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jueves, 13 de octubre de 2016

La noche que conocí a Bob Dylan

13 de octubre de 2016
La noche que conocí a Bob Dylan
Recién comenzaba el 2008 y los tapatíos sabíamos que Bob Dylan daría un concierto en la ciudad. Los precios de entrada correspondían a los de un músico legendario, por lo cuál era imposible para mi pensar siquiera en la posibilidad de ver a Dylan en la fecha de su presentación. Mi caso no era el de un seguidor acérrimo, pues apenas había escuchado los éxitos del cantante más por esa bella película donde actores de renombre y músicos de primer orden interpretaban distintas facetas del artista. Al igual que Lennon, no era un creyente de Zimmerman.
Dylan cumplió sus compromisos pactados en Monterrey, el entonces DF, y Guadalajara, y cuando se disponía a seguir su gira por el sur del continente, la noticia corrió como pólvora: la leyenda daría un concierto gratis en Zacatecas. Quizá entusiasmados porque la distancia no era mucha, y envalentonados por una juventud que probábamos y poco a poco se iba, la noche del 24 de marzo nos subimos al Ford Fiesta de un amigo y al ritmo de Fito Páez decidimos poner a rodar la vida.
Ya en Zacatecas se sentía el aroma de lo que sería una noche única en la ciudad. La plaza rebosaba de gente de todo el país: todos los presentes sabíamos que lo que ahí aconteciera sería único. De 6 personas que salimos de Guadalajara sólo dos nos encaminamos a la Plaza de armas, donde un escenario enorme y una tribuna de iguales proporciones ya estaban listos para recibir a una leyenda, sus creyentes y los que a partir de ese momento serían sus nuevos adeptos.
Para algunos la noche fue decepcionante: esperaban a un músico fuera joven para siempre, querían escuchar los mismos himnos en su versión de hace 40 años. Y es que muchos habían escuchado a Robert Zimmerman, pero pocos habían conocido a Bob Dylan, sin importar cuántas veces lo hubieran visto. Para quienes apenas lo habíamos descubierto, la mejor pista era justamente la cinta del año anterior: I'm not there era el manifiesto de lo que era Robert Allen Zimmerman, mejor conocido como Bob Dylan, un músico dispuesto a respetar al cambio como regla de vida.
La noche que conocí a Bob Dylan fue la noche que escuché "Like a rolling stone" en una versión que nada se parecía a la original: era el peso de la tradición dando vueltas y vueltas reconociendo esa máxima de los blueseros que en algún momento lo inspiraron: piedra que rueda no genera moho...

jueves, 4 de septiembre de 2014

¡Gracias... totales!

04 de septiembre de 2014
¡Gracias... totales!
Es 1997; tal vez 1998. No lo recuerdo con detalle, pero aún veo que mamá escribe sobre unas hojas arrancadas al cuaderno. Después me entero que ese manuscrito es una carta para papá, del cuál ya tenía al menos un año separada. En la carta menciona lo afectados que mi hermana y yo estamos por el divorcio y cómo poco a poco se van abriendo abismos que poco a poco se harán más grandes si no se establecen canales adecuados de comunicación. Mujer sabia, mamá le da consejos a papá: gustos, preferencias, e incomodidades de sus hijos. En ese entonces casi no escucho música por elección. A mi alrededor suenan las melodías del pop más ramplón elaborado por astutos productores que saben lo que un quinteto de muchachos cantando y bailando coreografías nada complejas pueden hacer con las hormonas de millones de adolescentes. Es paradójico que entre esa música ligera suenen cuatro sencillos acordes de guitarra, repetidos hasta el éxtasis acompañados de bajo, batería y voz. Cuando todo llega a su fin, un agradecimiento y un riff de esa guitarra cierran un capítulo más para Gustavo Cerati y Soda Stereo, al tiempo que abren uno nuevo para mi.
Entre el millar de ideas que mamá le arrojó a papá, una sugerencia fue seguida al pie de la letra: "habla a tus hijos en su idioma. Ellos necesitan saber que los escuchas. A Juan Carlos le gusta mucho un grupo que se llama Soda Stereo." Al siguiente fin de semana, luego de haber leído la carta, papá nos llevó al centro de la ciudad y nos dejó comprar la música que quisimos. En mis manos se encontró, desde entonces, la antología doble titulada Chau Soda. El repaso definitivo de la trayectoria musical del terceto argentino.
***
Compré mi primera guitarra mientras cursaba la preparatoria. Aún hoy, lejos de Guadalajara, la conservo conmigo. Y aunque una guitarra eléctrica le hace compañía desde hace dos años, la vieja guitarra de palo sigue siendo mi primer amor: no importa cuántas veces se rompa o se maltrate, sigue ahí, brindando su mejor sonido a la menor provocación.
Al igual que mi generación, o al menos así lo pienso, aprendí a tocar varias canciones de Soda en la guitarra. La compré para eso. Sin maestro, y con un Guitarra fácil de por medio, todo era posible. Es increíble que a veces seamos tan ingenuos.
***
Hoy imagino lo que sintieron los fanáticos de los Beatles cuando se anunció la ruptura del cuarteto en 1970, o los sentimientos encontrados que la muerte de John Lennon provocó a muchos en los tempranos 80. Gustavo Cerati ha muerto, y con él se van los sueños de toda una generación que aprendió a cantar con él, en trío o en solitario, las letras que hablaban de todo y nada, de metáforas de la vida o la sencillez de la misma.
El mejor Cerati hizo arte a partir de los 90: discos eternos que agotaron su vida en una bocanada. Gustavo Adrián fue una fuerza natural que desde entonces no paró de experimentar. Había que verlo en vivo, escucharlo, sentir la potencia de su guitarra o de su voz. Gracias por tu música: a partir de ahora siempre será hoy.

