miércoles, 3 de febrero de 2010

3 de febrero de 2010
Palabras no dichas...
Esta tarde el cielo decidió llorar conmigo. O yo con él. Como sea, ambos compartimos la melancolía que se ha encarnado en lo más profundo de nuestro ser, volviéndonos un perenne mar de lágrimas que trata de limpiar los errores de las palabras no dichas, de los secretos guardados que se clavan poco a poco en esta carne fresca que palpita y que duele... Esta tarde el cielo decidió llorar conmigo, o yo con él; salgo a fumar un cigarrillo con la esperanza de llevar un poco de calor hasta lo más profundo de mis huesos, pues esta soledad buscada a lo largo de silencios me lleva a estar aquí, en el balcón de esta casa que cada día se aleja más de mí, que ha dejado de ser habitación y se convierte en una estancia: mi melancolía y yo en un mismo espacio.
Desde las alturas, jugando con la idea del vacio pero refugiado en mi balcón miro los vehículos: transportan a personas que decidieron afrontar el día a día. Personas refugiadas tras abrigos, paraguas o impermeables, que lidian con la vida tal vez sin la conciencia de lo que pasa, que ignoran que allá arriba, oculto en un balcón, resguardado de la lluvia pero no de sus efectos, está un solitario por convicción acompañado de sus dudas, culpas y complejos.
Ese solitario los mira caminar y piensa. Piensa en su vida que se precipita poco a poco como las gotas que ahora empapan a la multitud y trata de reconciliarse con ellas: con la multitud y con su vida. Ese gran solitario que soy yo piensa en sus silencios, las pausas que hay entre gota y gota, las pausas entre palabras, frases y discursos, y las consecuencias de los mismos. Mientras lo hace espera reconciliar al niño que ya fue con el adulto que ya es. Sabe que no habrá canciones de cuna para él, para los suyos. Lo sabe, pero se refugia en las canciones. Y mientras tanto el cielo llora junto a él...

martes, 19 de enero de 2010

19 de enero de 2010
Disculpa (Del lenguaje poético explicado a los poetas)
Dice Coetzee en esa pequeña joya títulada Desgracia no estar de acuerdo en aquello de que "La sociedad humana ha creado el lenguaje con la finalidad de que podamos comunicarnos unos a otros nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones". Coincido con él en aquello de que "el origen del habla radica en la canción, y el origen de la canción, en la necesidad de llenar por medio del sonido la inmensidad y el vacío del alma humana".
Pienso también, retomando a Kundera, que:
"Mientras las personas son jóvenes y la composición musical de su vida está aún en sus primeros compases, pueden escribirla juntas e intercambiarse motivos (...) pero cuando se encuentran y son ya mayores, sus composiciones musicales están ya más o menos cerradas y cada palabra, cada objeto, significa una cosa distinta en la composición de la una y en la de la otra".
Si te digo todo esto, Sikaria, es para cerrar un movimiento más en la sinfonía de mi vida: un movimiento en el cual tus acordes se mezclaron con los míos, de una manera más que confusa. Las notas que yo quise compartir contigo, en forma de palabras, en forma de poesía, nunca pudieron embonar en tu melodía. Lo nuestro fue como un canon que nunca encajó, que siempre sonó fuera de ritmo. Así fue hasta el último momento, hasta el momento que recibí una petición de disculpa, que impuntual atiendo hasta este momento; que atiendo sólo porque pienso que tal vez te la merezcas.
Yo lo dije, es cierto: nada tengo que reclamarte. Llevabas en la envoltura tu letrero de advertencia, y aún así quise ser parte de tu vida, y aún así quisiste ser parte de la mía. Compartimos una noche, es cierto, y jamás hicimos el amor, o mucho menos, como dices, cogimos. No es presunción, pero me jacto de jamás coger con las personas; lo mío es el arte de la seducción, del goce de los sentidos, aun cuando me gane una desafortunada eyaculación precoz.
De ese goce de los sentidos es del que hablaba cuando mencionaba los prodigios de tu cuerpo junto al mío. Una expresión que rebosaba música y poesía, una expresión tan bella que no es mía y que sin embargo es un motivo más de la composición de la música de mi vida, una expresión que tal vez ahora será parte de un movimiento de tu vida, como un acorde defectuoso, pues no te pido que me recuerdes como una nota perfecta. Un movimiento, pues, que ingenuamente creí podríamos compartir dadas nuestras tendencias literarias, poéticas, quizás, porque esa frase era una manera de decir: Carajo, qué bien me siento cuando estoy a tu lado...
Somos espíritus viejos, nuestras composiciones están hechas. La tuya no sé qué nombre lleve, pero algo tengo muy seguro. La mía nunca se llamará disculpa...

