domingo, 18 de octubre de 2015

Invitación

18 de octubre de 2015
Invitación
Domingo con horario de invierno. Me levanto a las 8 sin saber si son las horas que el reloj indica: marca las 8, de seguro lo son, pero lo cierto es que el mundo entero gira con un uso horario distinto al mío. Me levanto, pues. Desconecto la luz que me sigo robando y la mañana se me va en cosas intrascendentes.
Salgo de casa para ir a la antigua Ciudad de los Palacios; el largo recorrido, de poco más de una hora, es suficiente para leer un poemario más de Luis Vicente de Aguinaga. Adolescencia y otras cuentas pendientes (Dirección General de Publicaciones, 2011) es un libro que desde la inocencia expone temas que no lo son: Dios, la muerte, los ídolos, y la percepción misma de las cosas, se ven reflejados en poemas breves que surgen de paseos por el zoológico, de dudas externadas, del periódico del día o del sacar a los objetos de su contexto.
Aprópiese, lector, de estos versos, así como lo hace una corbata de su armario, y pregúntese: ¿por qué adoramos a Jesús, a Jürgen Klinsmann, o a George Harrison en solitario o detrás de tres beatles? ¿Por qué?

lunes, 7 de septiembre de 2015

La eternidad por fin comienza un lunes

07 de septiembre de 2015
La eternidad por fin comienza un lunes
Sobre los lunes se han dicho tantas cosas, muchas de ellas justas, otras no tanto, y otras que ni siquiera son ciertas. La eternidad por fin comienza un lunes es una frase completamente sugerente, que inmediatamente me remite a Eliseo Alberto, autor de la novela cuyo título da nombre a otra novela en el texto que el cubano escribe. Metaficción pura que te vuela la cabeza...
Los lunes son también una genial oportunidad para empezar un nuevo proyecto, o al menos eso dice Goran Petrovic en ese otro ejercicio de la pluma y la literatura más fina: La mano de la buena fortuna.
(Aún quiero leer un libro y encontrarte entre sus páginas. Empecemos un lunes, puede ser hoy o la semana próxima, pero no dejes que la eternidad comience un martes: sería un día pésimo y estaría condenada al fracaso.)
Muchos odiamos los lunes. Nos recuerdan lo horrible del mito del eterno retorno; hombres condenados a repetir el mismo ciclo una y otra vez. Los lunes son las rocas que nos vuelven Sísifos. Deseamos llevar ese día lejos, pero siempre tendremos que lidiar con él, con su carga y con sus responsabilidades.
(Citémonos un lunes, dos o tres. La eternidad por fin comienza un lunes. Que nuestra única responsabilidad sea perdernos en las letras, encontrarnos en La mano de la buena fortuna. Qué importa si los lunes son negros o son azules. Que los lunes importen sólo porque nos permiten emerger de nuestras cenizas. Polvo eres y en polvo te convertirás, así por toda la eternidad...)

domingo, 28 de junio de 2015

Un universo cerrado

28 de noviembre de 2014
Un universo cerrado
  • Toda obra está supeditada a La Obra. Así, cada obra anticipa o anuncia lo que vendrá.
  • Proyecto ambicioso si se delínea afortunadamente. Es una forma de atar todas las inquietudes a un solo tema. Ambición quijotesca.
  • Descartar una ambición "a lo Balzac." No se trata de escribir la gran novela humana, sino de crear un universo amplio en personajes, pero cerrado y constreñido en su propio eje.
  • La escritura es el pretexto sin que el medio importe: cómic, novela, cuento, guión.
  • Crear retos personales. Escribe una historia atado al rigor de cierto formato.
  • El formato es una inspiración. Esta idea surge de otros formatos: Will Eisner y su Contrato con Dios, Quentin Tarantino y su universo, George Lucas y su aparente desorden narrativo en Star Wars, o el universo cinematográfico de Marvel Cómics.
  • La afortunada coincidencia: los ejemplos de esta idea vienen del guión. El cómic, el teatro, el cine y la tv son formatos en apariencia rígidos que juegan con este concepto.
(Notas extraídas de mi libreta de proyectos personales)

jueves, 4 de septiembre de 2014

¡Gracias... totales!