domingo, 20 de julio de 2008

27 de junio de 2008
Del arte de hacer un auténtico Unplugged
¿Se puede pedir algo más teniendo un disco donde Julieta Venegas, Natalia Lafourcade y La Mala Rodríguez interpretan una misma canción? ¿Es mucha exigencia que un disco unplugged tenga invitados de calidad y que estos no sean simplemente el sabor del mes? ¿Realmente es posible que el nuevo disco de Julieta Venegas sea tan bueno?
Es evidente, mi juicio está salpicado por la visión del seguidor de la Venegas que siempre he sido. Pero esto, más allá de ser negativo, es un mérito de quien reconoce la calidad de los arreglos que Julieta ha hecho a su trabajo sin necesidad de ser complaciente en la reseña. Basta escuchar "Esta vez" o "Cómo sé" para notar que la Venegas que todos conocimos con su primer disco sigue ahí, simplemente con una necesidad de buscar nuevos sonidos que la satisfagan.
Y es que el nuevo tratamiento que reciben todos los temas de "La Milagrosa" resalta que más allá de ser roquera, skata, popera, reguetonera o norteña, Julieta Venegas es un músico en toda la extensión de la palabra, capaz de ejecutar varios instrumentos, entre ellos la guitarra, el piano y el acordeón. En ese tenor se agradece la presencia de Lafourcade como miembro de la banda para este concierto; Natalia está ahí no sólo como una corista, sino que además aporta los sonidos del vibráfono, el banjo, el serrucho y el cavaquinho, entre otros. La banda merece también una mención importante: ahí aparecen desde un cuarteto de cuerdas, una pequeña pero maravillosa sección de instrumentos de viento y los músicos que habitualmente siguen a la Venegas en sus giras.
Hablando de los músicos, conviene recordar que uno de los invitados especiales ya fue mencionado: Natalia Lafourcade. La Mala Rodríguez también hace su aparición en el recuento, pero no por ello debemos olvidar que Julieta se supo acompañar de otros grandes que le dan más importancia a este concierto grabado para la cadena Mtv. Ahí está tras el banjo, por ejemplo, Gustavo Santaolalla, el rey Midas del rock en español, ganador de dos premios Oscar por sus arreglos a la banda sonora de diferentes cintas. Marisa Monte aporta su gran voz para el tema "Ilusión" compuesto por la Venegas pero adaptado al portugués por la misma Marisa y el músico y escritor brasileño Arnaldo Antunes. Y por último, pero no por ello menos importante, si es que vale el cliché, el reconocimiento al cellista Jaques Morelenbaum, quien se encargó de apoyar a la tijuanense en los arreglos de las cuerdas.
El Unplugged de la Venegas está ahí y nuevamente, como ha sucedido desde su disco Sí, avivará las críticas entre quienes la consideren una vendida y traicionera a los sacrosantos estatutos de la roquera que accede a aparecer en los medios. Así, los mismos que le perdonan a Saúl Hernández aparecer en Hoy, los mismos que luego de ver a Fobia en un comercial de Doritos fueron a comprar su nuevo disco, sí, ellos, son quienes ahora crucificarán a la tijuanense por, sacrilegio, hacerse acompañar de Natalia Lafourcade. También estarán los otros, aquellos que por igual escuchan a Paulina Rubio y a Thalía, y se sintieron cautivados por "Andar conmigo", la masa acrítica que igual canta "Metrosexual" y "El presente", sencillo desprendido de este disco. Y en medio de todos ellos, unos cuantos que agradecen un buen disco de una de las mejores músicos que se han aparecido por estos lares.
P.d. No hay que perder de vista el magnífico detalle de la portada. Gracias a Kundera y a Cortázar, por citar sólo a dos grandes escritores, he caído en la cuenta de que los grandes artistas siempre viven con un pie en el precipicio; Julieta no podía quedarse atrás.
Me ganó lo fan, lo sé, pero con pocos vale la pena entusiasmarse tanto.