viernes, 1 de enero de 2010

01 de enero de 2010
¡Zombis en Tlajomulco!
Según Max Brooks, para detectar un brote zombie, se debe poner atención a señales como:
"1. Homicidios donde las víctimas son ejecutadas mediante un tiro en la cabeza o por decapitación. Ha ocurrido muchas veces: la gente reconoce qué tipo de brote es e intenta afrontar el problema con sus propias manos. Casi siempre, las autoridaes locales los acusan de asesinos y son perseguidos como tales."
Para mayores informes, lea Zombi. La guía de supervivencia editada de manera loable por Berenice en el año 2008.

viernes, 20 de noviembre de 2009

05 de sptiembre de 2009
Llámalo destino
Hay ciertas cosas en esta vida que son inevitables. Llámalo destino, o como quieras hacerlo, pero el caso es que suceden. Así, de pronto, un día te levantas con la certeza de que te enamorarás de esa alumna que te ha mandado poemas a tu correo electrónico. Después, sin saber cómo, sabes que una tarde harás el amor con ella, sin importante que sea menor de edad, pues sabes que 17 años no son nada, son una línea, la frontera, el límite que tanto amas; tú, que todas las mañanas te recuerdas la noción de que vivir al límite es la única manera de sentirte realizado, pese a que, muy en el fondo, también buscas, contradictoria, paradójicamente, marcar la línea que defina cada situación de tu vida junto a ella.
Hay, pues, ciertas cosas en esta vida que son inevitables. Sabes que pasarán, no sabes cuándo, pero, en el fondo, tienes la certeza de que así será.
Sabes, por ejemplo, que el avejentamiento de tu cuerpo es inevitable. Sabes que algún día las canas y las arrugas estarán ahí, y que cada línea sobre tu piel te contará una historia sobre ella. Sabes también que cada cana tendrá un significado especial, pues quieres creer que cada una de ellas ha aparecido por el milagro de la expresión que tanto dicen por ahí, que me vas a sacar canas del coraje.
Sabes, pues, y tienes la certeza de que estás envejeciendo.
Lo que no sabes, mi querido Juan Carlos, es que un día irás al baño, recordarás la tarde del día anterior y de pronto comenzarás a tocar tu cuerpo. No sabes que al hacerlo recorrerás esa parte de tu anatomía, ni sabes que violentamente encontrarás una cana de vello púbico entre tus piernas. No lo sabes, porque aunque tienes la certeza que te estás haciendo viejo, no querrás admitirlo.
Cerrarás los ojos. Tendrás tu epifanía, una más (una cana más al aire), y de pronto sabrás, aceptarás lo inevitable, lo francamente inevitable, y disfrutarás la mejor parte de esa cana que se asoma entre tus piernas. Estás envejeciendo a su lado.
(Por si no te quedo claro, lo inevitable es envejecer, lo divertido es hacerlo a tu lado.)

viernes, 15 de agosto de 2008

16 de agosto de 2008
Poética
Los escritores somos, en el fondo, creyentes del destino: por eso oscilamos, por eso vivimos con un pie al borde del abismo. Jugamos a Prometeo, pero terminamos siendo Sísifo...

