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jueves, 13 de octubre de 2016

La noche que conocí a Bob Dylan

13 de octubre de 2016
La noche que conocí a Bob Dylan
Recién comenzaba el 2008 y los tapatíos sabíamos que Bob Dylan daría un concierto en la ciudad. Los precios de entrada correspondían a los de un músico legendario, por lo cuál era imposible para mi pensar siquiera en la posibilidad de ver a Dylan en la fecha de su presentación. Mi caso no era el de un seguidor acérrimo, pues apenas había escuchado los éxitos del cantante más por esa bella película donde actores de renombre y músicos de primer orden interpretaban distintas facetas del artista. Al igual que Lennon, no era un creyente de Zimmerman.
Dylan cumplió sus compromisos pactados en Monterrey, el entonces DF, y Guadalajara, y cuando se disponía a seguir su gira por el sur del continente, la noticia corrió como pólvora: la leyenda daría un concierto gratis en Zacatecas. Quizá entusiasmados porque la distancia no era mucha, y envalentonados por una juventud que probábamos y poco a poco se iba, la noche del 24 de marzo nos subimos al Ford Fiesta de un amigo y al ritmo de Fito Páez decidimos poner a rodar la vida.
Ya en Zacatecas se sentía el aroma de lo que sería una noche única en la ciudad. La plaza rebosaba de gente de todo el país: todos los presentes sabíamos que lo que ahí aconteciera sería único. De 6 personas que salimos de Guadalajara sólo dos nos encaminamos a la Plaza de armas, donde un escenario enorme y una tribuna de iguales proporciones ya estaban listos para recibir a una leyenda, sus creyentes y los que a partir de ese momento serían sus nuevos adeptos.
Para algunos la noche fue decepcionante: esperaban a un músico fuera joven para siempre, querían escuchar los mismos himnos en su versión de hace 40 años. Y es que muchos habían escuchado a Robert Zimmerman, pero pocos habían conocido a Bob Dylan, sin importar cuántas veces lo hubieran visto. Para quienes apenas lo habíamos descubierto, la mejor pista era justamente la cinta del año anterior: I'm not there era el manifiesto de lo que era Robert Allen Zimmerman, mejor conocido como Bob Dylan, un músico dispuesto a respetar al cambio como regla de vida.
La noche que conocí a Bob Dylan fue la noche que escuché "Like a rolling stone" en una versión que nada se parecía a la original: era el peso de la tradición dando vueltas y vueltas reconociendo esa máxima de los blueseros que en algún momento lo inspiraron: piedra que rueda no genera moho...

viernes, 1 de enero de 2016

Mis mejores lecturas 2015

28 de diciembre de 2015
Mis mejores lecturas 2015
En la más reciente edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, tuve la oportunidad de reencontrarme con grandes amigos que viven del oficio literario. Entre otros, pude intercambiar palabras con mi querido Ricardo Sigala, quien en una apresurada charla de pasillo (hubo varias con él y otros rostros conocidos fuera de los stands de Ediciones Arlequín y Paraíso Perdido), coincidió en que las lecturas que uno hace a lo largo del año no son necesariamente las novedades editoriales, y que en ocasiones, los honores los suelen llevar los libros publicados en años anteriores. Valga este monólogo a guisa de introducción de mi selección de lecturas recomendadas en este año que se va. No todas se lanzaron en este año, y si usted, querido lector, esperaba encontrar lo mejor de lo publicado en 2015, vaya a las listas de cualquier publicación periódica, que nuestro ejercicio es otro.
1.- Daytripper. La joya de la corona. La mejor lectura que hice este año. Cortesía de Vertigo Cómics México, llega el trade paperback donde los brasileños Grabriel Bá y Fábio Moon mezclan los mejores recursos del cómic, una pequeña dosis de realismo mágico y algo de metaficción. Lo que consiguen los también gemelos es una cúspide en el arte de la narrativa gráfica. Una obra amena, de rápida lectura, pero inquietante y llena de citas citables. A quienes amen el oficio de la escritura, les vendría bien aprender los mecanismos con que está escrito el guión de esta obra.
2.- Páginas interiores. El segundo lugar que merecía ser primero. Jacky Beneteaud y Stéphane Courvoisier elaboran una auténtica novela gráfica plena de recursos metaficcionales. Para quienes no conozcan la propuesta de Rey Naranjo Editores, esta es una magnífica oportunidad para acercarse a este sello que poco a poco va publicando excelentes obras de narrativa gráfica. Mención honorífica merece la biografía de Rulfo que también es parte del acervo de Rey Naranjo.
3.- Supergods. En la misma línea del cómic llega esta obra del fundamental Grant Morrison, uno de los más excéntricos guionistas del medio anglosajón, reconocido por sus trabajos en Vertigo, DC y Marvel Comics. Ojo, pues aquí no tenemos un cómic o novela gráfica, sino una historia en primera persona del cómic superheroico, combinada de manera acertada con una mitología comparada: Superman y Zeus, Flash y Mercurio, entre otros.
4.- Aquí y ahora. Alejémonos del cómic y vayamos con dos grandes de la prosa literaria. Coetzee y Auster presentan en este libro del 2012 un compendio de su intercambio epistolar del 2008 al 2011. Pensado desde el inicio como un diálogo público, estos escritores intercambian opiniones sobre filosofía, economía, técnicas narrativas, sus vidas, sus demonios y por supuesto, literatura. Natural y fluido, un intercambio que merece ser leído. Un simple asomo a estas líneas nos permitirá dialogar con sus autores y comprender las obsesiones de ambos.
5.- Fantasmas. Con James Nuño me hermana una amistad de años. Esa amistad me ha permitido leer entre otras cosas, los cuentos surgidos del viaje que hizo a Francia y que son la cuna para su plaquette debut. El hilo conductor de la muerte en vida y los despojos en los que nos vamos convirtiendo son factor fundamental de esta triada de cuentos cortos que aprenden bien la lección de Joyce y sus fantasmas que Borges hábilmente selecciona en su Antología de la literatura fantástica.
6.- Menos que cero. El primer Bret Easton Ellis, el niño que aprendió a desafiar a la élite holliwoodense sin hacer nada. El hartazgo de una sociedad que se refugia en la cocaína, la moda y el entretenimiento con tal de no cuestionarse. Un maravilloso ejercicio es leer la novela al tiempo que escucha el soundtrack de la misma.
7.- Adolescencia y otras cuentas pendientes. El único poemario del recuento viene de la pluma de Luis Vicente de Aguinaga, de los pocos poetas mexicanos vivos que son de mi agrado. El título hace referencia a esas cosas que nos hacen falta, algunas perdidas en nuestra infancia, como la fascinación por los ídolos y por cuestionarnos desde la simplicidad los motivos del mundo y su existencia.
8.- ¿Qué hace usted en un libro como este? Cierro este recuento con un libro que me abrió más perspectivas que todas las lecturas anteriores juntas. Rogelio Villarreal, a quien agradezco el dedicarme una copia de su más reciente libro, presenta una obra que es desafiante por honesta. Estas crónicas ultrajantes son todo lo que usted no busca en una crónica. Aquí no hay Kapuscinski, o al menos no se nota su estilo. Un gran libro, con hilos que tejen las crónicas: la violencia, la paternidad, el oficio del cronista, o del editor. Un libro para leer sin prisas.
La última mención honorífica la merece la colección Filosofía para jóvenes que desde el 2014 publica Editorial Panamericana. Kant, Lao-Tse, Marx, Erasmo, Platón, y otros filósofos son explicados de manera breve, sencilla y efectiva en un mundo donde poco a poco las humanidades desaparecen de los planes de estudio y no hay muchas maneras de acercarse a la filosofía. Libros amenos y bellamente ilustrados. Que lecturas como las aquí mencionadas sigan apareciendo en el transcurso del próximo año, ya sea como novedades editoriales o como libros viejos en el librero correcto.

