domingo, 18 de marzo de 2007

1 de marzo de 2007
Zarandajas
Zigzagueando entre conceptos e ideas diversas llegué a la conclusión de cómo poner el punto final a esta serie de extrañas reflexiones alfabéticas. Así, la amplia gama de posibilidades que se me ofrecía arrojaba desde un zambombazo versallesco, juegos de palabras relacionados al heroico pueblo de Zacatelpo en diminutivo, hasta llegar a las sabias palabras del amigo Zizek. Ante ese mosaico, y después de elucubrarlo largo tiempo, decidí que sería mejor escribir sin decir algo en especial.
¿Y qué sarta de zarandajas planea decir este idiota? Se preguntará lleno de estupor el lector acostumbrado a leer, desde un inicio, la tesis que se tratará en el cuerpo del texto. Y aunque usted no lo crea, la misma ya ha sido planteada. Éste será un recuento de todo lo aprehendido en la duración de este singular trabajo.
Ante todo comenzaré clamando por la compasión del lector que durante 27 diferentes textos tuvo que enfrentarse a variopintos recursos empleados por este escribidor para iniciar sus devaneos con la letra en cuestión. Muchas veces cedí al impulso de refugiarme en la facilidad que ofrecen las formas adverbiales terminadas en –mente. Otras más, ante la falta de ideas propositivas, fue una simple palabra seguida de punto la que daba pie a la necesaria perorata nuestra de cada día.
Lo interesante de todo esto es que no me arrepiento de lo que hice. Asumí, desde esta discreta posición, la obligación que todo intelectual en vías de desarrollo necesita: comprometerse con el constante crecimiento de su estilo, pues sólo así será capaz de reflejar la condición humana de sus tiempos.
Ahora, es de capital importancia reconocer que el progreso alcanzado no se debe solamente a sentarme frente a un monitor y redactar como enajenado las 24 horas del día. Agradezco a cada una de las personas que han aportado algo de sí para mi formación como individuo.
A Eduardo Ortiz Arámbula y Mauricio Díaz Calderón por ser la guía académica e insistir en la diaria redacción del yo. A Manuel Romero Gómez y Omar Sánchez Villegas por las incontables horas de jugar al intelectual en potencia (sin contar la evidente amistad que nos hermana). A mis amigas por su constancia (ustedes saben quienes son; parecería necio que se los recordara). A Perla y Saray por la experiencia de vida compartida (de lejos o de cerca, que da igual). A César y Martín por guiar mis perspectivas durante seis años. A quienes han dado comentarios y opiniones, a los que llegan, a los que se van...
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No me considero perfecto y, sin embargo, creo que dentro de mis virtudes existe el equilibrio entre decir y hacer. No se trata de una zarandaja más. El ser humano debería notar en dicha frase la quinta esencia de todo pensamiento y asumirla como una perspectiva, no como una obligación...
2 de marzo de 2007
¿Historia o tradición?
Aquel que no conoce la historia está condenado a repetirla.
Dicho popular
No hace ni quince minutos que, mientras comía, me dedicaba a observar lo que algunos sabios han dado en llamar la caja idiota. El tenor de las noticias sigue siendo el mismo. Primero viene la versión seria y feminoide de Lolita Ayala, siempre tan incluyente y tan políticamente correcta, que aquello más bien parece un retrato del ciudadano ideal: acrítico, receptivo y siempre en busca de la nota amable.
Sin perder tiempo, la “Señal diferente” ofrecida por canal trece, se dedica a derridear (o deconstruir, pues), en un mismo programa, a Fuera de serie, conducido por Sofía Vergara y a Primer Impacto, con la presencia de Mirka de Llanos. Hechos Meridiano toma entonces, del primero, la imagen del conductor bigotón y buena onda; mientras recoge, del segundo, las banalidades que más se asemejan a la fábula (por la moraleja que suelen brindar) que a la noticia.