domingo, 20 de julio de 2008

27 de junio de 2008
Del arte de hacer un auténtico Unplugged
¿Se puede pedir algo más teniendo un disco donde Julieta Venegas, Natalia Lafourcade y La Mala Rodríguez interpretan una misma canción? ¿Es mucha exigencia que un disco unplugged tenga invitados de calidad y que estos no sean simplemente el sabor del mes? ¿Realmente es posible que el nuevo disco de Julieta Venegas sea tan bueno?
Es evidente, mi juicio está salpicado por la visión del seguidor de la Venegas que siempre he sido. Pero esto, más allá de ser negativo, es un mérito de quien reconoce la calidad de los arreglos que Julieta ha hecho a su trabajo sin necesidad de ser complaciente en la reseña. Basta escuchar "Esta vez" o "Cómo sé" para notar que la Venegas que todos conocimos con su primer disco sigue ahí, simplemente con una necesidad de buscar nuevos sonidos que la satisfagan.
Y es que el nuevo tratamiento que reciben todos los temas de "La Milagrosa" resalta que más allá de ser roquera, skata, popera, reguetonera o norteña, Julieta Venegas es un músico en toda la extensión de la palabra, capaz de ejecutar varios instrumentos, entre ellos la guitarra, el piano y el acordeón. En ese tenor se agradece la presencia de Lafourcade como miembro de la banda para este concierto; Natalia está ahí no sólo como una corista, sino que además aporta los sonidos del vibráfono, el banjo, el serrucho y el cavaquinho, entre otros. La banda merece también una mención importante: ahí aparecen desde un cuarteto de cuerdas, una pequeña pero maravillosa sección de instrumentos de viento y los músicos que habitualmente siguen a la Venegas en sus giras.
Hablando de los músicos, conviene recordar que uno de los invitados especiales ya fue mencionado: Natalia Lafourcade. La Mala Rodríguez también hace su aparición en el recuento, pero no por ello debemos olvidar que Julieta se supo acompañar de otros grandes que le dan más importancia a este concierto grabado para la cadena Mtv. Ahí está tras el banjo, por ejemplo, Gustavo Santaolalla, el rey Midas del rock en español, ganador de dos premios Oscar por sus arreglos a la banda sonora de diferentes cintas. Marisa Monte aporta su gran voz para el tema "Ilusión" compuesto por la Venegas pero adaptado al portugués por la misma Marisa y el músico y escritor brasileño Arnaldo Antunes. Y por último, pero no por ello menos importante, si es que vale el cliché, el reconocimiento al cellista Jaques Morelenbaum, quien se encargó de apoyar a la tijuanense en los arreglos de las cuerdas.
El Unplugged de la Venegas está ahí y nuevamente, como ha sucedido desde su disco , avivará las críticas entre quienes la consideren una vendida y traicionera a los sacrosantos estatutos de la roquera que accede a aparecer en los medios. Así, los mismos que le perdonan a Saúl Hernández aparecer en Hoy, los mismos que luego de ver a Fobia en un comercial de Doritos fueron a comprar su nuevo disco, sí, ellos, son quienes ahora crucificarán a la tijuanense por, sacrilegio, hacerse acompañar de Natalia Lafourcade. También estarán los otros, aquellos que por igual escuchan a Paulina Rubio y a Thalía, y se sintieron cautivados por "Andar conmigo", la masa acrítica que igual canta "Metrosexual" y "El presente", sencillo desprendido de este disco. Y en medio de todos ellos, unos cuantos que agradecen un buen disco de una de las mejores músicos que se han aparecido por estos lares.
P.d. No hay que perder de vista el magnífico detalle de la portada. Gracias a Kundera y a Cortázar, por citar sólo a dos grandes escritores, he caído en la cuenta de que los grandes artistas siempre viven con un pie en el precipicio; Julieta no podía quedarse atrás.
Me ganó lo fan, lo sé, pero con pocos vale la pena entusiasmarse tanto.