domingo, 18 de octubre de 2015

Invitación

18 de octubre de 2015
Invitación
Domingo con horario de invierno. Me levanto a las 8 sin saber si son las horas que el reloj indica: marca las 8, de seguro lo son, pero lo cierto es que el mundo entero gira con un uso horario distinto al mío. Me levanto, pues. Desconecto la luz que me sigo robando y la mañana se me va en cosas intrascendentes.
Salgo de casa para ir a la antigua Ciudad de los Palacios; el largo recorrido, de poco más de una hora, es suficiente para leer un poemario más de Luis Vicente de Aguinaga. Adolescencia y otras cuentas pendientes (Dirección General de Publicaciones, 2011) es un libro que desde la inocencia expone temas que no lo son: Dios, la muerte, los ídolos, y la percepción misma de las cosas, se ven reflejados en poemas breves que surgen de paseos por el zoológico, de dudas externadas, del periódico del día o del sacar a los objetos de su contexto.
Aprópiese, lector, de estos versos, así como lo hace una corbata de su armario, y pregúntese: ¿por qué adoramos a Jesús, a Jürgen Klinsmann, o a George Harrison en solitario o detrás de tres beatles? ¿Por qué?

lunes, 7 de septiembre de 2015

La eternidad por fin comienza un lunes

07 de septiembre de 2015
La eternidad por fin comienza un lunes
Sobre los lunes se han dicho tantas cosas, muchas de ellas justas, otras no tanto, y otras que ni siquiera son ciertas. La eternidad por fin comienza un lunes es una frase completamente sugerente, que inmediatamente me remite a Eliseo Alberto, autor de la novela cuyo título da nombre a otra novela en el texto que el cubano escribe. Metaficción pura que te vuela la cabeza...
Los lunes son también una genial oportunidad para empezar un nuevo proyecto, o al menos eso dice Goran Petrovic en ese otro ejercicio de la pluma y la literatura más fina: La mano de la buena fortuna.
(Aún quiero leer un libro y encontrarte entre sus páginas. Empecemos un lunes, puede ser hoy o la semana próxima, pero no dejes que la eternidad comience un martes: sería un día pésimo y estaría condenada al fracaso.)
Muchos odiamos los lunes. Nos recuerdan lo horrible del mito del eterno retorno; hombres condenados a repetir el mismo ciclo una y otra vez. Los lunes son las rocas que nos vuelven Sísifos. Deseamos llevar ese día lejos, pero siempre tendremos que lidiar con él, con su carga y con sus responsabilidades.
(Citémonos un lunes, dos o tres. La eternidad por fin comienza un lunes. Que nuestra única responsabilidad sea perdernos en las letras, encontrarnos en La mano de la buena fortuna. Qué importa si los lunes son negros o son azules. Que los lunes importen sólo porque nos permiten emerger de nuestras cenizas. Polvo eres y en polvo te convertirás, así por toda la eternidad...)

jueves, 4 de septiembre de 2014

¡Gracias... totales!