lunes, 16 de julio de 2007

4 de julio de 2007
Punk, punk; sólo hay uno...
Capítulo I. La música. Nueva York, 1974. Sólo se necesitó de un ejército de cuatro jóvenes aburridos para capitalizar lo que ya venía anunciándose desde The Who, Velvet Underground, Iggy and the Stooges y The New York dolls. Gracias a la idea del Do it yourself, la avanzada de los Ramones puso de cabeza a la gran manzana; una banda punk con un gran sentido del pop, tanto, que hasta Andy Warhol se rindió a sus encantos. “Today your love, tomorrow the world.”
Capítulo II. La actitud, la estética. Londres, 1975. Malcolm McLaren, estudiante de arte y dueño de una tienda de ropa a la moda, luego de fungir como manejador de los New York dolls, decide crear y controlar su propia banda de rock. Con ayuda de Vivienne Westwood les diseña una apariencia basada en ropas rasgadas, como las que ya usaban lo Ramones; insignias y símbolos militares, como las que ya usaban los Ramones; y el nuevo cuarteto, como ya lo eran los Ramones, se lanza a la conquista de una Inglaterra bastante machacada. Lo mejor de este grupo llegó cuando ingresó a sus filas un bajista de actitud mientamadres, como el que ya tenían los Ramones. Sí, podría decirse que los Sex Pistols hacían lo mismo que los Ramones, pero con qué actitud... “Anarchy in the UK.”
Capítulo III. La posición. Londres, 1976. Si el mundo tenía una llaga llamada punk, fruto de una juventud violentada y reprimida, era necesario que alguna parte de ese “defecto” señalara lo que la había provocado. Si los Ramones eran la avanzada y los Pistols habían señalado al régimen fascista de la reina como enemigo ¿no era necesario tener una ideología de combate? Ahí es donde encajan frases como Combat rock o “Creative violence.” Pero ese no fue el principal mérito de los The Clash, quienes entre otras cosas supieron adaptar al punk para que éste recibiera diferentes influencias que enriquecieron su manera de hacer música. Rock, punk, reggae, ska, pop. “Revolution rock.”
Capítulo IV. Lo que vino después. El punk adoptó diversas caras, aunque ninguna de ellas ha sido tan valiosa como la del primer boom. Algunos grupos siguieron las rutas del hardcore delineadas por los Ramones, mientras que otros cayeron en la onda panfletaria y se volvieron grupos cerrados y extremos. La mayoría cedió a las mismas contradicciones del movimiento y sólo ayudó a convertir al punk en una triste broma de sí mismo...
Epílogo. Un lugar cualquiera, 2007. Sin duda que en el tránsito diario por la vida usted los ha visto; ahí donde seguramente usted toma un café o acude a realizar ese acto tan mundano que la gente de limitadas capacidades mentales llama “shopping.” Son chicos normales, oscilan entre los catorce y los veinte años de edad. La mayoría de ellos hijos de matrimonios jóvenes de clase media alta con una buena posición económica, por lo cual no es extraño verlos al último grito de la moda. Son punks de diseñador en el mal sentido de la palabra, cuyo acervo musical parte de Green Day para adelante...
“¿Ya viste esa playera de Ramones?” “Esta chida, pero ¿Quiénes eran esos?” “Pues no sé. Tú cómprala, wey. Total, están de moda...”
1 de julio de 2007
Icky thump
Cuando a principios del dos mil seis comenzó a circular la noticia de que Jack White formaría parte de una nueva banda llamada The Raconteurs, también corrió el rumor de la desintegración de los White Stripes. El guitarrista aclaró la situación desde el inicio y se limitó a decir que no pasaría mucho tiempo para ver un nuevo álbum de los rayas blancas.
Hace unos cuantos días salió a la venta el nuevo álbum del dueto formado por hermanos Jack y Meg White, el cual viene respaldado y no, por las declaraciones que el guitarrista dio hace poco a la Rolling stone: “No suena como ningún otro de nuestros discos. Es muy pesado.” En honor a la verdad, Icky thump, nombre de esta producción, es todo un tour de force por la historia del dueto, al mismo tiempo que muestra nuevas opciones que tal vez no hubieran encajado en discos anteriores a éste.