lunes, 30 de junio de 2008

25 de junio de 2008
De libros y amigos
No es un secreto a voces o algo parecido. Todo aquel que se precie de conocerme está consciente de la importancia que tiene la amistad en mi vida y, mejor aún, sabe que uno de los condimentos para ese nexo se encuentra entre las páginas de un libro. No es casualidad, pues, que Pubis angelical sea algo más que una excelente novela del uruguayo Manuel Puig, y que cada aguacate untado con esmero al calor de una tortilla recién hecha sea el ocasional recordatorio de una tarde de noviembre donde desafortunado fue El último lector que no alcanzó para sí las palabras de David Toscana.
La palabra como nexo; me agrada la idea de reconocer a un cómplice escondido en cada poema de aquella antología de Gutiérrez Vega, encontrada para ti en aquella despreocupada excursión a Querétaro. ¿Verdad, Sikaria? ¿O tal vez deba llamarte Cristina? Tu nombre poético me trae a la memoria, por cierto, a la culpable de mi pasión por Schwob, capaz de hacerme notar todas las posibilidades del agua en un poema de cummings, y responsable directa del azar de aquella posesión compartida entre el maestro Arreola y yo.
El eslabón del azar me recuerda también lo mucho que le debo a La insoportable levedad del ser, y la gran cantidad de personas perdidas y encontradas en cada una de las 320 páginas de aquella edición de Tusquets regaladas por la figura paterna. Así, luego de la promesa del amor que surge de las coincidencias, y el cliché de la chica tras la barra de una cafetería, pienso que es mejor hablar de lo fantasmas.
“¿Qué es un fantasma?, preguntó Stephen. Un hombre que se ha desvanecido hasta ser impalpable, por muerte, por ausencia, por cambio de costumbres”, dice Joyce en el Ulises, y Borges rescata la frase en aquella edición de la Antología de la literatura fantástica compartida entre Elena y yo. Sin embargo, la cita no es un tributo a mi querida chica del asfalto, y más bien evoca la nunca desvanecida imagen de Selene, amiga entrañable de la tierra de Tlaxcala, y lectora, como yo, de ese gran fantasma de la literatura mexicana que es Francisco Tario.
Algunas noches, algunos fantasmas, del buen Tario, debe ser, sin duda, uno de los tantos libros obtenidos gracias a la generosidad de la ya mencionada Elena, sin hache, por favor, que no queremos ocasionar ningún conflicto propiciado por su belleza. La nuestra es, cabe decirlo, una amistad protegida, de una u otra forma, por alguna página de Borges, como se habrá notado líneas arriba.
La presencia de Borges me dará pie para cerrar este texto, no porque se hayan agotado los amigos o los libros que me los recuerden, pues ahí están Paola y la cuarta vuelta por Rayuela, Nohemí oculta tras el monitor y un cuento de Clarice Lispector, entre otras tantas entrañables compañías. No. Si elegí a Borges es porque, al igual que él, me gusta el sabor del café y la prosa de Stevenson. Fue en un libro de este último donde hace dos años coloqué con mucho cariño la caricatura que Melissa realizó para mí en una noche de cervezas en el hotel donde toda la delegación de Querétaro se hospedó con motivo del Encuentro Nacional de Estudiantes de Letras efectuado en Guadalajara, y que hace unos cuantos días, luego de una obligatoria pero gustosa vuelta Stevenson, reencontré con el mismo sentimiento. Un amigo más, como siempre, luego de una grata lectura...

sábado, 31 de mayo de 2008

25 de mayo de 2008
136
¡Atención, analistas literarios! Si el destino, caprichoso como es, hace que este texto sea leído por uno de los miembros de su exclusivo club, y si acaso fuera víctima de alguno de sus métodos, quiero anticipar desde ahora que no encontrarán en el número 136 alguna clase de simbolismo oculto. He de aclarar desde ahora: no estamos ante una cantidad tántrica o cósmica; mucho menos se trata del número de pasos que separan mi habitación del cuarto de baño, y ni siquiera ahí está la clave para comprender el universo. 136 es sólo eso, un número, un punto elegido al azar de entre una sucesión infinita de puntos.
Acaso mencionarán, atinadamente, que 136 es una cantidad, sería un craso error no hacerlo, y que, por lo tanto, me encuentro inmerso en una sociedad basada exclusivamente en términos de numéricos y signos matemáticos: balances, pérdidas, y toda una larga lista que no viene a colación cuando otros ya la han hecho.
136 es sólo un pretexto, acaso para recordar el olor de su sexo virgen entre mis dedos, una tarde de cine junto a ella, los kilómetros por hora que pretendíamos arrancarle a la carretera en una tarde de primavera, y sí, la broma de Cate Blanchet la noche en que caminos de agua se dibujaron en tus mejillas. Jamás imaginé lo que pasaría 136 horas después...