04 de septiembre de 2014
¡Gracias... totales!
Es 1997; tal vez 1998. No lo recuerdo con detalle, pero aún veo que mamá escribe sobre unas hojas arrancadas al cuaderno. Después me entero que ese manuscrito es una carta para papá, del cuál ya tenía al menos un año separada. En la carta menciona lo afectados que mi hermana y yo estamos por el divorcio y cómo poco a poco se van abriendo abismos que poco a poco se harán más grandes si no se establecen canales adecuados de comunicación. Mujer sabia, mamá le da consejos a papá: gustos, preferencias, e incomodidades de sus hijos. En ese entonces casi no escucho música por elección. A mi alrededor suenan las melodías del pop más ramplón elaborado por astutos productores que saben lo que un quinteto de muchachos cantando y bailando coreografías nada complejas pueden hacer con las hormonas de millones de adolescentes. Es paradójico que entre esa música ligera suenen cuatro sencillos acordes de guitarra, repetidos hasta el éxtasis acompañados de bajo, batería y voz. Cuando todo llega a su fin, un agradecimiento y un riff de esa guitarra cierran un capítulo más para Gustavo Cerati y Soda Stereo, al tiempo que abren uno nuevo para mi.
Entre el millar de ideas que mamá le arrojó a papá, una sugerencia fue seguida al pie de la letra: "habla a tus hijos en su idioma. Ellos necesitan saber que los escuchas. A Juan Carlos le gusta mucho un grupo que se llama Soda Stereo." Al siguiente fin de semana, luego de haber leído la carta, papá nos llevó al centro de la ciudad y nos dejó comprar la música que quisimos. En mis manos se encontró, desde entonces, la antología doble titulada Chau Soda. El repaso definitivo de la trayectoria musical del terceto argentino.
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Compré mi primera guitarra mientras cursaba la preparatoria. Aún hoy, lejos de Guadalajara, la conservo conmigo. Y aunque una guitarra eléctrica le hace compañía desde hace dos años, la vieja guitarra de palo sigue siendo mi primer amor: no importa cuántas veces se rompa o se maltrate, sigue ahí, brindando su mejor sonido a la menor provocación.
Al igual que mi generación, o al menos así lo pienso, aprendí a tocar varias canciones de Soda en la guitarra. La compré para eso. Sin maestro, y con un Guitarra fácil de por medio, todo era posible. Es increíble que a veces seamos tan ingenuos.
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Hoy imagino lo que sintieron los fanáticos de los Beatles cuando se anunció la ruptura del cuarteto en 1970, o los sentimientos encontrados que la muerte de John Lennon provocó a muchos en los tempranos 80. Gustavo Cerati ha muerto, y con él se van los sueños de toda una generación que aprendió a cantar con él, en trío o en solitario, las letras que hablaban de todo y nada, de metáforas de la vida o la sencillez de la misma.
El mejor Cerati hizo arte a partir de los 90: discos eternos que agotaron su vida en una bocanada. Gustavo Adrián fue una fuerza natural que desde entonces no paró de experimentar. Había que verlo en vivo, escucharlo, sentir la potencia de su guitarra o de su voz. Gracias por tu música: a partir de ahora siempre será hoy.

domingo, 31 de agosto de 2014

La culpa es de los tlaxcaltecas

31 de agosto de 2014
La culpa es de los tlaxcaltecas
A mediados del siglo pasado la narradora Elena Garro escribió ese fascinante relato cuyo título era un descargo de culpas hacia el pueblo tlaxcalteca. Recordemos que al menos desde un punto de vista histórico a los indígenas de esta región del país se les achaca la derrota azteca y la consecuente conquista española, olvidando las propias culpas aztecas, la estrategia militar española, las enfermedades traídas por los europeos a nuestro territorio, o el resto de alianzas que Cortés estableció en su camino a la gran Tenochtitlán.
Desde esta perspectiva, el tlaxcalteca es, pues, un chivo expiatorio de la historia, el responsable de nuestra debacle, el traidor de la nación, el pretexto de nuestra perenne victimización.
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Tlaxcala es un estado ubicado al centro de México que me llena de gratos recuerdos: se trata del hogar de personas a las que quiero en demasía. Es, desde mi experiencia, tierra de gente cálida y dedicada, cariñosa y desinteresada, dispuesta a ofrecer lo mejor de sí sin esperar nada a cambio. No se tome este escrito como una ofensa a esa gente que me ha brindado su casa y su cariño. Estas líneas son sólo síntoma de mi propia frustración descubierta una vez más, ahora en suelo tlaxcalteca.
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¿Cuántas veces has sentido hambre sin poder saciarla? ¿Cuántas veces has contenido el llanto hasta desgarrar tu garganta en un grito que deshaga el nudo de emociones contenidas? Peor aún... ¿Cuántas veces has callado, acobardado ante tus sentimientos de odio, alegría o amor?
La imposibilidad del escritor es doble, pues de frente no puede decir lo que siente, y en ocasiones, frente al papel, las palabras o las formas le son insuficientes para expresar sus demonios. El escritor puede ser similar al comediante: crea personajes de sí mismo para ocultar sus emociones o decir sus verdades de manera velada. El escritor puede ser una versión del chiste de Pagliacci.
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Desde mi asiento la vista se reduce a viajantes que abordan el mismo autobús que yo. Algunos suben solos: en los andenes nadie los despide. En ocasiones, algún amante acompaña al viajero. Las despedidas son emotivas, llenas de besos, abrazos; alegrías por un pronto reencuentro o lágrimas por una larga ausencia. Desde mi asiento los observo con envidia: nadie llora mi partida ni espera mi regreso. Mi fracaso es del hombre solo, el que se guarda su cariño porque no sabe brindarlo, porque nadie lo espera y nadie lo pide.
En Tlaxcala dos amantes se despiden, mientras yo los culpo del fracaso de mi vida...