04 de septiembre de 2014
¡Gracias... totales!
Es 1997; tal vez 1998. No lo recuerdo con detalle, pero aún veo que mamá escribe sobre unas hojas arrancadas al cuaderno. Después me entero que ese manuscrito es una carta para papá, del cuál ya tenía al menos un año separada. En la carta menciona lo afectados que mi hermana y yo estamos por el divorcio y cómo poco a poco se van abriendo abismos que poco a poco se harán más grandes si no se establecen canales adecuados de comunicación. Mujer sabia, mamá le da consejos a papá: gustos, preferencias, e incomodidades de sus hijos. En ese entonces casi no escucho música por elección. A mi alrededor suenan las melodías del pop más ramplón elaborado por astutos productores que saben lo que un quinteto de muchachos cantando y bailando coreografías nada complejas pueden hacer con las hormonas de millones de adolescentes. Es paradójico que entre esa música ligera suenen cuatro sencillos acordes de guitarra, repetidos hasta el éxtasis acompañados de bajo, batería y voz. Cuando todo llega a su fin, un agradecimiento y un riff de esa guitarra cierran un capítulo más para Gustavo Cerati y Soda Stereo, al tiempo que abren uno nuevo para mi.
Entre el millar de ideas que mamá le arrojó a papá, una sugerencia fue seguida al pie de la letra: "habla a tus hijos en su idioma. Ellos necesitan saber que los escuchas. A Juan Carlos le gusta mucho un grupo que se llama Soda Stereo." Al siguiente fin de semana, luego de haber leído la carta, papá nos llevó al centro de la ciudad y nos dejó comprar la música que quisimos. En mis manos se encontró, desde entonces, la antología doble titulada Chau Soda. El repaso definitivo de la trayectoria musical del terceto argentino.
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Compré mi primera guitarra mientras cursaba la preparatoria. Aún hoy, lejos de Guadalajara, la conservo conmigo. Y aunque una guitarra eléctrica le hace compañía desde hace dos años, la vieja guitarra de palo sigue siendo mi primer amor: no importa cuántas veces se rompa o se maltrate, sigue ahí, brindando su mejor sonido a la menor provocación.
Al igual que mi generación, o al menos así lo pienso, aprendí a tocar varias canciones de Soda en la guitarra. La compré para eso. Sin maestro, y con un Guitarra fácil de por medio, todo era posible. Es increíble que a veces seamos tan ingenuos.
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Hoy imagino lo que sintieron los fanáticos de los Beatles cuando se anunció la ruptura del cuarteto en 1970, o los sentimientos encontrados que la muerte de John Lennon provocó a muchos en los tempranos 80. Gustavo Cerati ha muerto, y con él se van los sueños de toda una generación que aprendió a cantar con él, en trío o en solitario, las letras que hablaban de todo y nada, de metáforas de la vida o la sencillez de la misma.
El mejor Cerati hizo arte a partir de los 90: discos eternos que agotaron su vida en una bocanada. Gustavo Adrián fue una fuerza natural que desde entonces no paró de experimentar. Había que verlo en vivo, escucharlo, sentir la potencia de su guitarra o de su voz. Gracias por tu música: a partir de ahora siempre será hoy.

domingo, 31 de agosto de 2014

La culpa es de los tlaxcaltecas

31 de agosto de 2014
La culpa es de los tlaxcaltecas
A mediados del siglo pasado la narradora Elena Garro escribió ese fascinante relato cuyo título era un descargo de culpas hacia el pueblo tlaxcalteca. Recordemos que al menos desde un punto de vista histórico a los indígenas de esta región del país se les achaca la derrota azteca y la consecuente conquista española, olvidando las propias culpas aztecas, la estrategia militar española, las enfermedades traídas por los europeos a nuestro territorio, o el resto de alianzas que Cortés estableció en su camino a la gran Tenochtitlán.
Desde esta perspectiva, el tlaxcalteca es, pues, un chivo expiatorio de la historia, el responsable de nuestra debacle, el traidor de la nación, el pretexto de nuestra perenne victimización.
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Tlaxcala es un estado ubicado al centro de México que me llena de gratos recuerdos: se trata del hogar de personas a las que quiero en demasía. Es, desde mi experiencia, tierra de gente cálida y dedicada, cariñosa y desinteresada, dispuesta a ofrecer lo mejor de sí sin esperar nada a cambio. No se tome este escrito como una ofensa a esa gente que me ha brindado su casa y su cariño. Estas líneas son sólo síntoma de mi propia frustración descubierta una vez más, ahora en suelo tlaxcalteca.
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¿Cuántas veces has sentido hambre sin poder saciarla? ¿Cuántas veces has contenido el llanto hasta desgarrar tu garganta en un grito que deshaga el nudo de emociones contenidas? Peor aún... ¿Cuántas veces has callado, acobardado ante tus sentimientos de odio, alegría o amor?
La imposibilidad del escritor es doble, pues de frente no puede decir lo que siente, y en ocasiones, frente al papel, las palabras o las formas le son insuficientes para expresar sus demonios. El escritor puede ser similar al comediante: crea personajes de sí mismo para ocultar sus emociones o decir sus verdades de manera velada. El escritor puede ser una versión del chiste de Pagliacci.
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Desde mi asiento la vista se reduce a viajantes que abordan el mismo autobús que yo. Algunos suben solos: en los andenes nadie los despide. En ocasiones, algún amante acompaña al viajero. Las despedidas son emotivas, llenas de besos, abrazos; alegrías por un pronto reencuentro o lágrimas por una larga ausencia. Desde mi asiento los observo con envidia: nadie llora mi partida ni espera mi regreso. Mi fracaso es del hombre solo, el que se guarda su cariño porque no sabe brindarlo, porque nadie lo espera y nadie lo pide.
En Tlaxcala dos amantes se despiden, mientras yo los culpo del fracaso de mi vida...

domingo, 15 de junio de 2014

Bajo la misma estrella

12 de junio de 2014
Bajo la misma estrella
Hace algunos días confesaba con cierta culpabilidad mis deseos de ver la película titulada Bajo la misma estrella, basada en el libro homónimo de John Green. Debo añadir que el sentimiento no es gratuito y que además es genuino. A continuación explico por qué.
John Green, nacido en Estados Unidos en 1977 es un escritor enfocado al mercado juvenil. Identificar el nicho de mercado de este autor es pertinente, pues su obra está plagada de protagonistas cuya edad ronda los 15 y los 18 años: la chaviza adolescente que puede identificarse con sus personajes, sus situaciones y sus historias, pues. El problema que esto me representa es que en la actualidad el mundo vive una homogénea adolescencia que se extiende a los 30, 35, y hasta a los 45 años de edad sin que el número pareciera detenerse pronto.
No se me malinterprete: la obra de Green no me parece abominable o aborrecible (peores cosas se han leído de forma masiva), e incluso su lectura me ha invitado a la repetición de alguno de sus títulos. Estamos ante un joven escritor que me parece ha encontrado en su primera obra, atractiva y bien escrita, por cierto, un nicho de mercado del cual difícilmente podrá separarse. Buscando a Alaska, novela iniciática donde el joven Miles ("and miles to go before I sleep") busca dos esencias que encuentra en la presencia (¿o en la ausencia?) de la  por siempre joven Alaska Young.
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Existen realidades tan brutales que incluso la palabra no puede nombrar. Nos encontramos en estos casos ante lo inefable, lo indecible. ¿Cómo se le llama a una madre que ha perdido a su hijo? ¿Por qué al hijo que pierde a su madre sí se le dice huérfano, pero somos incapaces de siquiera nominar un dolor o estado tan terrible como el antes descrito?
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John Green es ahora un referente más de la cultura pop. Quien lo lea se fijará más en sus referencias a Prince o a Peter Gabriel que en sus no tan veladas menciones a Robert Frost, Francois Villon o Gabriel García Márquez, por mencionar a algunos. John Green será recordado por lograr que el papel de dos jóvenes con cáncer que se enamoran sea el prototipo de amor perfecto ("¿quién sería el monstruo capaz de escribir eso?") y que las niñas deseen tener cáncer para encontrar al amor puro y (aparentemente) prohibido por una muerte inminente. Y ese será el pecado de Green, pues aunque trate de mencionar a los grandes de la literatura en su obra, en el fondo el intertexto que más pesará sobre él será el de Stephenie Meyer.