El contra ataque televiso es simultaneo. Asistiéndose de la estereotípica imagen de la mujer voluptuosa, Galavisión ofrece su mexican version of Primer impacto. Fue en este espacio donde, retomando el hilo conductor de este texto, escuché una noticia digna de las más airadas protestas encabezadas por Monsiváis, Poniatowska, et. al.
Así pues, durante la última representación del vía crucis de Ixtapalacra, en el cerro de la Cruz, se descubrieron los vestigios arqueológicos de una pirámide cuyas proporciones son superiores a las de la pirámide de la luna. El siempre eficaz equipo del Instituto Nacional de Antropología e Historia acudió de inmediato a corroborar el hallazgo sólo para declarar que, bajo ningún motivo, realizarán una investigación al respecto. De hacerlo, pronunciaron estos enanos mentales, atentarían contra el lugar en donde, año con año, se efectúa tan insigne celebración...
Ahora, señoras y señores, damas y caballeros del jurado, apelo aquí por el derecho que tenemos para conocer nuestra historia. Favorecer la preservación del status quo, la supremacía del mito sobre la historia, equivale a regresar a los sistemas medievales de pensamiento. Peor aún. En el medievo el conocimiento existía para unos cuantos, pero ahí estaba. Lo que se pretende con iniciativas de este tipo equivale a la negación del pasado, a la negación de la historia.
Propongo entonces a estos individuos ir un paso adelante. ¿Por qué no crear un índice de libros prohibidos? Mejor todavía. ¿Qué tal una quema publica de los mismos? ¿Por qué no perseguir a todos aquellos que se atrevan a tener alguna noción de historia? Señoras y señores, welcome to the jungle, bienvenidos a una etapa más de oscurantismo, de incomprensión a lo otro, de ideas universales y fundamentales acerca de lo que debe y no debe ser. De no reconocer que aquello de “al pueblo pan y circo” sigue tan vigente como hace dos mil años.
3 de marzo de 2007
¿Cultura o alienación?
Pocas cosas tan contradictorias tiene la ciudad de Guadalajara como esa suerte de tianguis del Chopo cuyo apelativo poca o nula relación tiene con lo que trata de nominar. Claro, no me propongo discutir aquí ninguno de los postulados de las diferentes teorías del signo que pululan por el mundo. Mis intenciones son un tanto más sencillas: trato de explicar un fenómeno tan complejo llamado tianguis cultural.
Claro, es necesario abordar en primera instancia una serie de conceptos cuya intención, en todo caso, será tratar de aterrizar un poco mis dispersas ideas. Tomemos, por ejemplo, y no tan azarosamente, la palabra contracultura, entendida por una aplastante mayoría como aquello que va en contra de la cultura. Nada más alejado de la verdad, pues la counter culture viene, en realidad, a dar equilibrio a lo ya establecido. Entendámoslo entonces como esa serie de transgresiones al canon que lo único que hacen es renovar el estado del arte, cualquier cosa que eso signifique...
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Rebelarse vende, como bien afirma desde su título el libro publicado por sello editorial Taurus durante el 2005. En ese sentido, la contracultura, al menos la conocida a partir de los mil novecientos sesenta, dejó de ser, como de hecho lo hacen todas las nuevas manifestaciones, una corriente que se manifestaba contra el consumismo exacerbado. La contracultura, como bien dice Rogelio Garza, se convirtió en cultura, negocio, moda e institución (Rogelio Garza. “Cultura y contracultura ¿En contra o en equilibrio?” La Mosca en la Pared. Año 8, núm. 52. Noviembre, 2001. Págs. 14-15).
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El problema de la contracultura aparece cuando, de pronto, ésta se convierte en moda. Obvio, los entes habitantes de este inframundo utilizan terminajos religiosos para declarar abiertamente su simpatía hacia ese algo que está en boca de todos. Películas, figuras o grupos musicales pasan a ser “objetos de culto” que es necesario poseer para estar a la vanguardia. Y si el arte o la cultura nos ofrecían, hasta donde el concepto lo permite, una identidad propia, el mundo contracultural y consumista de hoy dicta símbolos universales que deben ser seguidos y adorados de manera inmediata.