domingo, 15 de junio de 2014

Bajo la misma estrella

12 de junio de 2014
Bajo la misma estrella
Hace algunos días confesaba con cierta culpabilidad mis deseos de ver la película titulada Bajo la misma estrella, basada en el libro homónimo de John Green. Debo añadir que el sentimiento no es gratuito y que además es genuino. A continuación explico por qué.
John Green, nacido en Estados Unidos en 1977 es un escritor enfocado al mercado juvenil. Identificar el nicho de mercado de este autor es pertinente, pues su obra está plagada de protagonistas cuya edad ronda los 15 y los 18 años: la chaviza adolescente que puede identificarse con sus personajes, sus situaciones y sus historias, pues. El problema que esto me representa es que en la actualidad el mundo vive una homogénea adolescencia que se extiende a los 30, 35, y hasta a los 45 años de edad sin que el número pareciera detenerse pronto.
No se me malinterprete: la obra de Green no me parece abominable o aborrecible (peores cosas se han leído de forma masiva), e incluso su lectura me ha invitado a la repetición de alguno de sus títulos. Estamos ante un joven escritor que me parece ha encontrado en su primera obra, atractiva y bien escrita, por cierto, un nicho de mercado del cual difícilmente podrá separarse. Buscando a Alaska, novela iniciática donde el joven Miles ("and miles to go before I sleep") busca dos esencias que encuentra en la presencia (¿o en la ausencia?) de la  por siempre joven Alaska Young.
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Existen realidades tan brutales que incluso la palabra no puede nombrar. Nos encontramos en estos casos ante lo inefable, lo indecible. ¿Cómo se le llama a una madre que ha perdido a su hijo? ¿Por qué al hijo que pierde a su madre sí se le dice huérfano, pero somos incapaces de siquiera nominar un dolor o estado tan terrible como el antes descrito?
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John Green es ahora un referente más de la cultura pop. Quien lo lea se fijará más en sus referencias a Prince o a Peter Gabriel que en sus no tan veladas menciones a Robert Frost, Francois Villon o Gabriel García Márquez, por mencionar a algunos. John Green será recordado por lograr que el papel de dos jóvenes con cáncer que se enamoran sea el prototipo de amor perfecto ("¿quién sería el monstruo capaz de escribir eso?") y que las niñas deseen tener cáncer para encontrar al amor puro y (aparentemente) prohibido por una muerte inminente. Y ese será el pecado de Green, pues aunque trate de mencionar a los grandes de la literatura en su obra, en el fondo el intertexto que más pesará sobre él será el de Stephenie Meyer.

sábado, 3 de mayo de 2014

Inventario, o las últimas palabras de José Emilio Pacheco

03 de febrero de 2014
Inventario, o las últimas palabras de José Emilio Pacheco
Una de las palabras que resuena constantemente en mi imaginario es la que da nombre a la obra de dos de los mexicanos ilustres del siglo XX. Inventario, además de su denotación como asiento de bienes y propiedades de un individuo, para mí connota lo mejor de la actividad imaginativa. Pensemos, pues, en el inventario como ese listado donde queda registro de todas nuestras creaciones.
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No deja de resultar curioso que Arreola y Pacheco acudan a la memoria. El segundo fue amanuense del primero, y para José Emilio eso justificaba su paso por la tierra. A más de una semana de su muerte, sus lectores sabemos que hay más razones que lo justifican: entre ellas, por citar unas cuantas, están sus obras, donde Pacheco hablaba a menudo de la muerte, con una facilidad que resultaba inquietante.
Cuando uno lee las obras, o la crítica hacia las obras de Pacheco, notará que hay un detalle sobresaliente sobre todos los demás: la sencillez de su lenguaje. El autor de Las batallas en el desierto (ese libro que tanto le gusta a ella), era un escritor que no se complicaba buscando la expresión más sombría o rebuscada para expresar sus ideas. Al contrario. Su poesía, sus novelas, sus ensayos, y sobre todo sus Inventarios, dan nota del hombre que era capaz de contarnos las cosas más complejas en el lenguaje más sencillo.
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El día que falleció Pacheco, un amigo escribió en su facebook, palabras más, palabras menos, que respetaba a aquellos escritores que alejados de la parafernalia de la fama preferían la cátedra por medio de sus obras y sus Obras, a aquellos que si bien contaban con una gran Obra, tenían poca obra hacia su generación o las generaciones venideras.
Arreola, más que Rulfo, tenía vocación de maestro. Pacheco fue alumno del primero, y sin duda de ahí aprendió que los mejores escritores se forman a partir del trabajo en taller. Esa labor de "talacha" requiere sin duda de maestro y aprendices, y más importante, de personas que continúen esa didactica. Por eso los Arreolas y los Pachecos sobre los Rulfos y los Paz.
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Del oficio de maestro aprendí muchas cosas, más de las que realmente enseñé, y una de ellas fue que existía una novela titulada Buscando a Alaska, del autor estadounidense John Green. Sin descalificarla por tratarse de una novela juvenil, o menospreciar al autor por su perfil comercial (prejuicios aún instalados en el colectivo), nos encontramos ante una obra sencilla y bien escrita.
Muy lejos de aquella comparación con El guardián entre el centeno, pero también de Crepúsculo y otros fenómenos más comerciales que literarios, la novela de Green trata de un adolescente en busca de su gran quizás, idea arrebatada de las últimas palabras del poeta Francois Rabelais. Menudo talento además el del joven Miles, quien podía, entre otras cosas, memorizar las últimas palabras de los personajes famosos.
Este asunto de las últimas palabras es el que me ha venido dando vueltas a lo largo de estos días. Pienso en la muerte de José Emilio Pacheco, por ejemplo. En la importancia de su obra en la literatura, en mi mundo y en el mundo de aquellos que leyeron sus novelas o sus poemas conmigo o para mi. Pienso en su hija, poniendo palabras en boca de su padre, y explicando que la muerte del autor no fue dolorosa ni sufrida. Pienso en las últimas palabras de José Emilio, quien aún de noche, y sin saber que nunca más iba a despertar, seguro pronunció, con la misma naturalidad que lo hacía en su poesía, las palabras más cotidianas cargadas de una inmensa carga poética y miles de significados. Pienso en José Emilio diciendo adiós al mundo, a la vida, y a su pareja. Pienso en José Emilio diciendo "Buenas noches" y nada más.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Cartas a un desnudo poeta