sábado, 3 de mayo de 2014

Inventario, o las últimas palabras de José Emilio Pacheco

03 de febrero de 2014
Inventario, o las últimas palabras de José Emilio Pacheco
Una de las palabras que resuena constantemente en mi imaginario es la que da nombre a la obra de dos de los mexicanos ilustres del siglo XX. Inventario, además de su denotación como asiento de bienes y propiedades de un individuo, para mí connota lo mejor de la actividad imaginativa. Pensemos, pues, en el inventario como ese listado donde queda registro de todas nuestras creaciones.
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No deja de resultar curioso que Arreola y Pacheco acudan a la memoria. El segundo fue amanuense del primero, y para José Emilio eso justificaba su paso por la tierra. A más de una semana de su muerte, sus lectores sabemos que hay más razones que lo justifican: entre ellas, por citar unas cuantas, están sus obras, donde Pacheco hablaba a menudo de la muerte, con una facilidad que resultaba inquietante.
Cuando uno lee las obras, o la crítica hacia las obras de Pacheco, notará que hay un detalle sobresaliente sobre todos los demás: la sencillez de su lenguaje. El autor de Las batallas en el desierto (ese libro que tanto le gusta a ella), era un escritor que no se complicaba buscando la expresión más sombría o rebuscada para expresar sus ideas. Al contrario. Su poesía, sus novelas, sus ensayos, y sobre todo sus Inventarios, dan nota del hombre que era capaz de contarnos las cosas más complejas en el lenguaje más sencillo.
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El día que falleció Pacheco, un amigo escribió en su facebook, palabras más, palabras menos, que respetaba a aquellos escritores que alejados de la parafernalia de la fama preferían la cátedra por medio de sus obras y sus Obras, a aquellos que si bien contaban con una gran Obra, tenían poca obra hacia su generación o las generaciones venideras.
Arreola, más que Rulfo, tenía vocación de maestro. Pacheco fue alumno del primero, y sin duda de ahí aprendió que los mejores escritores se forman a partir del trabajo en taller. Esa labor de "talacha" requiere sin duda de maestro y aprendices, y más importante, de personas que continúen esa didactica. Por eso los Arreolas y los Pachecos sobre los Rulfos y los Paz.
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Del oficio de maestro aprendí muchas cosas, más de las que realmente enseñé, y una de ellas fue que existía una novela titulada Buscando a Alaska, del autor estadounidense John Green. Sin descalificarla por tratarse de una novela juvenil, o menospreciar al autor por su perfil comercial (prejuicios aún instalados en el colectivo), nos encontramos ante una obra sencilla y bien escrita.
Muy lejos de aquella comparación con El guardián entre el centeno, pero también de Crepúsculo y otros fenómenos más comerciales que literarios, la novela de Green trata de un adolescente en busca de su gran quizás, idea arrebatada de las últimas palabras del poeta Francois Rabelais. Menudo talento además el del joven Miles, quien podía, entre otras cosas, memorizar las últimas palabras de los personajes famosos.
Este asunto de las últimas palabras es el que me ha venido dando vueltas a lo largo de estos días. Pienso en la muerte de José Emilio Pacheco, por ejemplo. En la importancia de su obra en la literatura, en mi mundo y en el mundo de aquellos que leyeron sus novelas o sus poemas conmigo o para mi. Pienso en su hija, poniendo palabras en boca de su padre, y explicando que la muerte del autor no fue dolorosa ni sufrida. Pienso en las últimas palabras de José Emilio, quien aún de noche, y sin saber que nunca más iba a despertar, seguro pronunció, con la misma naturalidad que lo hacía en su poesía, las palabras más cotidianas cargadas de una inmensa carga poética y miles de significados. Pienso en José Emilio diciendo adiós al mundo, a la vida, y a su pareja. Pienso en José Emilio diciendo "Buenas noches" y nada más.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Cartas a un desnudo poeta