lunes, 25 de febrero de 2008

21 de febrero de 2008
Crónica en cuatro actos y una coda
Acto primero
(Entrada del teatro.) (Rodeado por una multitud de gente, Juan Carlos espera escuchando los diálogos de una pareja cercana a él.)
MUJER UNO: (Ropa formal, pantalón negro y camisa morada.) (Gritando.) (Entonación snob en todos sus diálogos.) ¡Hola!
MUJER DOS: (Ropa casual, pantalón de mezclilla, playera blanca, y botas.) (Emocionada.) (Misma entonación snob en todos sus diálogos.) ¡Hola! ¡Qué milagro! Hace siglos que no te veía... ¿Sigues en el Iteso?
MUJER UNO: (Emocionada.) ¡Ay, sí! ¡Qué emoción! Estoy a punto de terminar mi tesis, porque si no la termino en marzo tengo que pagar el próximo semestre. Tú sabes cómo...
MUJER DOS: (No deja que termine la oración.) ¿Y de qué es tu tesis?
MUJER UNO: Es un programa para enseñar francés en el Enrique Díaz de León. Como ahí no tienen clases de idioma... (Pequeña pausa.) Pero, no inventes; mi asesor me pide unas cosas rarísimas para complementar mi proyecto: que psicología lingüística y otras cosas. Te lo juro, he ido a bibliotecas y librerías y no encuentro nada de eso. De vez en cuando me encuentro libros de psicolingüística, pero de ahí en más ¡nada! Yo no sé para que lo necesita si ya sé hablar francés. (Indignada) Y todavía quiere que le redacte 30 cuartillas ¡Una cosa loquísima!
(Abren la puerta del teatro.) (Inicia el barullo, mismo que no permite oír la despedida de las mujeres.) (Mujer dos retoma su lugar en la fila.) (La boletera recomienda a todos apagar sus celulares.)
Acto segundo
(Al interior del teatro.) (En el escenario se desarrolla, con técnica clown, Esperando a Godot.) (Gente que llega tarde toma su lugar interrumpiendo a quienes ya han ocupado su asiento.) (En medio de los espectadores se encuentra Juan Carlos.)
JUAN CARLOS: (Con la mochila entre las piernas, pese a tener lugares desocupados a ambos lados, observa atento el desarrollo de la obra.) (No ríe, aunque mucha gente lo hace. Sólo ocasionalmente esboza una pequeña sonrisa. Gesticula pensativo.)
Acto tercero
(Intermedio.) (Vestíbulo del teatro.) (Gente comprando comida en el pequeño estanquiillo.) (Murmullos.) (La vendedora es la única voz que se distingue.)
VENDEDORA: (Voz aguda y gangosa, como la de Didi.) ¿Qué va llevar?
Acto cuarto
(Al interior del teatro.) (En el escenario se desarrolla la última escena de Esperando a Godot) (Estragon y Vladimir se abrazan y quedan inmóviles. Un celular suena con la cumbia “Los luchadores”. Miradas de desaprobación en cara de algunos espectadores y risas esparcidas entre el público.) (Juan Carlos, ya sin su mochila, observa)
JUAN CARLOS: (Musita con molestia, pretende ser categórico) ¡Pinche banda irrespetuosa!...
Tras bambalinas
JUAN CARLOS: Esperando a Godot es una obra que, como dijera el propio autor, era “horriblemente cómica”. Sí, Beckett también dijo sobre sus personajes que eran como payasos, lo advierte el programa de mano, pero de eso a llevar la técnica clown a una obra que no la necesita hay un abismo. Al realzar innecesariamente los rasgos de comedia que refiere Beckett no se respeta su trabajo, y sólo se le caricaturiza, logrando no una obra del absurdo y sí de lo grotesco. Así pues, al clown lo que es del clown y a Beckett lo que es de Beckett. (Se cierra el telón.)