Así, entre las novedades ofrecidas están el tema que abre y da nombre a la producción, donde Jack ataca la construcción del muro fronterizo y le pregunta a los gringos ¿por qué no se expulsan ustedes que son inmigrantes también? Musicalmente ofrece, amén de las eléctricas guitarras, esa batería siempre acompasada y precisa, y el uso de sintetizadores, un inventivo solo de guitarra, parte fundamental en el desarrollo de la canción.
El siguiente corte es una mezcla perfecta de lo que ha sido la carrera de este dueto: cierta ambivalencia entre lo inocente y lo crudo. No en vano el nombre de la banda proviene de los dulces bicolores de menta y cereza. Con ciertos ecos del Elephant (“There’s no home for you here”) aderezados con un órgano Hammond, llega esta pieza, cuyo sencillo cierre, solo de guitarra incluido, da muestra de por qué Jack White es uno de los mejores guitarristas de rock en la actualidad.
Nuevos ecos se hacen presentes en “300 M.P.H...” ahora recordando los mejores momentos acústicos del disco anterior, aunque eso sí, para desgracia, sin pianos ni marimbas. A favor de esta canción, y de todo el material, de hecho, se puede decir que su palabra clave es “equilibrio.” Los White Stripes logran en este álbum un balance entre lo eléctrico del Elephant y lo acústico del Get behind me satan; entre una batería que funciona como mero acompañamiento y otra que por momentos se vuelve protagonista de los cortes; entre una Meg que sólo le pega a los tambores y otra simpática en las voces, como bien lo había demostrado en discos anteriores.
El cambio de aires se hace evidente en el corte número cuatro: “Conquest” es una canción que, con líneas de la guitarra, muy a la usanza de esas tonadas de plaza de toros, se hace acompañar de una poderosa trompeta de mariachi. Impensable en un disco anterior y prácticamente imposible de ejecutarse en vivo sin un músico extra, pero sin duda una excelente apuesta del dueto.
Y para recordarnos que lo mejor que hace este par es un rock guitarrero con aires de garage, aparece “Bone broke”; una composición que bien podría estar en cualquiera de sus tres primeros discos, figurando incluso al lado de un clásico del dueto: “Fell in love with a girl.”
“Prickly thorn...” y “St. Andrew...” por otro lado, son una muestra de ese aire conceptual y de investigación musical que Jack descubrió al colaborar en la banda sonora de Cold Mountain. Ambos temas están ligados por la batuta de una gaita que da pie al intercambio de notas con la guitarra de White y con la dulce voz de Meg.
El lado experimental descansa un poco y regresan otra vez los recuerdos del White blood cells. “Little cream soda”, pero sobretodo “Rag and bone” con ese jugueteo vocal entre Meg y Jack, el alucinante y constante pedaleo en el bombo y la repetición hipnótica en la melodía de la guitarra.
Icky thump finaliza con un cuarteto de temas interesantes en el buen sentido de la palabra. La primera dupla es la combinación entre guitarra, teclado y batería que arrojó tan buenos dividendos en la producción anterior. El broche de oro son esas dos joyitas guitarreras tituladas “Catch hell blues” y “Effect and cause.” Respecto a la pieza de blues, ésta cumple a la perfección aquello de que la guitarra le responde a la voz con esos viajadísimos solos que pasan por diferentes escalas. El campirano cierre del disco es un guiño al “Hotel yorba” con una inteligente y directa letra: “Well you can’t take the effect and make it the cause...”
El recuento nos ofrece un disco que, si bien no corresponde a las expectativas creadas luego de esas dos joyitas que son el rocanrolerísimo Elephant y el conceptual Get behind me Satan, sí da indicios de una búsqueda por nuevos horizontes. La producción en sí no es mala, pero parece más un trabajo de recapitulación emparentado a lo que le significo a este dueto el White blood cells, que un sonido fijo como el logrado en su clásico disco del cuadrúpedo.
Por lo pronto, habrá que esperar la segunda producción de los Raconteurs y la gira de ambos proyectos. Pero por favor, que los acompañen otra vez los Greenhornes...