02 de noviembre de 2013
Cartas a un desnudo poeta
Querido poeta:
Alguna vez tú y yo fuimos casi amigos. Sin que me desagradara tu persona, me parecías demasiado estridente para considerarte en mi círculo de íntimos, por el simple hecho de mantener yo un registro dos rayitas más abajo del tuyo. Simplemente no acepto la competencia. Y ojo, aquí hablo sólo de la personalidad.
Cuando te consideraba cercano, no sabía de tus pretensiones de poeta, porque ni siquiera las alardeabas. Lo tuyo era una especie de gusto por el performance espontáneo, ese que desde toda la vida ha ido en contra de mis principios. Lo he dicho y lo repito. Prefiero el grito articulado que el grito que sólo busca llamar la atención y luego no sabe cómo conservarla, porque este segundo grito tiende a ser repetitivo. Así, lo tuyo era una rutina de paseos en bici, desnudos (tuyos o de otras personas) en la calle o en fotos, defraudar a los amigos cancelando proyectos confirmados, que poco a poco te acercó a ese último viaje: Por favor, lea mi fotocopia.
A estas alturas yo estaba en un punto donde con los tal vez pocos argumentos críticos que cuento mencionaba que la fórmula de fotografía, desnudos, poesía y letras bonitas me parecía poco artística y tendía más a llamar la atención. Era una crítica con nombre, pero no con apellidos, la que decidiste desde tu trinchera y en forma unilateral que era sólo para ti, y que además era una afrenta personal de mi parte hacia tu persona y tu hacer.
Este malentendido originado por ti, nos llevó a un punto de no retorno, primero con una relación más ríspida y luego hasta los golpes el día que visitaste mi casa, en mi fiesta de despedida y violaste la privacidad de mi habitación sólo por hacerte el sociable, como si por tu sola presencia debiera rendirte pleitesía y admiración.
Pero no.
Querido poeta. La crítica no es contra tu persona. La crítica no es contra tu hacer. La crítica es hacia una fórmula que me parece gastada y que poco aporta. Que la vendas y que te la compren es cuestión de otro debate, así como la construcción del personaje que de ti estás haciendo. Querido poeta: el día que dejes de ver en las críticas ataques, serás un artista.