miércoles, 20 de febrero de 2008

20 de febrero de 2008
Plegaria
Nadie me enseñó a rezar ¿sabes? Supongo entonces que comprenderías si en algún momento soy incapaz de articular una plegaria adecuada, una que al menos te convenza.
Sólo como un gesto, como el que espero que tengas para conmigo, comenzaré por el principio. Suena redundante, lo sé, pero supongo que algo he aprendido estando junto a ti. O, ¿quizás deba corregir?, estando apilada junto a las otras. Porque jamás he estado a tu lado, jamás he sido tuya. Sólo hoy, sólo esta noche soy tu primera opción para el diario ritual de tu escritura.
¿Tú crees que no me he dado cuenta? ¿Crees acaso que ignoro tu hora de llegada; cómo maquinal, fríamente, tomas posesión de tu lugar de amo y señor para inmediatamente posar tus dedos sobre ella? Lo que hemos tenido que soportar, pues no eres tú quien deposita sus ideas sobre nosotras. No. Es ella, quien una vez que ha sentido la punta de tus dedos golpeando una, dos, tres, infinito número de teclas, obedece a tus órdenes para después plasmar tus deseos sobre nuestra blancura. Sólo un clic y listo. Así terminas de vaciar tus ideas, con ella como intermediario, sobre nosotras.
Atribuyo a tu comportamiento la mancha ahora brota de mi ser.
Y las veces que has ignorado tu ritual. ¡Si tan sólo hoy fuera una de esas noches, donde enfebrecido ignoras tu computadora y tú, sólo tú profanas nuestra blancura! Porque, seamos claros, hoy soy la primera, y soy yo quien hoy desea de sentir el roce de tu piel. ¡Si por una noche más ignoraras que la tienes a ella!
Sólo así te pediría lo que nunca te he pedido. Sólo así te pediría que me tomaras con tus manos, que con sumo cuidado me dejaras reposar en la lisa superficie de tu escritorio de madera, mientras preparas, extensión de tu cuerpo, la punta del grafito, para así depositar sobre mí tus más profundos pensamientos. Que iniciaras en la pureza de mi ser, en la virginidad de esta hoja en blanco, la novela erótica de la que tanto has hablado. Sentir el lujurioso desliz con el cual das forma y color a tus personajes.
Y tú, excitado, con el ánimo y la inspiración a punto, plasmando palabra tras palabra, descuidando incluso esas estúpidas reglas ortográficas, sólo para regresar sobre lo escrito y dejar una nueva mancha sobre mí, una mancha tuya, producto de tu pensamiento, y no de mi naturaleza.
Escucho entonces el sonido de la llave, penetrando en la ranura de la puerta, el movimiento circular de la cerradura que ahora, milagro de tu mano, cede con la impaciencia del que trae una nueva idea rondando en la cabeza. Mi plegaria surte efecto; tras el prometéico acto de traer la luz para nosotros, te abalanzas sobre mí.
Tiemblo al sentir el pulso de tu corazón en la punta de tus dedos; me manipulan, me sostienen, sólo para comenzar a comprimirse sobre mí. ¿Por qué? ¿Por qué me oprimes; por qué me asfixias y cierras la luz entre tus dedos que ahora se reúnen en un puño? Recogida sobre mí misma por la fuerza de tu mano, mientras me abandonas a mi suerte en el cesto de basura, alcanzo a distinguir unas cuantas palabras que refieren mi estado mancillado. Nunca pensé que te importara tanto una pequeña mancha sobre la que yo creí mi inmaculada superficie...