Regreso al asunto que hoy nos concierne, al del célebre tianguis cultural. Francamente me parece risible circular por las avenidas planeadas entre negocio y negocio sólo para encontrarme en medio de una multitud de seres uniformes cuyos rasgos nada distintivos son la imagen de niño bien, dispuesto a formar parte de la nueva alienación de RBD; la calaverita de El extraño mundo de Jack del buen Burton (quien sin duda es más que esa película); y tenis Vans o Converse a manera de complemento.
La cuestión con los espacios contraculturales es la siguiente: parece que más allá de ofrecer cultura y señas de individualidá (con el debido respeto al léxico tapatío) la mayoría de los burgueses ahí establecidos pretenden, más que sugerir, instituir. Esa institución resulta evidentemente negativa, pues la cultura deja de lado lo propositivo para convertirse en un asunto peligrosamente militante...

lunes, 26 de febrero de 2007

19 de febrero de 2006
Ubersexual, o de cómo Vanidades mató al metrosexual
Uno nunca dejará de pensar cómo sería el mundo si no existieran publicaciones como Vanidades, Cosmopólitan o Muy interesante. He de admitir que gran parte de mi formación extracurricular se la debo a estas revistas y a sus muy gustadas secciones: realeza europea y novelas de Corín Tellado en la primera, atrevidos consejos sexuales de la segunda, y chismes del mundo científico de la tercera. Mis perspectivas se ampliaron el día que vi a Ludwika Paleta en H para hombres. Al fin tuve, en un mismo ejemplar, lindas mujeres desnudas, deportes, autos, tecnología, moda para hombres... ¡ah! Y algo de cultura general.
Lo que sí me sorprendió fue descubrir que una de las creaciones de este tipo de publicaciones ya había muerto. El metrosexual debía ceder su trono ante el arrollador paso del nuevo espécimen del mundo de la moda y la publicidad, pues es menester recordar que el sexual de a metro fue creado por un publicista redactor inglés...
Así, el ubersexual (de acuerdo a la explicación etimológica brindada por las insignes redactoras de Vanidades, uber viene del alemán que significa “más allá de...”) desplaza al ciertamente amariconado metrosexual, más preocupado por las virtudes de la crema S de Ponds que por su mujer. Sin embargo, la única diferencia entre ubers y metros es que el primero gasta dinero en cremas y lociones para parecer... hombre, mientras el segundo hace lo mismo para semejar a un homosexual.
Aclaro. No es que le tenga tirria a estos tres grupos. De hecho, respeto sobremanera a todo aquel que se asume homosexual sin pensar en el qué dirán. Lo que no me parece es la actitud de algunos salidos del closet que decidieron volver a él, refugiándose en argumentos tan baratos como: “ya descubrí, no era gay, era metrosexual.” Pero, por supuesto, las palmas que se lleva aquel que declara “no se dice secreto en la montaña, se dice ubersexual.” Falta de seriedad, pues...
20 de febrero de 2007
V for vendetta
Las más nobles palabras, como libertad, igualdad o justicia, servían para encubrir la represión, el favoritismo, las formas escandalosamente desiguales de tratar a los individuos...
Nosotros y los otros. Tzvetan Todorov
Varias de las que últimamente se han vuelto mis preocupaciones se ven cristalizadas en una de las cintas más asombrosas que he observado en mucho tiempo. Si Matrix (la primera) significó una auténtica reflexión acerca de lo que pasaría al confiar en los sistemas computacionales, con V for vendetta los hermanos Wachowski ponen de manifiesto un sistema autoritario sustentado en los falsos discursos.