domingo, 13 de octubre de 2013

Los cómics que leo

10 de octubre de 2013
Los cómics que leo
Hace pocos años regresé a una de mis aficiones infantiles: la lectura de cómics. He aprovechado el camino para revisar además las teorías y la historia de los mismos. Debo agradecer a quienes me han acercado a libros que considero invaluables en este ejercicio de revisión de uno de los géneros más polémicos del siglo XX, desde el ya clásico Apocalípticos e integrados de Umberto Eco (leído con años de anterioridad a este ejercicio pero releído con particular entusiasmo), hasta la indispensable novedad de Apuntes sobre literatura barata del mexicano Jorge Flores Oliver. Entre estas lecturas, más algunas notas recogidas de foros en redes sociales y revistas especializadas (entre otras Comikaze, ganadora de la beca Edmundo Valadés de Apoyo a la revistas independientes), me he podido armar un panorama más completo de la importancia de este sector de la industria editorial que al menos en México, en los años 80, contabilizaba millones de ejemplares vendidos semanalmente.
Sobre este punto, recuerdo un fragmento de Armando Bartra donde hablaba del declive de la industria del cómic: "La derrota de la historieta es la derrota de la lectura." No estamos en aquellos lejanos 70 u 80, donde en México había editoriales, autores y producción nacional, además de los productos con licencia traídos principalmente de Estados Unidos. En el país del norte, el "nacimiento" de nuevas editoriales no redituó en nuevos lectores, y desde los 90 hemos asistido a un declive notorio de la industria, donde poco a poco queda un mercado ya no de lectores cautivos, sino de especuladores y coleccionistas.
En todo caso, me da gusto saber que luego de una sombría década de inicio de siglo que tuvo fuertes altibajos y terminó con la desaparición de las licencias de cómic y manga de Grupo Editorial Vid, la sobreexplotación de algunos clásicos de este sello, la justicia de reeditar de manera digna un clásico como La familia Burrón, y el casi monopolio que tuvo Editorial Televisa por la poca distribución que tiene el mercado independiente, iniciamos el primer tercio de esta década con la opción de nuevas licencias extranjeras a nivel nacional. Si bien la industria está lejos de llegar al mercado infantil (único que a la larga podrá mantenerla) entre todos los títulos que hay a nivel nacional e internacional, me gustaría hablar, aunque fuera de manera breve, de aquellos que me llaman la atención y me parece tienen algo sobresaliente sobre el resto de la oferta.
En el mercado americano existen infinidad de opciones. Es obvio que no todas llegan a nuestro país, pero de las que lo hacen, me gustaría rescatar dos que leo asiduamente. Está, en primer lugar, el caso de Nova, que me parece interesante. Me encanta cuando Marvel rescata su premisa de héroes adolescentes. Sin ser la mejor serie, ni tener un argumento complejo o precioso, ni tener construcciones de personajes o situaciones que tiendan a la genialidad, Nova es una obra divertida. Firmada originalmente por Jeph Loeb, responsable de los productos Marvel para Disney, Loeb y el nuevo guionista Zeb Wells, pretenden acercar a nuevos lectores a esa odisea del espacio tan importante para Marvel. Así, tenemos una mamá mexicana, un superhéroe del sur de los Estados Unidos que cena tamales en un comedor decorado con cuadros de Diego Rivera, las apariciones de Joss Whedon, los chitauri, el director de la preparatoria de Back to the future en un cómic que trata del héroe de las estrellas buscando su lugar en el mundo.
Otra serie bastante atractiva es Manhattan Projects del genial Jonathan Hickman. Ojo con este guionista a quien Marvel ha cedido la responsabilidad de su joya de la corona: The Avengers. Sin que eso le quite el tiempo para publicar y mantener el nivel de series como East of west o la citada Manhattan... Hickman nos ofrece una obra cuya premisa parte del qué pasaría si los responsables de fabricar la bomba atómica no fueran mas que un puñado de científicos locos en la más literal acepción de la palabra. Una genialidad que además tiene un maravilloso diseño de portadas. No está demás en estas líneas decir que el manejo que Hickman está dando a Avengers y New Avengers de Marvel convierten ambas series en referentes que hay que leer.
Si nos acercamos al mercado mexicano me encantaría citar el acierto que tuvo Kamite al publicar la última incursión de Hellraiser al cómic, traído de la mano de su creador Clive Barker. Una historia de terror que rehúye a los golpes de efectos y que apuesta a la construcción de personajes y diálogos que en boca de Pinhead suenan a verdades o evangelios del hombre sin fe. Otro gran punto a favor de esta editorial es el ya conocidísimo The walking dead, que aun siendo de mis favoritos, no diré más nada a su favor debido a todo lo que ya se ha comentado de la obra a estas alturas.
En México, y de manera independiente, llega el esfuerzo de Dharma Cómics, comic book de ciencia ficción que recopila de manera bimestral tres historias en un mismo número partiendo de un tópico común. Si bien el arte es irregular, y en algunas ocasiones el guion parece predecible, nos encontramos ante un gran esfuerzo que pronto arrojará grandes resultados.
En el rubro de las editoriales emergentes se encuentra Bruguera, que ha decido trabajar el caprichoso mercado del cómic independiente con la publicación del Irredeemable de Mark Waid. Este es otro gran acierto editorial que pretende deconstruir los lugares comunes. ¿Y cuál sería el lugar más común en el cómic de superhéroes? Pues el de los dioses solares. Irredeemable cuenta la historia de Plutonian, un hombre de otro planeta que lleva una doble vida. Con capacidades asombrosas entre las cuales se incluye una fuerza sobrehumana, un superoído capaz de detectar todas las frecuencias, y la capacidad de volar, Dan Hartigan trabaja en una estación de radio local, se enamora de una de sus  colegas a quien le propone matrimonio y salva al mundo de innumerables desgracias hasta que él mismo se convierte en la principal amenaza de un mundo que juró proteger. Otra maravillosa premisa surgida de la pregunta ¿qué pasaría si Superman perdiera la cordura? Sin perder el hilo de Mark Waid, también vale la pena leer su Daredevil, quien tal vez ha perdido esas tonalidades más oscuras que alguna vez le delinearan algunos de los guionistas más grandes de la historia como Frank Miller, Brian Michael Bendis o Ed Brubacker, y en esta nueva versión nos cuenta historias más entretenidas que no pierden el drama de la vida de Matt Murdock.
Y si ya estamos hablando de Mark Waid y su hombre sin miedo, ¿por qué no mencionar de una vez aquellos títulos llamativos del universo Marvel publicados en México? Además de los ya mencionados Avengers y Daredevil, las obras firmadas por Rick Remender tienen un potencial increíble. A saber, Uncanny X-Force y (en menor nivel) Uncanny Avengers son obras que juegan con un eventual fin del mundo a manos de supervillanos que no tienen escrúpulos para jugar con el espacio temporal. Así, los héroes deberán cruzar la delgada línea de la moral con tal de mantener la ilusión de orden que reina en el mundo conocido. Remender es un gran narrador en off, que explica en cartuchos y al margen de la acción de las viñetas conceptos ideológicos que no suenan forzados y que van de la mano con sus historias.
Marvel México trae además a un nuevo Thor, bajo el título Thor God of thunder, que pretende retomar la divinidad de este héroe y jugar un poco más con su mitología, y por qué no, crearle una nueva que respete su nivel de deidad. Jason Aaron es el responsable de esta odisea que enfrenta al dios a un nuevo Ragnarok, y crea una narración con frases dignas de un texto apocalíptico y un arte que acerca al cómic a niveles de obra de arte pocas veces alcanzados.
Revisando nuevas mitologías también tenemos al Aquaman de Geoff Johns y la Wonder Woman de Brian Azzarello. Estas creaciones clásicas de DC llegan por cortesía de DC Cómics México, en su versión New 52, relanzamiento del universo DC. Johns ya había revitalizado a un decaído Green Lantern y lo ha hecho el centro de muchos acontecimientos de DC desde que tomó el título. Lo que ahora hace con Aquaman es algo parecido: infunde respeto en un héroe que el mercado no había tomado muy en serio. Azzarello coloca a la amazona de nuevo en su reinado mitológico, aquel donde George Pérez y John Byrne alcanzaron grandes niveles narrativos. Azarello aún no alcanza ese nivel, pero tampoco está lejos de lograrlo.
Por último, no me gustaría cerrar este repaso sin mencionar la gran transformación de Cyclops alcanzada en Uncanny X-men de la mano de Brian Michael Bendis. Ya no tenemos a un Scott Summers defendiendo el sueño de Xavier ni peleando contra la supremacía mutante promulgada por Magneto. Cyclops encabeza la nueva revolución mutante con acciones y frases dignas de un contrarevolucionario. Operaciones encubiertas, boicots contra los poderes establecidos y enardecidos discursos pronunciados al irrumpir las señales de los medios de comunicación. Una gran premisa que aún no termina de explotar, pero que puede ser una gran oportunidad para revitalizar el universo mutante de Marvel Comics.
¿Nuestra industria editorial del cómic es perfecta? No lo creo, pues aún podrían publicarse otros títulos y otras opciones que fueran distintas al mercado superheroico. El descuido de las editoriales, sobre todo de la División de Cómics de Editorial Televisa que con sus constantes omisiones y errores editoriales impiden que se tome a la industria en serio, es una agravante más. La falta o el desconocimiento de nuestros clásicos y sus esfuerzos también impiden el crecimiento del mercado, así como el centralismo de nuestro país. Me encantaría encontrar en este repaso algo de 656 cómics, por ejemplo, pero baste hasta ahora para saber que hay buenas ofertas a nuestro alcance. No serán todas, ni serán las mejores, pero al menos sirven para iniciar una nueva aventura.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Actuar ¿correcta o efectivamente?