sábado, 2 de febrero de 2008

25 de enero de 2008
Un paréntesis no literario
Cuando hace más de un año inicié la aventura titulada La ultima tentación, en honor a la célebre novela del griego Niko Kazantzakis, no tenía en claro el rumbo que tomaría esta página; es obvio que por aquel entonces tampoco tenía una noción clara del estilo que pensaba utilizar para iniciar la tarea impuesta en aquel momento. Cierto es que asumí la responsabilidad de escribir una cuartilla diaria como mínimo, pues era pertinente demostrarme cuán capaz era para lograr ese propósito. Así, durante al menos cuatro meses mantuve vivo el interés de sentarme todos los días frente a una computadora para escribir cosas que tal vez no eran del agrado de todos, o que, en su momento, ni siquiera fueron leídas. Comentarios de amigos y conocidos me demuestran que, pese a todo mi escepticismo, este espacio recibía visitantes, sino constantes, atentos a los primeros intentos de este escribidor.
Con el paso del tiempo las cuartillas fueron disminuyendo, a la par de la ingenuidad con la cual me sentaba frente a la pantalla. Lo que en su momento fue desparpajo, poca ilación de las ideas, y una visión cómica para describir el diario acontecer de esta surrealista tierra, fue tomando cierta consistencia que ha cuajado, pienso yo, en algo que, orondamente, debo decirlo, es un atisbo de estilo personal.
Ese estilo, sin embargo, no ha sido muy practicado en días recientes. Ello se debe a muy diversos factores, entre los cuales conviene anotar, en primer lugar de la lista, a la hueva. Ya en la primer entrada, capítulo, o como sea que usted prefiera llamarlo, de este blog, anunciaba la imposibilidad de la escritura que tenía el maestro Arreola para sentarse a escribir su Bestiario, y todo por culpa de la enfermedad de los huevos de oro.
No es la hueva, hay que decirlo, la única culpable. Y no lo es porque justo el año que acaba de terminar significó una serie de problemas que fácilmente pude haber sorteado, entre ellos el amor, mismo que, seamos sinceros, prefiero tener a mi lado. Así es, señoras y señores del jurado, amables lectores, distraído paseante que por accidente escucha estas confesiones que a la larga serán de su agrado. El año 2007, suma que espanta y sin embargo resulta tan insignificante, arrojó para mí una experiencia de nombre anónimo, la cual, brindémosle su crédito, anunció desde un principio cuán dañina sería para la salud de quien esto escribe. Un reproche a estas alturas resulta innecesario, pues, en honor a la verdad, los momentos gratos que pasamos, incluida la noche donde su anatomía hizo aparición en la ciudad de Querétaro, o los prodigios de su cuerpo junto al mío, así como las letras e ideas que entre ambos concebimos, valen más que ese silencio inexplicable de su parte.
Menudo problema es, pues, el del amor, como para pensar, de forma ingenua, que será resuelto en unas cuantas líneas. Preferible es, entonces, abordar otro problema sabiendo de antemano la inutilidad de encontrarle solución. La cuestión es ¿qué discutir? ¿Mi perenne idealismo? Este puede ser un tema que dé para mucho, pues vaya que este año que recién termina estuvo tupido de inconvenientes ocasionados por ese afán de buscar la utopía. Fue por eso que enfrenté al sistema, esa máquina que devora hombres y defeca locos, sobre todo si esos hombres no poseen un espíritu débil y manipulable. La impresión que me deja esa lucha es la de una soledad muy grande.
Es entonces que llegamos al punto medular del asunto. Y es que yo no lo sé de cierto, pero, hasta donde recuerdo, hace bastante tiempo que no sentía al viento correr a ambos lados de mi cuerpo. La mía, debo decirlo, es una soledad muy extraña, pues aún cuando mis amigos están conmigo, y vaya que los tengo y muy buenos todos ellos, pienso que caminar con el aire como única compañía no es muy sano para la salud emocional del individuo en cuestión.
Así las cosas, seguiré esperando la llegada de Cristina, mi equivalente de la dantesca Beatriz...

domingo, 20 de enero de 2008

20 de enero de 2007
Culpa
Hasta donde recuerdo todo fue su culpa, pues no fue mucho el tiempo que pasó cuando noté lo extraño que era este sitio. Los detalles más peculiares del lugar, como las paredes acolchonadas y el mediocre aspecto de la mayor parte de los habituales, perdían su espectacularidad con la uniformidad de ese blanco omnipresente. Fue por eso que decidí darle un poco de vida, un poco de color. Si he de ser sincera, creí no encontrar los medios para hacer lo mío hasta que recordé la sangre. Lo que ve en esa foto es culpa suya. Yo no estoy loca; el único insano aquí es usted, por mandar pintar todas las paredes de blanco.
19 de enero de 2008