02 de noviembre de 2013
Cartas a un desnudo poeta
Querido poeta:
Alguna vez tú y yo fuimos casi amigos. Sin que me desagradara tu persona, me parecías demasiado estridente para considerarte en mi círculo de íntimos, por el simple hecho de mantener yo un registro dos rayitas más abajo del tuyo. Simplemente no acepto la competencia. Y ojo, aquí hablo sólo de la personalidad.
Cuando te consideraba cercano, no sabía de tus pretensiones de poeta, porque ni siquiera las alardeabas. Lo tuyo era una especie de gusto por el performance espontáneo, ese que desde toda la vida ha ido en contra de mis principios. Lo he dicho y lo repito. Prefiero el grito articulado que el grito que sólo busca llamar la atención y luego no sabe cómo conservarla, porque este segundo grito tiende a ser repetitivo. Así, lo tuyo era una rutina de paseos en bici, desnudos (tuyos o de otras personas) en la calle o en fotos, defraudar a los amigos cancelando proyectos confirmados, que poco a poco te acercó a ese último viaje: Por favor, lea mi fotocopia.
A estas alturas yo estaba en un punto donde con los tal vez pocos argumentos críticos que cuento mencionaba que la fórmula de fotografía, desnudos, poesía y letras bonitas me parecía poco artística y tendía más a llamar la atención. Era una crítica con nombre, pero no con apellidos, la que decidiste desde tu trinchera y en forma unilateral que era sólo para ti, y que además era una afrenta personal de mi parte hacia tu persona y tu hacer.
Este malentendido originado por ti, nos llevó a un punto de no retorno, primero con una relación más ríspida y luego hasta los golpes el día que visitaste mi casa, en mi fiesta de despedida y violaste la privacidad de mi habitación sólo por hacerte el sociable, como si por tu sola presencia debiera rendirte pleitesía y admiración.
Pero no.
Querido poeta. La crítica no es contra tu persona. La crítica no es contra tu hacer. La crítica es hacia una fórmula que me parece gastada y que poco aporta. Que la vendas y que te la compren es cuestión de otro debate, así como la construcción del personaje que de ti estás haciendo. Querido poeta: el día que dejes de ver en las críticas ataques, serás un artista.

martes, 10 de septiembre de 2013

El artista y el iluminado. Una reflexión

30 de agosto
El artista y el iluminado. Una reflexión
Una de las polémicas recurrentes entre los estudiantes de la Licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara tiene que ver con la creación literaria. A saber, para muchos la licenciatura debe ser un semillero de poetas y artistas, cuando el perfil del egresado tiene que ver más con actividades como la docencia, la investigación, la crítica literaria y la reflexión. Es obvio que ninguno de estos perfiles es excluyente, y que en un mundo perfecto serían complementarios. Así, el buen poeta tendría un ojo fino para el análisis, pues podría explicarnos una poética, mientras que el analista podría utilizar todos los elementos del método para crear una buena obra literaria. Ahí tenemos a Luis Vicente de Aguinaga y a Gerardo Cham, por poner un ejemplo.
La discusión se agrava cuando los improvisados le apuestan al grito fácil, al performance y a los trazos de una pluma de inspiración arrebatada. Además, la presencia de foros de lectura, semanas culturales, y espacios con micrófono abierto permiten que cualquier valiente nos ofrezca su "poesía" y que además, los entusiastas del poema o del poeta lo defiendan. Que no se me tome por dictador. Cualquiera puede escribir, y cualquiera puede leer en voz alta su obra, pero no cualquiera puede ser considerado escritor o artista. Ese es el punto del debate.
Mi argumento es que el escritor primero debe escribir, axioma tan básico que siempre olvidamos, para así poder hacer cuanta cosa se le ocurra con su obra. Cuando hablamos de la escritura como oficio no nos referimos al acto de poner una letra tras otra para ver qué sale. Escribir es valerse de artimañas, del oficio, de la búsqueda, y ésta se da en lo privado, no en Chapu, no dando gritos en las calles o pasillos, no pensando en cuantas fotocopias le voy a sacar a mi poema, no en el Malasangre, y no pensando en el próximo coctel. Aquí hablamos de hacer, y de hacer bien.
No se entienda con esto que satanizo el performance o la improvisación y que pondero la teoría por sobre todas las cosas. Aquí no hay prejuicio ni nada parecido. El performance pensado, el grito articulado primero en la mente y no en la garganta me parecen más valiosos que quien hace las cosas por llamar la atención. Se trata de pensar en la efectividad de los actos comunicativos. Así, pues, te pregunto, artista: ¿Quieres teorizar y decir que todos son pendejos porque no entendieron tu arte? Vuélvete esteta y refúgiate en el símbolo. ¿Quieres llamar la atención? Apláudete como foca, grita, encuérate a la menor provocación para que todos volteen a verte aunque tengas un discurso vacío. ¿Quieres comunicar, y elaborar un producto verdaderamente artístico? Trabaja en tu arte antes de trabajar en cómo recibir los aplausos.
Aquí no se critica al "poema" como acto. Se critica el acto malogrado del performance. Se critica al tipo que se siente artista pero parece padecer el síndrome de Tourette. Antes de dar show, el escritor debe escribir. Así de evidente es el axioma, así de evidente es la proposición. Escribir es construir. ¿Cómo lo sé? Porque escribo, no amontono palabras una sobre otra a ver que sale.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Crónica chilanga II

20 de julio de 2013
Crónica chilanga II
Ayer fue un gran día para despedirme (al menos momentáneamente) del DF. Comencé mi recorrido por la Condesa. Visité el Péndulo y me convencí que Guadalajara necesita un concepto similar. Fui a Miguel Ángel de Quevedo a comprar los encargos bibliográficos y me encontré una joyita de Zizek en 25 pesos. Visité a mis tías Pinita y Soco, y nuevamente coincidí con gran parte de la familia por azar. De ahí a Coyoacán, a despedirme de mi querida chica del asfalto y a buscar la piedrita que Aniela me encargó. En la búsqueda del libro inencontrable, agarré patín rumbo al Ángel, y luego a Bellas Artes. ¡Que bella es Avenida Juárez de noche! Y más variada en su oferta musical callejera que Guadalajara: en una esquina una banda de rock pesado con Danny DeVito interpretando al Penguin como vocalista, y en la otra una banda de rock que se acompañaba por metales, además de un acordeonista tradicional unas cuadras más adelante. El Monumento a la Revolución tenía pruebas de sonido para un concierto, y la llovizna amenazaba a chilangos (la concepción de esta palabra es variada, pues) y capitalinos por igual. Inició el regreso en metro Bellas Artes, miles de transbordos y un paseo afuera de ambas Cámaras legislativas, la última la de Diputados, hasta llegar a casa de mis tíos Paco y María Elena, que sin duda me recibieron y trataron de maravilla. A todos los que hicieron de este un viaje inolvidable: mil gracias. Y a los que no pude ver en esta visita, se las debo para la próxima. Será muy pronto.