01 de septiembre de 2013
Actuar ¿correcta o efectivamente?
Algunas escenas del día de hoy en la Ciudad de México mostraban a granaderos siendo agredidos por aquellos que se manifestaban con motivo del Primer Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto. Resulta obvio que los tipos de las fotos no son estudiantes ni profesores. ¿Radicales? Probablemente. ¿Grupos de choque contratados por las autoridades? Mucho más probable.
Desde la toma de posesión de Peña el régimen priista regresó con todas sus tácticas de desacreditación hacia los movimientos ciudadanos. Imágenes como estas me hacen recordar las consignas antipeñistas: "Yo sí leo, no veo Televisa." ¿Dónde están, entonces, las lecturas históricas? ¿Dónde están, pues, las lecturas que nos ayuden a interpretar la realidad y el instante? Porque leer no es memorizar tres libros que hayan marcado tu vida. Leer es una capacidad adquirida para interpretar de manera correcta los signos frente a los que estamos.
Hoy, un articulista de La Jornada escribía respecto a la necesidad de salir a las calles. Hablaba de tres tipos de jóvenes que no saldrían a marchar. Los desinformados, los críticos en exceso, y los que no se sienten identificados por ningún movimiento de resistencia. Dice el texto, hablando de los últimos, aunque el argumento bien cabría también para los críticos: "Como es conocido, ellos tienen sus argumentos y prefieren 'pensar correctamente' a realizar una acción correcta. Yo creo que es preferible salir a las calles para hacer lo justo aún por las razones equivocadas, que permanecer en casa y sin hacer nada por las razones “correctas”. Y es que mirando hacia atrás podemos cambiar nuestra opinión, pero no cambiaremos jamás lo que hemos hecho o dejado de hacer." Argumentos como éste me parecen medianamente atinados, pues es cierto que el pensamiento políticamente correcto no es siempre el más efectivo. A esto sumemos, que la necesidad de salir a las calles a protestar vulnera la imagen de los manifestantes.
No es un secreto a voces mi cada vez más creciente desconfianza hacia las marchas. Su inoperancia y falta de efectividad llegan cada vez a niveles alarmantes, pues la autoridad las aprovecha para exacerbar los ánimos de la sociedad que se siente afectada en su modus vivendi, y aprovecha esta exposición para construir una imagen negativa alrededor de los jóvenes, gracias al porrismo. De lo que se habla aquí entonces no es de actuar de manera correcta o no, sino de buscar un mecanismo que nos permita actuar de manera efectiva.Ojalá pronto aprendamos a interpretar correctamente los signos a nuestro alrededor, pues aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla. Agreguemos, además, que, gracias a la efectividad de los métodos gubernamentales, los grupos de resistencia deben enfocar sus baterías en dos frentes: liberar a sus detenidos, y tratar de limpiar su imagen ante la sociedad. Y ese es un gran derroche de recursos que ninguna lucha debe permitir.

martes, 10 de septiembre de 2013

El artista y el iluminado. Una reflexión

30 de agosto
El artista y el iluminado. Una reflexión
Una de las polémicas recurrentes entre los estudiantes de la Licenciatura en Letras Hispánicas de la Universidad de Guadalajara tiene que ver con la creación literaria. A saber, para muchos la licenciatura debe ser un semillero de poetas y artistas, cuando el perfil del egresado tiene que ver más con actividades como la docencia, la investigación, la crítica literaria y la reflexión. Es obvio que ninguno de estos perfiles es excluyente, y que en un mundo perfecto serían complementarios. Así, el buen poeta tendría un ojo fino para el análisis, pues podría explicarnos una poética, mientras que el analista podría utilizar todos los elementos del método para crear una buena obra literaria. Ahí tenemos a Luis Vicente de Aguinaga y a Gerardo Cham, por poner un ejemplo.
La discusión se agrava cuando los improvisados le apuestan al grito fácil, al performance y a los trazos de una pluma de inspiración arrebatada. Además, la presencia de foros de lectura, semanas culturales, y espacios con micrófono abierto permiten que cualquier valiente nos ofrezca su "poesía" y que además, los entusiastas del poema o del poeta lo defiendan. Que no se me tome por dictador. Cualquiera puede escribir, y cualquiera puede leer en voz alta su obra, pero no cualquiera puede ser considerado escritor o artista. Ese es el punto del debate.
Mi argumento es que el escritor primero debe escribir, axioma tan básico que siempre olvidamos, para así poder hacer cuanta cosa se le ocurra con su obra. Cuando hablamos de la escritura como oficio no nos referimos al acto de poner una letra tras otra para ver qué sale. Escribir es valerse de artimañas, del oficio, de la búsqueda, y ésta se da en lo privado, no en Chapu, no dando gritos en las calles o pasillos, no pensando en cuantas fotocopias le voy a sacar a mi poema, no en el Malasangre, y no pensando en el próximo coctel. Aquí hablamos de hacer, y de hacer bien.
No se entienda con esto que satanizo el performance o la improvisación y que pondero la teoría por sobre todas las cosas. Aquí no hay prejuicio ni nada parecido. El performance pensado, el grito articulado primero en la mente y no en la garganta me parecen más valiosos que quien hace las cosas por llamar la atención. Se trata de pensar en la efectividad de los actos comunicativos. Así, pues, te pregunto, artista: ¿Quieres teorizar y decir que todos son pendejos porque no entendieron tu arte? Vuélvete esteta y refúgiate en el símbolo. ¿Quieres llamar la atención? Apláudete como foca, grita, encuérate a la menor provocación para que todos volteen a verte aunque tengas un discurso vacío. ¿Quieres comunicar, y elaborar un producto verdaderamente artístico? Trabaja en tu arte antes de trabajar en cómo recibir los aplausos.
Aquí no se critica al "poema" como acto. Se critica el acto malogrado del performance. Se critica al tipo que se siente artista pero parece padecer el síndrome de Tourette. Antes de dar show, el escritor debe escribir. Así de evidente es el axioma, así de evidente es la proposición. Escribir es construir. ¿Cómo lo sé? Porque escribo, no amontono palabras una sobre otra a ver que sale.