lunes, 26 de febrero de 2007

21 de febrero de 2007
White Stripes
White blood cells fue, para muchos, una de las producciones discográficas más importantes del 2002 en cuanto al rock se refiere. Yo no lo sé de cierto, pero el caso es que una vez que tuve acceso total al disco, fui atrapado por los sucios acordes de la guitarra de Jack y las sencillas pero efectivas percusiones de Meg, ambos de apellido White...
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He de agregar que ésta no fue la primera grabación que tuve de dicho dueto, aunque sí contenía el tema con el cual los había conocido. Para más referencias, “Fell in love with a girl”, con sus guitarras de corte punk, la brevedad de una canción rock, y la actitud ruidosa que necesariamente llama la atención de más de uno.
Una vez consolidado el proyecto, los hermanos White trabajaron en su siguiente opus, el cual llevaría por título Elephant. Material de grandes ambiciones, este disco nunca disimula la influencia que Led Zeppelin ejerció en Jack White. Las chillonas voces remiten a Roberto Planta (Robert Plant), así como las guitarras nunca dejan de recordarnos a Jaime Página (Jimmy Page). Ninguna canción deja mal parada a otra; se trata de un disco uniforme en cuanto a calidad, que no a los ritmos. Desde mi muy particular gusto, las mejores son ese blues de ocho minutos que es “Ball and biscuit” y el sobresaliente tema de rock pesado de “Girl, you have no faith in medicine.”
No fue mucho el tiempo que pasó para que la dupla White pisara suelo mexicano. La buena nueva no paró ahí. Venían a presentar Get Behind me satan, disco que, tristemente, pudo conseguirse mucho tiempo después de la presentación.
Nuevamente, el material no decepcionó. Si la presentación fue genial (guitarra: 200 dólares; batería: 500 dólares; que un dueto musical suene como una banda de guerra, y de las buenas, no tiene precio), el disco fue magnífico. En apariencia se trata del trabajo más oscuro del dúo dinámico, pero una vez que se ha escuchado con atención uno presume que lo verdaderamente negro es la ausencia de un nuevo lanzamiento discográfico...
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¿Cómo sería un Greatest hits de los White Stripes de acuerdo a éste, su humilde servidor? Pues de entrada, me parece que deberían estar: “Let’s shake hands”, “Hotel Yorba”, “Fell in love with a girl”, “We’re going to be friends”, “Seven nation army”, “I just don’t know what to do with myself”, “Ball and biscuit”, “The hardest button to button”, “Hypnotize”, “Girl, you have no faith in medicine”, “Blue orchid”, “Take, take, take”, “Little ghost”, “White moon”, “Instinct blues” y “I’m lonely (but ain't that lonely yet).” Hágala, quémela o consígala. Atte. S. s. s.