Crónica chilanga

17 de julio 2013
Crónica chilanga
Llegué al DF el sábado con una sola intención. Conseguir trabajo. Días antes del anuncio de mi viaje, sólo dos personas conocían a conciencia este propósito: mis queridísimas Mode y Elena. Así, luego de visitar a gran parte de mi familia materna, que por suerte coincidió en un mismo punto, llegué por fin con Mode. Dimos un magnífico tour que incluyó un paseo fuera del mítico Bar Bar, festejamos el cumpleaños de mi amiga que se prolongó hasta el domingo y comimos un delicioso pozole en casa de su familia materna.
El lunes comenzó la búsqueda. Dos lugares llenan todas mis expectativas y son mi objetivo y mi sueño: Cafebrería el Péndulo, y la División de Cómics de Editorial Televisa. Luego de una mañana afortunada en el Péndulo, y de un amplio recorrido por la ciudad que incluyó taxis, metrobús, micro y metro, llegué a Coyoacán, y más precisamente, a los brazos de Elena, la chica del asfalto, quien me hizo comprar la pizza más cara del DF. Más tapatía que una torta ahogada, Elena confesó en una agradable plática que no tiene su metrocard ni ha visitado el bosque de Chapultepec, y aunque tiene un hijo más chilango que el smog, se resiste a pasar por el inevitable proceso de chilanguización.
Ayer fue un día cansado; tanto, que terminé irritado. Sobra decir que, pese a la amenaza de un miércoles tempranero, la compañía fue maravillosa con un gran amigo de editorial Santillana, y una rica visita al café Havanna en Polanco con Mode.
Hoy no amaneció tan temprano como debió haber sido. Sin embargo el tiempo y el tráfico nos permitieron llegar a Paseo de la Reforma, donde un imponente Ángel de la Independencia otea la ciudad. Caminé por el Paseo, el mismo de los plantones de Obrador. Vi la Estela de Luz, ese monumento en apariencia inútil que nos permite recordar el sexenio de Calderón, el de los 70 mil muertos y miles desaparecidos más. Ahí vi dos placas conmemorativas del movimiento que en su momento encabezó Sicilia y algunos pañuelos en memoria de jóvenes desaparecidos, algo que mi querida Patterson apreciaría. Recorrí el bosque de Chapultepec y caminé de nuevo hacia el Ángel, y justo en ese trayecto encontré a la persona que estaba buscando: el editor de la División de Cómics de Editorial Televisa. Qué mejor entrevista de trabajo. Le entregué mi curriculum en sus manos y le dije que estaba listo para comenzar a trabajar. La Ciudad de México, la Ciudad de la Esperanza. Y contrario a mi querida chica del asfalto, yo ya estoy comenzando mi proceso de chilanguización. Me quiero quedar en esta ciudad, y parece que las cosas se están acomodando.

viernes, 6 de septiembre de 2013

La gente más buena del mundo

08 de julio de 2013
La gente más buena del mundo
Entre la gente más buena del mundo se encuentran, sin duda, los amantes de mascotas. Los miembros de esta subespecie sufren cuando ven que un animal es víctima de cualquier tipo de maltrato, y por lo mismo exigen el cierre inmediato de tiendas donde se lucra con los pobres animalitos, pues es una fuente de empleo indigna de cualquier ser humano. Por esta razón organizan protestas afuera de esos comercios y le mientan la madre a los empleados malignos del demonio, quienes no tienen consideración por trabajar en este giro. Los amantes de mascotas suelen tratar a sus animales como reyes y comparten imágenes llenas de ternura con ese ser vivo especial que tanto quieren, o en casos extremos, administran páginas de redes sociales donde la mascota es puesta en un pedestal y admirada por su belleza o los lujos que el dueño puede proporcionarle. Eso sí, nunca esperes que un amante de mascotas adopte a un perro en la calle, y mucho menos que ayude a un niño de la idem. Los amantes de mascotas preferirán siempre ayudar a un xoloitzcuintle que a un escuincle o un pipeco.
Quizás a la par de los amantes de mascotas se encuentran los ciclistas. Conocidos por ser buenos por naturaleza, ellos conocen los riesgos que implica que una persona con un vehículo más grande, más fuerte y más veloz que tú te acose o intimide, y por lo mismo, jamás invaden las banquetas o zonas peatonales de la ciudad. Además, respetan siempre los semáforos y nunca intentan ganarle el paso a ningún vehículo motorizado. Por último, los ciclistas organizan anualmente ese bello monumento a la estética del cuerpo humano donde todas las llantas lucen bien. ¿Qué más podemos pedirle a los ciclistas? Porque sin duda, la vida no valdría nada sin esa oda a la llanta quemada y prieta que es el World Naked Bike o como se llame la mierda esa.
Entre tanta bondad, no sé cuál de los dos grupos sea mejor.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Grandes momentos en la historia del cómic de superhéroes