jueves, 17 de enero de 2008

10 de enero de 2008
Tres minificciones
El hijo de la razón
Hubo una vez una fábrica de monstruos. Su método de trabajo, llamado fantasía, era sencillo, pues sólo necesitaba, como mínimo, que un hombre soñara con palabras para hacerla funcionar. De vez en vez era necesario reemplazar al laboral, y así, cada demiurgo elegía a sus aprendices. Llegado el momento, éstos se convirtieron en maestros, y así, dieron pie a nuevas creaciones.
El exceso de trabajadores propició que cada uno abriera su taller, y pronto proliferaron las fábricas de monstruos. En vista del alud de descalificaciones que venía, uno de esos hombres concibió, con ayuda de una malintencionada razón, la idea de coronarse como el mejor creador de monstruos. Así, pasó de la fantasía a la realidad; su monstruosa creación adquirió vida y se llamó El Hijo de La Razón.
6 de diciembre de 2007
Kkk
...Ahora, los fantasmas de aquellas viejas fotografías en blanco y negro, siempre blanco y negro, me recuerdan con vergüenza los días donde una alba túnica disimulaba lo oscura que tenía la conciencia.
10 de noviembre de 2007
Éxodo
El nuevo Moisés, apoyado en su poderosa milagrería, equivocó las instrucciones para separar las aguas y las condensó en un puñado de nieve. El éxodo no fue, por esto, un fracaso. Los hombres aprovecharon el hielo para confundir en la blancura sus errores y poder iniciar así la vida nueva.
13 de septiembre de 2007
15 de enero de 2008
A propósito de los propósitos
Es de todos sabido, quiero suponer, aquella frase que reza “para romper las reglas es necesario conocerlas”. Yo, conocedor del Manifiesto Infrahuevón, trato de apegarme en lo posible a cada uno de sus postulados, en especial a ese que se opone a las listas de supermercado como forma de creación literaria. Sé muy bien, sin embargo, que como todo Infrahuevón que se respete, es mi obligación burlarme un poco de los usos y costumbres que alienan a la sociedad.
Por eso y muchas cosas más, hago llegar a todos ustedes, de la manera más atenta, mi pequeña lista de propósitos de año nuevo, todos ellos singulares, sin duda alguna, y alejados de las primarias fórmulas del dejar de fumar y hacer ejercicio. Un saludo a todos.
1.- RBD, alienación de adolescentes que pretende hacer música y dinero, robó la diversión de estas fiestas al incitar a sus seguidores a disfrutar el maratón Guadalupe Reyes. Así, he de instaurar, con carácter de obligatorio, el maratón Reyes Guadalupe. Que otros soporten sobrios el resto del año. Yo beberé como cosaco desde el seis de enero hasta el doce de diciembre. 
2.- Si he de beber como cosaco, es obligación mía semejar en mi aspecto a uno de ellos. Reconociendo que la indumentaria de éstos es, por decir lo menos, insoportable en la región intertropical, prefiero dejar de lado mi imberbe aspecto y alejarme de rastrillos y navajas durante un largo año.
3.- Iniciar, por puro gusto, la escritura del libreto operístico de la vida de Valentín Elizalde. La pregunta es necia y además ofende; el trabajo incluirá sus canciones más famosas.
4.- Andar con una casada.
5.- Andar con una divorciada. Quiera el destino sea la misma del punto anterior, con términos legales y civiles completamente diferentes.
6.- Producir a una banda prefabricada. Mi más próximo prospecto es Chancro Blando Chipsy Girls. Las audiciones están abiertas.
7.- Contraer una enfermedad venérea. Quizás sea chancro blando.
8.- Tener mis quince minutos de fama mass media. Ser portada de Quién, Hola o Mi guía como el hombre del año.
Y si así no lo hiciere, que la nación me lo demande.

martes, 9 de octubre de 2007

9 de octubre de 2007
Cuestión de tiempo
Sentado en el tren de una ciudad cualquiera, un hombre mira, absorto, su reloj. Pero ¿qué importa ya la hora si se es presa del tiempo?
18 y 19 de junio de 2007