lunes, 9 de septiembre de 2013

10 libros fundamentales de nuestros tiempos

15 de agosto de 2013
10 libros fundamentales de nuestros tiempos
El dossier de la revista Letras libres de este mes es extraño. No por el ejercicio de enlistar, mismo que se ha discutido en tantas partes, y que sin duda es antesala del arte de coleccionar y de ordenar, sino por la misma selección que los colaboradores de dicha revista hicieron. A saber, cada autor entregó un listado de los libros que para ellos son parte fundamental de la modernidad, cualquier cosa que eso signifique. Más allá de los chistes involuntarios, la pedantería, y los criterios bastante laxos de selección, tomo como un ejercicio y comparto a continuación mis 10 clásicos fundamentales de nuestra época.
1.- Pedro Páramo. Juan Rulfo. El monstruo de la literatura mexicana, para bien y para mal. Algunos lo reverencian, otros temen su presencia, pero contrario a aquel que nunca debe ser nombrado, este libro estará en cualquier listado, por méritos propios de sus técnicas narrativas, le pese a quien le pese.
2.- La insoportable levedad del ser. Milan Kundera. Literatura sobaquera, solía decir uno de mis maestros favoritos de la Licenciatura en Letras Hispánicas en la Universidad de Guadalajara, cuya opinión nunca compartí. Para mí, este libro es, en todo caso, el mejor ejemplo de literatura aforística, pues suele iniciar una gran escritura a partir de bellas frases. Este libro desnuda, además, el conflicto del desterrado, y de las luchas ideológicas del siglo XX. Un espejo de todas las caras del hombre en cuatro personajes.
3.- Watchmen. Alan Moore. En el siglo de los héroes y las ilusiones, nada mejor que una novela gráfica que apele al desencanto de todo lo conocido. En esta obra, más que en ninguna otra que haya leído de este autor, Moore hace uso de todos los recursos que tiene a la mano: el cómic en primera instancia, y cientos de argucias metaficcionales como respaldo. Su obra de la desilusión nos deja una certeza brutal: nada termina nunca.
4.- Desgracia. J.M. Coetzee. Como pocas, una poética de los fracasos y las renuncias. Un texto que duele, y que nunca, bajo ningún motivo cede a la esperanza.
5.- Ensayo sobre la ceguera. José Saramago. La fina ironía de Saramago aparece en esta obra donde los restos de una humanidad ciega por fin descubren en su exceso de luz la oscuridad de sus actos.
6.- La carretera. Cormac McCarthy. Pocas cosas tan difíciles para un misántropo que hablar de amor y que su discurso sea, además, creíble. La mejor novela del amor de un padre a un hijo en tiempos donde todos los caminos conducen al apocalipsis.
7.- Una introducción a la teoría literaria. Terry Eagleton. Mi escape de la literatura me lo proporciona esta obra clásica del análisis discursivo. Lo que Eagleton propone es maravilloso: utilizar las herramientas de la crítica literaria para hacer un análisis de la realidad.
8.- Obras completas. Tomo dos. Jorge Luis Borges. Sin duda Borges es el maestro de los artificios en la literatura, el lector y el escritor perfecto, el creador de la Biblioteca de Babel y cuantos elogios quiera ponerle uno a este brillante escritor. ¿Por qué elegir un solo tomo y no las obras completas? Tal vez porque ningún exceso es bueno. En Obras completas. Tomo dos encontramos al mejor Borges; no al que estaba en formación, ni al que ciego tuvo que recurrir a sus múltiples escribas. Aquí está Borges por Borges, de Otras inquisiciones al Elogio de la sombra, el autor de "El golem," "Borges y yo" y tantos más. El mejor Borges, pues.
9.- Esperando a Godot. Samuel Becket. Lo mejor de Irlanda en Francia. El absurdo en su máximo esplendor. El salto de un cínico "preferiría no hacerlo" a un existencialista grito llevado a sus últimas circunstancias. ¿Qué hacemos aquí? Esperamos a Godot...
10.- Cualquier libro de Slavoj Zizek. El hombre que regresó a la filosofía a los principales aparadores. Zizek parte de las corrientes más obscuras del psicoanálisis lacaniano y lo mejor del pensamiento marxista para explicarnos a Hitchcock, Socrates, Hitler, y cualquier signo popular que esconda una ideología. Casi cualquier cosa.
Mención honorífica merecen La mano de La Buena Fortuna de Goran Petrovic, y 13,99 de Frederic Beigbeder. El primero por ser un libro hermoso que apela en todos sus niveles al siempre bello acto de la lectura, y el segundo por ser el evangelio del nuevo milenio.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Crónica chilanga II