No son los únicos que lo han hecho. Entre otras cosas, en estos días ha vuelto a mí la necesidad de retomar el prefacio del libro Nosotros y los otros, del búlgaro Tzvetan Todorov. Él también insiste en que muchas veces los discursos tienen como fin la validación de los actos.
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El mundo actual apesta a miedo. La nuestra es la educación del terror. Y es que constantemente se nos advierte sobre los peligros a los cuales debemos enfrentarnos al tomar una decisión. Mejor aún. Se nos insinúa que es preferible dejar la toma de decisiones en las manos de otro, de cederle nuestras perspectivas y opciones sin oponer resistencia, pues lo que dichas personas buscan es nuestro bienestar. “No te arriesgues, te va a ir mal...” Es triste descubrir que detrás de este tipo de frases se busque la completa alienación...
Y cuando alguien se encarga de hacer notar los desperfectos del sistema, inmediatamente éste lo condena y lo tilda de terrorista, utilizando, para lograr este fin, los preceptos de un patriotismo chafa que hiede a panfleto. V for vendetta lo plantea del siguiente modo: un nacionalismo a ultranza se sustenta en el miedo a lo otro, a lo diferente, pues se basa en la premisa de que lo diferente es peligroso.
Así, la educación del miedo viene directamente desde los aparatos ideológicos de estado. Las instituciones en más de una ocasión se apoyan para crear terror en la gente, que sigue sin comprender que el pueblo no debe temerle a su gobierno y que es el gobierno quien debe temerle a su pueblo.
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Se trata entonces de reforzar la imagen de lo diferente como algo terrorífico. El que atenta contra lo establecido, aquel que piensa en la posibilidad de un cambio para mejorar, se transforma en terrorista y no es visto como humano. Esta imagen es reforzada por los medios para aumentar el pánico. Y la única manera de evitar el caos es buscar la protección de un sistema paternalista que, para protegernos de todo mal, decide alejarnos de toda forma de pensamiento analítico.
Es en este sistema paternalista donde la seguridad de la información se vuelve lo más importante. Sólo los elegidos son capaces de acceder al conocimiento y, en consecuencia, al poder. La miseria se sustenta entonces con la pobreza mental, con la implantación de burdas formas de entretenimiento que tienen como único fin un difícil acceso al conocimiento para preservar el sistema...
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“... Audacia, justicia y libertad son más que simples palabras. Son perspectivas.” Dice el héroe de la cinta. Audacia, justicia y libertad son más que simples palabras utilizadas para engalanar los discursos de los políticos que buscan la aprobación de sus gobernados. Son ideales que deben defenderse más allá de las prácticas de miedo que se esconden detrás de campañas como “Tienes el valor o te vale”. Son ideales que deben prevalecer a signos tan siniestros como las chivas posando junto al ejercito. Más importante. Son la única verdad a la que podemos aspirar. Y ésta sólo se obtiene a través del conocimiento...
21 de febrero de 2007
White Stripes
White blood cells fue, para muchos, una de las producciones discográficas más importantes del 2002 en cuanto al rock se refiere. Yo no lo sé de cierto, pero el caso es que una vez que tuve acceso total al disco, fui atrapado por los sucios acordes de la guitarra de Jack y las sencillas pero efectivas percusiones de Meg, ambos de apellido White...
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He de agregar que ésta no fue la primera grabación que tuve de dicho dueto, aunque sí contenía el tema con el cual los había conocido. Para más referencias, “Fell in love with a girl”, con sus guitarras de corte punk, la brevedad de una canción rock, y la actitud ruidosa que necesariamente llama la atención de más de uno.
Una vez consolidado el proyecto, los hermanos White trabajaron en su siguiente opus, el cual llevaría por título Elephant. Material de grandes ambiciones, este disco nunca disimula la influencia que Led Zeppelin ejerció en Jack White. Las chillonas voces remiten a Roberto Planta (Robert Plant), así como las guitarras nunca dejan de recordarnos a Jaime Página (Jimmy Page). Ninguna canción deja mal parada a otra; se trata de un disco uniforme en cuanto a calidad, que no a los ritmos. Desde mi muy particular gusto, las mejores son ese blues de ocho minutos que es “Ball and biscuit” y el sobresaliente tema de rock pesado de “Girl, you have no faith in medicine.”