06 de julio de 2013
Grandes momentos en la historia del cómic de superhéroes
Si nos propusiéramos hacer un repaso más o menos significativo de la historia del cómic de superhéroes, tendríamos que mencionar sin duda la aparición de Superman en Action Comics en 1938, y la inminente proliferación instantánea de otros grandes iconos de la edad de oro: Batman, Green Lantern, Flash, Namor, Captain America, Wonder Woman, entre otros.
Luego tendríamos que dar un salto hasta el origen de los multiversos en DC, cuando las versiones de Flash de la edad de oro y la edad de plata se encuentran en un cómic, en 1962. En esta década, la aparición de los superhéroes de Marvel vino a romper un montón de esquemas narrativos y temáticos. Las creaciones más importantes fueron Fantastic four, Spiderman, X-men o Hulk, entre otros.
En los setenta es importante mencionar, además del desafío de Stan Lee al Comic Code Authority, las primeras muertes de grandes personajes, comenzando por la de Jean Grey, aunque siga siendo más significativa la muerte del Captain Marvel en 1982, por ser el único héroe de renombre que no ha regresado de la muerte. En esta misma década aparece un gran antihéroe: Wolverine, quien también en 1982 tuvo un acontecimiento mayor con la aparición de su miniserie escrita por Claremont y Miller.
Y es que los ochenta traen una cantidad impresionante de sucesos, comenzando con la invasión inglesa del cómic, que masificó el trabajo de grandes autores como Neil Gaiman, Grant Morrison, Alan Moore o Dave Gibbons. A este par se le debe la aparición de Watchmen, que por primera vez nos muestra a héroes falibles, muy humanos, y dispuestos a realizar acciones de moral muy discutible. Esta década también vio el gran intento de DC Comics por establecer una línea temporal definitiva para sus multiversos, y así apareció Crisis on infinite earths, además de los reinicios de Superman por John Byrne, y Batman por Frank Miller, quien se dio tiempo de elaborar esa otra joya que es The dark night returns. En esta década, por último, surge Vertigo, una línea de cómics más experimental de DC que publicó historias más arriesgadas.
Por fin llegan los 90 y la caída de los grandes iconos: la muerte de Superman, la caída del murciélago, la locura de Green Lantern. Aparece además una opción que dio libertad creativa y poder absoluto a los creadores sobre sus creaciones, con el surgimiento de Image Comics y su insignia Spawn. Para hacer frente, Marvel y DC comenzaron a publicar grandes crossovers y además se dieron el lujo de publicar un sello donde sus creaciones coexisteron a manera de fusión. La aparición de las obras de Alex Ross, Kingdom Come en DC y Marvels en la acera de enfrente, confirmó lo que los autores ingleses de una década atrás habían logrado: llevar a la narrativa gráfica a niveles de obras de arte.
El siglo XXI se ha visto marcado por momentos de crisis en la industria, pues en una terrible ironía, la venta de comics ya no sostiene al mundo del cómic. Las apuestas más arriesgadas de este nuevo milenio han sido Civil war o Marvel Now de Marvel, y Final crisisThe new 52 de DC, que no han salvado a los grandes sellos de la picada en que se encuentran. Acaso lo mejor que ha pasado en estos años ha sido el salto de las viñetas a la pantalla grande, y el cambio del spandex a trajes de nuevas texturas. La creación de universos cinematográficos como el de Marvel/Disney, hizo que las casas productoras realizaran apuestas con las licencias que ya tenían, como Fox con X-men, cuya primer cinta inició esta oleada de adaptaciones al celuloide.