20 de julio de 2013
Crónica chilanga II
Ayer fue un gran día para despedirme (al menos momentáneamente) del DF. Comencé mi recorrido por la Condesa. Visité el Péndulo y me convencí que Guadalajara necesita un concepto similar. Fui a Miguel Ángel de Quevedo a comprar los encargos bibliográficos y me encontré una joyita de Zizek en 25 pesos. Visité a mis tías Pinita y Soco, y nuevamente coincidí con gran parte de la familia por azar. De ahí a Coyoacán, a despedirme de mi querida chica del asfalto y a buscar la piedrita que Aniela me encargó. En la búsqueda del libro inencontrable, agarré patín rumbo al Ángel, y luego a Bellas Artes. ¡Que bella es Avenida Juárez de noche! Y más variada en su oferta musical callejera que Guadalajara: en una esquina una banda de rock pesado con Danny DeVito interpretando al Penguin como vocalista, y en la otra una banda de rock que se acompañaba por metales, además de un acordeonista tradicional unas cuadras más adelante. El Monumento a la Revolución tenía pruebas de sonido para un concierto, y la llovizna amenazaba a chilangos (la concepción de esta palabra es variada, pues) y capitalinos por igual. Inició el regreso en metro Bellas Artes, miles de transbordos y un paseo afuera de ambas Cámaras legislativas, la última la de Diputados, hasta llegar a casa de mis tíos Paco y María Elena, que sin duda me recibieron y trataron de maravilla. A todos los que hicieron de este un viaje inolvidable: mil gracias. Y a los que no pude ver en esta visita, se las debo para la próxima. Será muy pronto.

Crónica chilanga

17 de julio 2013
Crónica chilanga
Llegué al DF el sábado con una sola intención. Conseguir trabajo. Días antes del anuncio de mi viaje, sólo dos personas conocían a conciencia este propósito: mis queridísimas Mode y Elena. Así, luego de visitar a gran parte de mi familia materna, que por suerte coincidió en un mismo punto, llegué por fin con Mode. Dimos un magnífico tour que incluyó un paseo fuera del mítico Bar Bar, festejamos el cumpleaños de mi amiga que se prolongó hasta el domingo y comimos un delicioso pozole en casa de su familia materna.
El lunes comenzó la búsqueda. Dos lugares llenan todas mis expectativas y son mi objetivo y mi sueño: Cafebrería el Péndulo, y la División de Cómics de Editorial Televisa. Luego de una mañana afortunada en el Péndulo, y de un amplio recorrido por la ciudad que incluyó taxis, metrobús, micro y metro, llegué a Coyoacán, y más precisamente, a los brazos de Elena, la chica del asfalto, quien me hizo comprar la pizza más cara del DF. Más tapatía que una torta ahogada, Elena confesó en una agradable plática que no tiene su metrocard ni ha visitado el bosque de Chapultepec, y aunque tiene un hijo más chilango que el smog, se resiste a pasar por el inevitable proceso de chilanguización.
Ayer fue un día cansado; tanto, que terminé irritado. Sobra decir que, pese a la amenaza de un miércoles tempranero, la compañía fue maravillosa con un gran amigo de editorial Santillana, y una rica visita al café Havanna en Polanco con Mode.
Hoy no amaneció tan temprano como debió haber sido. Sin embargo el tiempo y el tráfico nos permitieron llegar a Paseo de la Reforma, donde un imponente Ángel de la Independencia otea la ciudad. Caminé por el Paseo, el mismo de los plantones de Obrador. Vi la Estela de Luz, ese monumento en apariencia inútil que nos permite recordar el sexenio de Calderón, el de los 70 mil muertos y miles desaparecidos más. Ahí vi dos placas conmemorativas del movimiento que en su momento encabezó Sicilia y algunos pañuelos en memoria de jóvenes desaparecidos, algo que mi querida Patterson apreciaría. Recorrí el bosque de Chapultepec y caminé de nuevo hacia el Ángel, y justo en ese trayecto encontré a la persona que estaba buscando: el editor de la División de Cómics de Editorial Televisa. Qué mejor entrevista de trabajo. Le entregué mi curriculum en sus manos y le dije que estaba listo para comenzar a trabajar. La Ciudad de México, la Ciudad de la Esperanza. Y contrario a mi querida chica del asfalto, yo ya estoy comenzando mi proceso de chilanguización. Me quiero quedar en esta ciudad, y parece que las cosas se están acomodando.

viernes, 6 de septiembre de 2013

La gente más buena del mundo

08 de julio de 2013
La gente más buena del mundo
Entre la gente más buena del mundo se encuentran, sin duda, los amantes de mascotas. Los miembros de esta subespecie sufren cuando ven que un animal es víctima de cualquier tipo de maltrato, y por lo mismo exigen el cierre inmediato de tiendas donde se lucra con los pobres animalitos, pues es una fuente de empleo indigna de cualquier ser humano. Por esta razón organizan protestas afuera de esos comercios y le mientan la madre a los empleados malignos del demonio, quienes no tienen consideración por trabajar en este giro. Los amantes de mascotas suelen tratar a sus animales como reyes y comparten imágenes llenas de ternura con ese ser vivo especial que tanto quieren, o en casos extremos, administran páginas de redes sociales donde la mascota es puesta en un pedestal y admirada por su belleza o los lujos que el dueño puede proporcionarle. Eso sí, nunca esperes que un amante de mascotas adopte a un perro en la calle, y mucho menos que ayude a un niño de la idem. Los amantes de mascotas preferirán siempre ayudar a un xoloitzcuintle que a un escuincle o un pipeco.
Quizás a la par de los amantes de mascotas se encuentran los ciclistas. Conocidos por ser buenos por naturaleza, ellos conocen los riesgos que implica que una persona con un vehículo más grande, más fuerte y más veloz que tú te acose o intimide, y por lo mismo, jamás invaden las banquetas o zonas peatonales de la ciudad. Además, respetan siempre los semáforos y nunca intentan ganarle el paso a ningún vehículo motorizado. Por último, los ciclistas organizan anualmente ese bello monumento a la estética del cuerpo humano donde todas las llantas lucen bien. ¿Qué más podemos pedirle a los ciclistas? Porque sin duda, la vida no valdría nada sin esa oda a la llanta quemada y prieta que es el World Naked Bike o como se llame la mierda esa.
Entre tanta bondad, no sé cuál de los dos grupos sea mejor.