lunes, 5 de febrero de 2007

26 de enero de 2007
Rock

I said: I know. It’s only rock and roll, but I like it...!
“It’s only rock ‘n’ roll.” Jagger & Richards
¿Relacionar el rock’n roll con el sexo? ¿En qué se parece hacer el amor al rock? Es posible que a más de uno le parezca extraño el símil, y, sin embargo, no hay nada más lejos de la verdad. Y es que el rock and roll fue, en un principio, un eufemismo tomado del argot de los negros para referirse al “intercambio sexual.”
En honor a la verdad, la mayoría de los adictos al género musical por excelencia de la segunda mitad del siglo XX desconocen que una original mezcla de blues, rhythm and blues, country, gospel y jazz, adicionado con una pizca de sal, derivó en lo que hoy se denomina rock & roll. Asimismo ignoran cómo fue que, poco tiempo después, al adoptar elementos de la música de protesta, éste se transformó en el archi requete recontra conocido rock.
El blues fue, sin duda, la principal influencia. Se adoptó, por principio de cuentas, a la guitarra y su forma de responder los versos entonados por el cantante. Y cuando el blues incluyó el ritmo, aquello derivó, según José Agustín, en rock’n roll. El country también ayudó con el ritmo de sus guitarras, mientras que, gracias al gospel, música religiosa de los negros, todo adquirió un cariz profundo. La libertad que destila el rock, por cierto, proviene del jazz y la música de protesta. Del primero se toma la capacidad de improvisar que lleva a sorprendentes solos o ejecuciones instrumentales que se sirven del acompañamiento rítmico, mientras gracias a la segunda, el rock se insufla de aires contraculturales...
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Creo que el mejor rock es aquel impregnado de guitarras, sean éstas acústicas o eléctricas. Aquel en donde los requintos te dejan una extraña sensación que recorre los nervios. Aquel que, sin imaginarlo, te lleva a simular tocar una guitarra invisible... Para tristeza de algunos aferrados, ese tipo de música murió en los setentas. Soy de la opinión que después de Led Cepillín el rock se estancó. Algunos podrán objetar y abogar por Pixies, Radiohead y White Stripes. Y con la honrosa excepción de los radiocabeza, los otros sólo se dedicaron a repetir los antiguos esquemas, principalmente los rayas blancas (y no de cocaína, sino las de los dulces de canela y menta), quienes dentro de su estruendoso estilo minimalista se fusilan (Jack White se fusila) a Jimmy Page y Robert Plant de... Led Zeppelin.
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¿En qué se parece el rock al sexo? La guitarra, instrumento quinta esencial del rock, es, todos lo sabemos, similar al cuerpo de la mujer. No sólo eso. Es “la” guitarra. Sea ésta eléctrica, acústica y, por qué no, electroacústica (porque las mujeres pueden clasificarse, igualmente, en estas tres ramas).
Las raíces del rock tienen también su influencia en el acto sexual. En el blues, la guitarra responde al cantante, así como hombre y mujer intercambian, entre cada acometida, jadeos de placer y satisfacción. Del rhythm y el country se obtiene el ritmo necesario que puede variar de rápido a lento y viceversa. El gospel, por otro lado, brinda la religiosidad y profundidad (literal y metafóricamente hablando) que el asunto sexual requiere, porque, señoras y señores, hacer el amor, como dirían los clásicos, o coger, para los menos doctos, no es una trivialidad más de este mundo sin sentido.
Para este humilde servidor, el mejor lugar para una transgresión es la cama... o el tan gastado asiento trasero, la cochera, un baño, la casa de los padres, una plaza pública, el salón de clases, una mesa de billar... Copular y cantar una canción de protesta sólo indican la búsqueda del hombre por la libertad.
El jazz es, por otro lado, libertad. Improvisación en su sentido más elevado. Besos, caricias y posiciones pasan a ser notas musicales que uno tiene que aprender a utilizar en el momento exacto. Hacer el amor es, por consiguiente, ejecutar la mejor pieza de rock. Después de esto, no hay música más hermosa que los orgásmicos acordes del cuerpo femenino.