No fue mucho el tiempo que pasó para que la dupla White pisara suelo mexicano. La buena nueva no paró ahí. Venían a presentar Get Behind me satan, disco que, tristemente, pudo conseguirse mucho tiempo después de la presentación.
Nuevamente, el material no decepcionó. Si la presentación fue genial (guitarra: 200 dólares; batería: 500 dólares; que un dueto musical suene como una banda de guerra, y de las buenas, no tiene precio), el disco fue magnífico. En apariencia se trata del trabajo más oscuro del dúo dinámico, pero una vez que se ha escuchado con atención uno presume que lo verdaderamente negro es la ausencia de un nuevo lanzamiento discográfico...
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¿Cómo sería un Greatest hits de los White Stripes de acuerdo a éste, su humilde servidor? Pues de entrada, me parece que deberían estar: “Let’s shake hands”, “Hotel Yorba”, “Fell in love with a girl”, “We’re going to be friends”, “Seven nation army”, “I just don’t know what to do with myself”, “Ball and biscuit”, “The hardest button to button”, “Hypnotize”, “Girl, you have no faith in medicine”, “Blue orchid”, “Take, take, take”, “Little ghost”, “White moon”, “Instinct blues” y “I’m lonely (but ain't that lonely yet).” Hágala, quémela o consígala. Atte. S. s. s.
22 de febrero de 2007
X-men
Xenofobia. Ante todo es una de esas absurdas manifestaciones de miedo a lo otro. Y al respecto, los que se pintan solos son los discípulos del profesor Charles Xavier, los hombres X. Una de las tantas creaciones sesenteras del buen Stan Lee es este grupo de jóvenes mutantes, quienes luchan para tratar que humanos y mutantes puedan convivir en armonía.
Por supuesto, el asunto en cuestión no es nada fácil. Los humanos normales (habría que preguntarse, en todo caso, en qué consiste la normalidad), aquellos que carecen de habilidades especiales, de mutaciones, perciben a los otros como un atentado contra lo establecido. Debe suponerse que esta percepción nada tiene de inocente: una mutación, de entrada, implica un cambio profundo...
La cosa se complica aún más al descubrir que “los otros”, los mutantes, abrazan ideas diferentes que terminarán por enfrentarlos. Así, dentro del bando de los rudos, los rudos, los rudos, están aquellos que piensan en un mundo regido por la supremacía mutante, algo así como los ideales nazis de la supremacía aria. Del lado de los técnicos están los (contemplados desde una visión bastante maniquea) buenos de la historia, representados por el profesor X y sus discípulos.
Ojo. El empleo de la palabra discípulos no es gratuito. A pesar de lo noble que puedan resultar las intenciones de los fulanos éstos (predicar el evangelio de la unión entre razas, de una asimilación completa donde el uno no tenga que imponerse al otro, en cualquiera de los dos sentidos) existe la imagen que se tiene de uno mismo como elegido para realizar una utopía.
Y es ahora cuando la noción del predicador se liga a la del héroe. Las prédicas tienen la intención de derrocar un sistema y de establecer otro. Sin hacer extrapolación alguna, se trata de tumbar al padre. “Un héroe es quien valerosamente se alza contra su padre y le vence al fin” según San Freud (Sigmund Freud. Moisés y la religión monoteísta. Trad. Felipe Jiménez de Asúa. Argentina, Losada, 2004. Pág. 16).
Otro ejemplo que puede apoyar este planteamiento es el de la novela El evangelio de Lucas Gavilán de Vicente Leñero, quien da toda una programática textual a través de la siguiente descripción: “-Jesucristo vino a defender a los pobres y a luchar contra las injusticias. Maldijo a los ricos. Combatió a los explotadores. Dio su vida para cambiar este mundo... Por eso quiero que mi hijo se llame Jesucristo - terminó María David.” Se tiene nuevamente una figura predicadora, la cual es descrita con los rasgos fieles del héroe.