martes, 3 de septiembre de 2013

Lo más mejor y lo más peor de las adaptaciones del cómic a la pantalla grande

01 de julio de 2013
Lo más mejor y lo más peor de las adaptaciones del cómic a la pantalla grande
Las listas. Amadas u odiadas, no dejan de ser maravillosos ejercicios con los cuales pretendemos imponer un poco de orden a nuestro mundo. Y si algo tienen de maravilloso los listados es que, al igual que los museos, siempre estarán incompletos. Sin afán de teorizar más, y recordando aquellas palabras del film de Disney Pixar ("Arriesgamos poco y tenemos y tenemos poder sobre aquellos que ofrecen su trabajo y su servicio a nuestro juicio") va aquí mi top ten de películas de superhéroes malas o peores.
1.- Spawn. La verdadera batalla entre el bien y el mal se llevó a cabo entre el cómic y su adaptación, ¡es horrible!
2.- Iron Man 3. Una muestra de que no importa cuantos millones recaudes, o qué tan entretenida sea tu cinta, debes respetar el canon de tus villanos, y más cuando hablamos del Mandarín.
3.- Superman Returns. Es tan mala que ni la he visto. Con escuchar el argumento basta para saber que estamos ante un guion carente de verosimilitud.
4.- Batman Forever y Batman & Robin. A partir de esas cintas se hizo el chiste que el peor enemigo de Batman era Schumacher. Vaya, son tan malas que el director pidió disculpas públicas.
5.- Catwoman. En ocasiones no basta una actriz ganadora de un Oscar cuando tienes un guion pésimo y una dirección igual. Además, superar el espléndido trabajo Michelle Pfeiffer era un reto muy difícil.
6.- Punisher. Hay una versión que es olvidable. Tanto, que hasta sale Eduardo Yáñez, el charro sin cuello en Destilando amor. Por el contrario, hay otra versión que pasó directamente al DVD, al menos aquí en México, y es mejor.
7.- Gosth Rider. ¿Nicolas Cage? ¿En serio?
8.- El Fantasma. La historia clásica de Lee Falk, la que aparecía en las tiras cómicas de los diarios dio el salto a la pantalla grande en 1996 de una manera desafortunada. En este caso también era difícil igualar el trabajo original, así como el recuerdo de los jóvenes de la serie Los defensores de la tierra, donde el héroe en cuestión aparecía junto a Mandrake y Flash Gordon.
9.- Daredevil. Ben Affleck piensa que vamos a olvidar este trabajo con lo hecho en Argo. Se equivoca.
10.- Fantastic four. Estos fab four nunca han tenido una adaptación decente en la pantalla grande. Qué manera de arruinar a los más emblemáticos villanos de Marvel, sobre todo cuando hablamos de Galactus.
Este listado podría seguir, pues realmente hay muchas adaptaciones que son lamentables. Aunque disfrutables, rescato poco de los X-Men en general y lo mismo me pasa con el Spiderman de Raimi. Pero si queremos entrar en polémica, nada mejor que un listado con las diez mejores adaptaciones. He aquí mis elegidas.
1.- V for vendetta. Sí, digan lo que digan, esta versión no se apega muy bien al original, pero el guion de los hermanos Wachowski es una chulada.
2.- Watchmen. ¡Alan Moore, retuércete en donde estés! La verdad es que sus obras clásicas no son malas adaptaciones, aunque no respeten lo que Moore planteaba en sus originales. Bien merecida la parodia que de él hacen en los Simpsons. Respecto a la adaptación, me parece mejor logrado el efecto con el terror atómico logrado en el filme. Y si bien es lamentable la omisión de la historia de los piratas, comprendo que era un hilo argumental más difícil de trasladar a la pantalla.
3.- La trilogía del Batman de Nolan. El primer episodio de esta trilogía es maravilloso por su realismo; el segundo le debe todo su éxito a la actuación de Heath Ledger; y la última parte es un buen cierre, aunque a mi juicio sea la película más lenta y la más imprecisa de todas.
4.- Hellboy. Si bien procede de un cómic más oscuro, la versión del paisano Del Toro le hizo justicia al niño del infierno. Maravillosos efectos, y muy buenas tramas. 
5.- Superman. La primer adaptación con Cristopher Reeve es una obra de arte. Guion de Mario Puzo, actuación de Marlon Brando, un protagonista inolvidable y grandes villanos. Lástima de las dos últimas partes.
6.- Man of Steel. No la pongo en primer lugar para que no me tachen de grupie, pero qué manera de rehacer un mito. Estamos ante una película para adultos, pues su comprensión requiere más madurez mental que otras cintas de superhéroes. El guion de Man of steel está muy bien elaborado, su fotografía tiene unas tomas y unos encuadres bellísimos. Aquí no hay el putazo por el putazo, no hay chistes bobos ni se demerita a los villanos. Man of steel se sostiene a sí mismo como un sólo universo, cosa que muchas películas de Marvel, aunque me diviertan, no tienen.
7.- The Avengers. Sí, adoro las películas de Marvel, porque son hechas para entretener. Contrario al caso de Man of steel , esta historia es plana, muy simple, con un guion que no se complica y que, sin embargo, cierra de manera magistral todo lo hecho en la fase un del universo cinematográfico de Marvel.
8.- Kick Ass. Aún sin haber leído la versión del cómic, le apuesto mi resto a esta adaptación. ¿Por qué? Por el realismo que imprime el guion a sus personajes, además de la burla que les hace como seres marginados de la sociedad. Mención aparte merece la lolita Hit Girl, que a sus pocos años provocó erecciones a más de uno.
9.- Syn City. ¿A poco se me iba a olvidar? Una belleza de Frank Miller. Una excelsa dirección de Robert Rodriguez. Un gran equipo de actores. Una fotografía maravillosa. Talento desbocado es lo que hay en esta cinta.
10.- 300. Una joya. Un tributo estético. No hay nada más superheroico que un ejército de 300 hombres luchando contra el destino que de sobra ya conocen.
Y así, con el riesgo de las omisiones que entrañan las listas, espero no haber olvidado ninguna obra de arte, como las hasta ahora omisas The prestige, Ghost world, o Persépolis, que sin duda también merecen un lugar en este recuento.

martes, 20 de agosto de 2013

Marchas y desgastes

10 de junio de 2013
Marchas y desgastes
Hoy, en la conmemoración del “Halconazo” hubo detenidos en el DF. Independientemente de la filiación de los mismos, me pregunto: ¿Somos tan idiotas para seguir marchando cuando sabemos que tenemos un aparato represor? ¿A poco no tenemos ni tantita inteligencia como para hacer otras cosas que no sean marchas? ¿A las cuantas marchas reprimidas vamos a aprender a identificar a las personas que van a provocar disturbios? ¿A las cuantas marchas reprimidas vamos a aprender que se puede marchar siempre y cuando contemos con planes de contingencia para evitar vandalismo? ¿A las cuantas marchas reprimidas vamos a aprender que no somos sacos de golpeo para las autoridades? ¿A las cuantas marchas reprimidas vamos a aprender que se necesita inteligencia para organizar una marcha? ¿A las cuántas marchas reprimidas vamos a aprender que para que una marcha no sea reprimida se necesita de un verdadero apoyo popular? ¿A las cuantas marchas reprimidas caeremos en la cuenta que el activismo requiere propuestas y no catarsis callejera?
Que conste en las actas: no hago estas preguntas para molestar o demeritar los esfuerzos de “resistencia civil”, contrario a lo que muchos de mis ex compañeros del movimiento estudiantil #YoSoy132 piensan. En ese sentido puedo decir que me refugio en la voz de mi experiencia organizando las primeras marchas anti Peña en la ciudad de Guadalajara, y colaborando en la organización de algunas de las posteriores marchas de dicho movimiento.
Dichas manifestaciones tuvieron saldos blancos porque en su momento tuvieron un equipo de hasta más de 30 personas que las planeó; evitó en la medida de lo posible, una afectación total del tráfico de la ciudad; estuvo en comunicación constante; recorrió a pie, en bici y con carros por calles paralelas la ruta de la marcha; e incluso se contó con avanzadas que nos avisaban de cualquier incidente. Existieron, además, otros factores que fueron decisivos, pero en general puedo afirmar que a quienes les encanta convocar marchas pasan por alto elementos tan sencillos como los antes mencionados.
¿Marchar por marchar? ¿Marchar para mostrar el músculo? ¿Marchar para ganar simpatizantes? ¿Marchar como señal de catarsis colectiva? ¿O preferir, de vez en cuando, la inteligencia y la planeación?