viernes, 10 de noviembre de 2006

5 de noviembre de 2006
¡Lo logró!
Dicen por ahí que mi único pecado es ponerle atención a la carrera musical de Julieta Venegas. Como no oigo, no oigo, soy de palo y tengo orejas de pescado, me importa un vil rábano. Ayer fui a verla al Teatro Diana y disfruté lo que a mi parecer es el mejor concierto que ha dado en Guadalajara.
Y es que sin contar las presentaciones que ha tenido en conciertos organizados por estaciones radiofónicas, y los de la gira de su primer disco, he asistido a cada uno de los conciertos que ha dado en la ciudad. Como bono, puedo decir que la vi en el Vive Latino 2000.
Su set se basó más que nada en el nuevo disco que venía a presentar: Limón y sal. También recurrió mucho al trabajo por el cual muchos la consideran una vendida (aunque ella sigue exigiendo su dinero, como afirmó en una entrevista que dio a La mosca) y que a pesar de todo me parece uno de los discos fundamentales del pop mexicano. Sí es un disco que recorre desde las norteñas hasta el funk, y si muchos lo tachan de fresa es porque en realidad no lo han escuchado.
Era claro que iba a dejar algunas canciones de sus primeros discos de lado, y a pesar de interpretar los clásicos “De mis pasos” o “Sería feliz”, brilló por su ausencia “Cómo sé”, canción que escucho mientras escribo esta humilde opinión. Otra que la audiencia pedía a gritos fue “El listón de tu pelo”, ausencia que compensó con dos temas que no eran tan comunes en sus conciertos y que demuestran que la Venegas se preocupa por la situación actual del mundo y de México. Me refiero a la musicalización del poema de Neruda “A callarse” y a “La jaula de oro” de Los tigres del norte, canciones que fueron acompañadas por sendos comentarios que planeaban hacer conciencia en un público que prefirió pedir canciones que escucharla.
Sin embargo, el mayor logro de Julieta fue poner de pie a un escenario (¡lleno!) que suele ser un tanto apático con los cantantes que presenta. Bebel Gilberto o Cerati, por ejemplo, sufrieron para levantar de sus asientos a sus seguidores, a pesar de los constantes esfuerzos que hicieron.
P. D. Julieta: sé que muy difícilmente leerás esta petición, pero para la próxima no olvides estos fundamentales tuyos: “Cómo sé”, “Hoy no quiero”, “El listón de tu pelo” y “El triste”. Y si puedes cumplir con mi capricho de escuchar “Sueño de sombras” seguro así, sería feliz...

jueves, 2 de noviembre de 2006

1 de octubre de 2006
Puro rocanrol
Últimamente he descubierto que esa extraña afición que aún conservo por el rocanrol está ligada con un placer que todavía no he experimentado: manejar en carretera por el desierto. Digamos que me fascina el cliché que a usted y a mí, querido lector, nos ha vendido la cultura popular. Auto convertible en modelo sesentero, lentes de aviador, tejana, botas y pantalón de mezclilla como parte del atuendo. Ya usted decidirá si va o no en compañía de la chica de sus sueños. Yo lo haría.
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Obviamente no se prive usted de escuchar otros ritmos, tales como el padre del antes mencionado, el blues, o quizás primos hermanos como el folk (pienso en estos momentos en Bob Dylan), y por qué no, rock sesentero y setentero de la veta de Doors o Led Cepillín. No olvide cargar con la sangre nueva y la menos vieja, representadas por los White Stripes, Ryan Adams y los Pixies.
Ahora que si lo que usted necesita es música en español tenga al alcance de su mano discos de Ramón Ayala. Tome también algo de Enrique Búnbury en su faceta solista, sobre todo del Pequeño en delante; el Limón y sal o el Buenivento de la Venegas son buena opción, así como el Tarará de Gerardo Enciso y principalmente la Barranca con esas odas a la música mexicana como el Rueda de los tiempos o La tempestad.
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¿Algo de literatura? Por supuesto. Lea con toda la calma del mundo y a ritmo de (faltaba más) Los Relámpagos del Norte de Ramón Ayala y Cornelio Reyna esa excelente novela que si bien no habla de tierras desérticas, lo acercará al espíritu norteño. Me refiero por supuesto a Idos de la mente. La increíble y (a veces) triste historia de Ramón y Cornelio escrita por el desgraciadamente ignorado Luis Humberto Crosthwaite. Otros mexicanos dignos de este recuento son César López Cuadras y su Cástulo Bojórquez, y David Toscana con El último lector. Agregue a este paquete los textos de Guillermo Arriaga, Federico Arreola y Pancho Rodríguez quienes escriben, respectivamente, Un dulce olor a muerte, Las jiras y Una de balazos.
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Nos vemos en el camino (¿se fijan en mi manera de citar la obra de Jack Kerouac la cual hace referencia a los caminos de forma así o más obvia?)
P. D. No lea mientras conduce.