¿Cuál es el problema de los hombres X? No es, ciertamente, su carencia de un rasgo que los identifique como personas especiales, ya que la x pasa a representar una incógnita, una variable, algo que puede ser sustituido con tal de mantener el ideal. Y he ahí que damos con el punto medular de todo. La idea. Porque si una idea es lo suficientemente fuerte como para sobrevivir a costa de todos sus enemigos, bien vale la pena vivir para verla hecha realidad.

lunes, 5 de febrero de 2007

26 de enero de 2007
Rock

I said: I know. It’s only rock and roll, but I like it...!
“It’s only rock ‘n’ roll.” Jagger & Richards
¿Relacionar el rock’n roll con el sexo? ¿En qué se parece hacer el amor al rock? Es posible que a más de uno le parezca extraño el símil, y, sin embargo, no hay nada más lejos de la verdad. Y es que el rock and roll fue, en un principio, un eufemismo tomado del argot de los negros para referirse al “intercambio sexual.”
En honor a la verdad, la mayoría de los adictos al género musical por excelencia de la segunda mitad del siglo XX desconocen que una original mezcla de blues, rhythm and blues, country, gospel y jazz, adicionado con una pizca de sal, derivó en lo que hoy se denomina rock & roll. Asimismo ignoran cómo fue que, poco tiempo después, al adoptar elementos de la música de protesta, éste se transformó en el archi requete recontra conocido rock.
El blues fue, sin duda, la principal influencia. Se adoptó, por principio de cuentas, a la guitarra y su forma de responder los versos entonados por el cantante. Y cuando el blues incluyó el ritmo, aquello derivó, según José Agustín, en rock’n roll. El country también ayudó con el ritmo de sus guitarras, mientras que, gracias al gospel, música religiosa de los negros, todo adquirió un cariz profundo. La libertad que destila el rock, por cierto, proviene del jazz y la música de protesta. Del primero se toma la capacidad de improvisar que lleva a sorprendentes solos o ejecuciones instrumentales que se sirven del acompañamiento rítmico, mientras gracias a la segunda, el rock se insufla de aires contraculturales...
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Creo que el mejor rock es aquel impregnado de guitarras, sean éstas acústicas o eléctricas. Aquel en donde los requintos te dejan una extraña sensación que recorre los nervios. Aquel que, sin imaginarlo, te lleva a simular tocar una guitarra invisible... Para tristeza de algunos aferrados, ese tipo de música murió en los setentas. Soy de la opinión que después de Led Cepillín el rock se estancó. Algunos podrán objetar y abogar por Pixies, Radiohead y White Stripes. Y con la honrosa excepción de los radiocabeza, los otros sólo se dedicaron a repetir los antiguos esquemas, principalmente los rayas blancas (y no de cocaína, sino las de los dulces de canela y menta), quienes dentro de su estruendoso estilo minimalista se fusilan (Jack White se fusila) a Jimmy Page y Robert Plant de... Led Zeppelin.
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¿En qué se parece el rock al sexo? La guitarra, instrumento quinta esencial del rock, es, todos lo sabemos, similar al cuerpo de la mujer. No sólo eso. Es “la” guitarra. Sea ésta eléctrica, acústica y, por qué no, electroacústica (porque las mujeres pueden clasificarse, igualmente, en estas tres ramas).
Las raíces del rock tienen también su influencia en el acto sexual. En el blues, la guitarra responde al cantante, así como hombre y mujer intercambian, entre cada acometida, jadeos de placer y satisfacción. Del rhythm y el country se obtiene el ritmo necesario que puede variar de rápido a lento y viceversa. El gospel, por otro lado, brinda la religiosidad y profundidad (literal y metafóricamente hablando) que el asunto sexual requiere, porque, señoras y señores, hacer el amor, como dirían los clásicos, o coger, para los menos doctos, no es una trivialidad más de este mundo sin sentido.
