de esta categoría sí debe dar el punto de vista del autor, pero al mismo tiempo es casi una obligación generar movimiento dentro de la materia gris del lector. Ergo: un ensayo debe incitar a la duda o a la reflexión.
Pero ¿cómo? ¿Cómo lograr esas dudas? Aquí es donde aparecerán las cualidades del escritor, haciéndose de recursos como la pregunta retórica, el ácido toque de un humor verdaderamente corrosivo o el simple, pero siempre efectivo, arte de llamar a las cosas por su nombre.
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¿Qué es el ensayo? Tamaña pregunta para un escritor de todavía tan cortos vuelos como éste su humilde servidor. Pido tan sólo, por decir un número, diez años de prueba. Quizá después de algunos ensayos tenga la respuesta...

martes, 1 de mayo de 2007

7 de marzo de 2007
La poesía como búsqueda de lo absoluto
Todos sentimos lo que es la poesía; nos funda, pero no sabemos hablar de ella.
El erotismo. Georges Bataille
Nunca me he considerado dentro del tipo de escritores a quienes el lenguaje les parece poca cosa para poder expresar sus sentimientos. Si bien es cierto que la poesía es la expresión por excelencia del sujeto, para mí esa subjetividad queda reducida a la perenne búsqueda de lo inasible y lo infinito.
Que no se me ataque sin razón. Aquel que esté libre de pecado que arroje la primera piedra. He de aclarar a partir de ahora que esto no se trata de una diatriba irracional y sin sentido contra aquellos que, preocupados por regresar al origen, se dedican al oficio de la poesía.
Supongo que, cuando Johan Friedrich Hölderlin se preguntó “¿Para qué poetas en tiempos aciagos?” nunca supuso el alcance de su noble y muy poética interrogante. Es de esperar que tampoco haya imaginado la respuesta ofrecida un siglo después en la voz del más poético de todos los filósofos de la corriente existencialista: Martin Heidegger.
Lo que no debe extrañar es que un exist se plantee este tipo de cuestiones, pues finalmente, desde el mote con el cual se hacen llamar, estos sujetos asumen la postura de ser los expulsados del paraíso. Así, teniendo esto en cuenta, me interesa retomar la poética que pervive dentro del espíritu europeo (¿o debo decir occidental?) desde finales de siglo XIX hasta ya entrado el siglo XX.
Se vuelve visible en esta etapa la insistencia de una serie de poetas por perseguir un absoluto a través del lenguaje. No importa ya ponerle color a las vocales o descubrir el hemisferio en una cabellera. Mientras exista esa idea de lo inasible, y de cómo el lenguaje mismo, a través de su imprecisión, es quien propicia esa imposibilidad de la redacción, se corre el riesgo de encontrar inútil la práctica de la palabra.
Rilke dice: “Nosotros, los de aquí y de hoy, no estamos satisfechos un instante en el mundo temporal, ni estamos ligados a él; avanzamos constantemente, más y más, hacia los anteriores, hacia nuestro origen...” Detrás de esa idea de que todo tiempo pasado fue mejor se esconde la necesidad del hombre por volver a lo primigenio. En ese sentido, la experiencia poética más parece una religión en su sentido etimológico, en el religar al hombre a su origen, a la unidad que fue en tiempos míticos.
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Nunca me he considerado dentro del tipo de escritores a quienes el lenguaje les parece poca cosa para poder expresar sus sentimientos. La imposibilidad de nombrar las cosas, me parece, en todo caso, es responsabilidad única y exclusiva de cada autor. El conflicto poético no trata entonces de qué tan capaz soy o no para decir lo que quiero. La perenne duda del poeta tiene que ver más bien con saber en dónde se está y si se pertenece o no a esa idea paradisíaca (con toda la carga que conlleva hablar de paraíso) de lo absoluto.
9 de marzo de 2007
Erotismo (Para Sihara)
La vida se construye de sexo, no de besos.
Omar Sánchez
Pienso de nuevo en el asunto de los poetas y su objeto del deseo y caigo en la cuenta que, efectivamente, el mito del eterno retorno sigue vivo en la mente de más de uno. Supongo de inmediato que esta historia aún tiene larga vida por delante, por lo cual, luego de una ardua reflexión, sugiero a todos los escritores que se dediquen a la literatura erótica.
Y es que, si detrás de la idea del eterno retorno se esconde el deseo de regresar a la unidad, ¿qué mejor que la unión de dos cuerpos en uno mismo por el simple placer de la vida? A todas luces me parece más interesante ese religar al hombre con una mujer que con una deidad, pues ésta es la imagen de la vida; el eros en su máxima expresión.
Claro, aquí caben las diferentes expresiones de erotismo. Desde la perspectiva religiosa de los escritores místicos, pasando por el terreno de la transgresión en Kundera y Bataille, hasta llegar a las diversas posibilidades del agua que pueden leerse sobre todo en Cummings. Los matices dependerán, evidentemente, de la calidad del escritor en cuestión y siempre teniendo en cuenta que: “un texto erótico [...] es aquel que cuando lo lees provoca que el camote se te ponga como la macana del sereno, que el aceitito corra y la temperatura ascienda a niveles de fiebre palúdica.”
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¿Por qué la necesidad de volver a ser uno solo con alguien? ¿Por qué hablar de cóncavo y convexo, de alquimia matemática, de uno más uno igual a uno? Es el instinto, señoras y señores. No tratemos de explicar al mundo a través de una deidad; la vida no se da por generación espontánea. Imaginemos mejor un mundo platónico, ideal. Un banquete donde el único religar posible sea el de hombre y mujer unidos por el instinto del eros. Lo demás... Lo demás no va a importar...