viernes, 13 de octubre de 2006

23 de septiembre de 2006
Black Francis
Francisco Prieto conocía desde el principio nuestras negras y obscuras intenciones. Por eso fundó una agrupación de culto con la capacidad de volver amenas las fiestas más pesadas y aburridas. La verdad es que aún no he conocido persona a quien no le gusten los Pixies y no sé si esto sea culpa de Brad Pitt.
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Estaba en secundaria cuando vi por primera vez Fight club. Lleno de prejuicios sobre la falta de talento de los niños bonitos, dudaba si asistir a los Multicinemas La Normal, aunque claro, bien dice el dicho que jalan más dos tetas que una carreta. Era menester aprovechar los encantos de Brad Pitt para salir acompañado de una puberta bonita. Al comenzar la película me vi atrapado por las memorables actuaciones de Edward Norton y el susodicho señor Pitt. El momento culmen de esta cinta, como usted recordará mi fiel amigo lector, es la explosión simultanea de los grupos financieros del mundo a ritmo de “Where is my mind?”
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La película terminó con una canción muy chida. Todos salimos satisfechos del cine, aunque me queda la espinita de saber quien canta. Acordamos volver el próximo miércoles de dos por uno y ver los créditos.
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Whit your feet on the air and your head on the ground,
try this trick and spin it.
Your head will collapse and there’s nothing in it,
and you’ll ask yourself:
Where is my mind?
Where is my mind?
Where is my mind?
Way out in the water, see it swimming?
I was swimming in the Caribbean,
animals where hiding behind the rocks.
Except the little fish
but they told me this is where it’s gonna talk to me honeybunny:
Where is my mind?
Where is my mind?
Where is my mind?
Way out in the water, see it swimming.

domingo, 3 de septiembre de 2006

14 de agosto de 2006
Los Red Hot, Zoé y Julieta
El viernes, en un arrebato consumista de esos que son provocados por los tentadores efectos de frases como nueve meses sin intereses, aplican restricciones, vea las letras chiquitas antes de vendernos su alma, sólo tarjetas participantes, compré las novedades discográficas de Red Hot Chilli Peppers, Zoé y Julieta Venegas. De lo que opino de dichos discos y el por qué decidí gastar mi dinero de esa manera, se enterará usted a continuación.
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Para Juan José, los RHCP son una auténtica basura sin Dave Navarro. El hecho de no estar de acuerdo con él no impide que sigamos siendo amigos. Mejor aún, él no me odia a pesar de mis gustos musicales. Del doble disco chillipepperiano, dividido en Jupiter (sin acento porque es en inglés, recuerde) y Mars, sólo puedo decir que no he podido escuchar la parte dos. La primera tiene al menos tres canciones que lo ponen a mover los pies, pero le recuerda que los pimientos más picantes se quedaron en el Blood Sugar Sex Magik y en el Californication. A pesar de eso, el bajo de Flea sigue siendo mejor condimento que la pimienta.
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Zoé será un buen grupo. Su vocalista incluso puede darse aires de artista mundial aunque no lo sea. Todavía es permitido presumir que su productor ha trabajado para Placebo y que a los mexicanos les cobra más barato por el simple placer de la música. Pero de ahí a decir que Zoé es el Pink Floyd mexicano huelga bastante. Buen disco a secas.
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Más discreta que los anteriores, Julieta Venegas vuelve a arriesgarse y edita otro material inscrito en la vena del pop, que no es lo mismo que popo. Con letras que saben a cantina y a lo largo de diversos ritmos como norteño, tango, rocanrol, aires de música española, guiños al Bueninvento (“Te voy a mostrar”) e incluso un afortunado reggaeton al lado del Dante Illya Kuryaki, la de Tijuana confirma (al menos eso pienso yo) que la buena música se hace sin encadenarse a un género o público.
En defensa de Julieta, y más allá de que estoy enamorado de ella, puedo decir que es una persona de convicciones. ¿O quién, en su sano juicio, se manifestaría a favor del voto por voto a pesar de que casi todo su público apoyó Fecal?