Para este humilde servidor, el mejor lugar para una transgresión es la cama... o el tan gastado asiento trasero, la cochera, un baño, la casa de los padres, una plaza pública, el salón de clases, una mesa de billar... Copular y cantar una canción de protesta sólo indican la búsqueda del hombre por la libertad.
El jazz es, por otro lado, libertad. Improvisación en su sentido más elevado. Besos, caricias y posiciones pasan a ser notas musicales que uno tiene que aprender a utilizar en el momento exacto. Hacer el amor es, por consiguiente, ejecutar la mejor pieza de rock. Después de esto, no hay música más hermosa que los orgásmicos acordes del cuerpo femenino.
27 de enero de 2007
Sexo

Sobre el sexo se pueden decir, al igual que sobre cualquier tema, infinidad de palabras. Ríos de tinta han manado de diferentes plumas (o impresoras) con tal de expresar personalísimas opiniones acerca de esta condición de los seres vivos. Y el problema no es hablar sobre el sexo, sino el de tomar las palabras en su acepción más literal, pecados de lo políticamente correcto...
Y es que sexo es un vocablo que implica demasiadas cosas. Qué decir de frases que lo incluyen, con todo y sus derivados. Si, por ejemplo, alguien me comentara: “Anoche tuve sexo”, yo podría pensar que esa persona ha sido asexuada toda su vida y que, hasta la noche referida, carecía de genitales masculinos o femeninos. Claro, en la vida real esto no ocurre, pues damos ciertas cosas por sentado, y, para retomar mi parábola, yo debo entender que dicha persona practicó el viejo mete saca.
Sin embargo, algo que me friquea (del gringuismo freak) es que la gente hable abiertamente de las relaciones sexuales. Y que no se me malinterprete. Con esto no declaro mi afiliación a las fuerzas armadas de Pro-Vida ni a la todopoderosa Acción Católica. Más bien me llena de estupor el malentendido acerca de dicha nominación. Exijo, desde tan alta tribuna, se aclare lo que es una relación sexual para dejar de ser considerado un depravado...
Porque, siendo francos, las relaciones sexuales las tenemos todos días. Uno no se quita el sexo como si fuera un accesorio prescindible, parecido en este sentido a unos aretes o una corbata. Un niño tiene relaciones sexuales con su madre por el simple hecho de que ambos son seres sexuados, y no por eso la progenitora pasa a ser la bacinica de los complejos edípicos del crío. Yo, por cierto, tengo relaciones sexuales con mis amigos hombres, y no por ello he fornicado con ellos.
La cuestión a tratar es simple. ¿Cómo nominar, entonces, a la cópula, sin sonar a Discovery Channel y sin implicar las emociones inherentes del “hacer el amor”? Porque, en realidad, la frase “intercambio sexual” me parece tan excitante como una patada en los huevos, sin incluir en esta ocasión a mis amigos masoquistas, quienes tendrían una opinión distinta al respecto.
Pienso, para ser sincero, que uno de los más grandes obstáculos respecto al sexo es la cantidad de tabúes que giran a su alrededor. Otro misterio sin resolver es, por ejemplo, el de la distinción entre lo erótico y lo pornográfico. Triste resulta que, mientras la sociedad no se decida a abandonar ciertos patrones de pensamiento, seguiremos atados a los mismos complejos de siempre. Lo malo es que, mientras no se aclare el tema de las relaciones sexuales, yo seguiré sintiéndome culpable por fornicar, de acuerdo al políticamente correcto (y estrecho) concepto, con cuanta persona tengo tratos...
28 de enero de 2007
Tecnología

Tratar de explicar al Hombre de hoy es difícil. Más fácil es, sin embargo, tratar de hablar del hombre, espécimen que ha sobrevivido a pesar de los tiempos modernos. La curiosa distinción, he de admitirlo, no es original de este escribidor. Y para dejar claro que mi intención no es robar los créditos de nadie, todo aquel interesado puede revisar la referencia auténtica en el prólogo de la novela Ronda naval bajo la niebla de Pere Calders. Resumiendo las palabras del citado catalán, la trascendencia es un concepto que ambos entienden de manera diferente. Mientras el Hombre se refugia en sus inventos y adelantos científicos, el hombre lo hace en la importancia de los gestos, las sonrisas y la auténtica comunicación.
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El mundo de hoy resulta sobremanera paradójico. El avance tecnológico nos vuelve fríos y calculadores. Una muestra la podemos encontrar en los miles de sitios chat que existen en internet, donde un joven se refugia en el anonimato que brinda la pantalla para fingirse una ardorosa doncella que solicita, desesperada, al galán que la desvirgue. Es obvio que lo menos preocupante del asunto es el engaño, pues se debe considerar que nunca faltará el incauto que cae víctima de los juegos tecnológicos.
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Uno de los temas recurrentes al hablar de internet, es el de las amplias posibilidades que ofrece la web. Así, mientras se mencionan beneficios, fuentes de ingresos, bolsa de valores en línea, la transacción del sitio del momento, o el porcentaje de visitantes por minuto, se deja de lado, por obvias razones, el apremiante análisis acerca de la alienación on-line.
La alienación, para todos aquellos a quienes el concepto no les sea familiar, es, según el docto Larousse, la creación de obligaciones o privación de la libertad. La pregunta es ¿cómo una computadora es capaz de alienar a los pueblos? Esta cuestión puede ser respondida con un buen ejemplo.
Más de uno recordará, aún con cierta gracia, el singular fenómeno mediático que provocó, desde internet, el video de la caída de Edgar. Yo, poco instruido en el mundo de la web, mostraba mi completa ignorancia respecto a dicha grabación cada vez que ésta era referida entre mi círculo de amigos. Se me impuso entonces la obligación de videar (viddy well, little brother) a Edgar con la siguiente frase: “tienes que verlo.” Así, uno cae en la cuenta de que los temas de conversación son los acontecimientos de internet y no los de la vida real.
Y lo peor de todo es que ahora aparece un portal llamado Second life que, entre otras cosas, ofrece, desde la obviedad de su título, vivir una segunda vida en el mundo de la web. Cualquier usuario con acceso a internet, conocimientos de inglés y una tarjeta de crédito capaz de pagar la bicoca de diez dólares por concepto de inscripción, puede acceder a esta página y crearse un alter ego capaz de comer, cagar y coger. La ganga incluye una extensión de tierra y un cambio de ropa, pues sería inconcebible aparecer desnudo en este nuevo mundo.
Ahora, si usted quiere comer, se verá en la necesidad de buscar un trabajo ad hoc a sus capacidades o fantasías. Porque la oferta de Second life es esa. Realizar sus fantasías. Si usted, macho profundo, se preguntaba qué se sentiría ser mujer, puede saciar su curiosidad en este mundo virtual. Las posibilidades, efectivamente, son infinitas; usted puede interactuar con otros usuarios o ingresar a la nómina de empresas como Gucci o New York Times y recibir un salario que podrá utilizar en ambos mundos, el real y el virtual.
Se sabe de personas que ya laboran sus respectivas ocho horas diarias, pues el tiempo corre igual en ambas partes. Incluso la extensión del planeta es la misma. Por el momento, el único imposible es compartir las emociones y los sentimientos de su personaje, lo cual, visto con ojo crítico, se agradece. El riesgo de este portal es, hay que decirlo, la alienación perfecta. Uno se acerca de manera voluntaria y termina tan compenetrado en una nueva realidad, que termina pidiendo más y olvidándose del mundo en el que habita.
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Retomando la comparación entre el Hombre y el hombre es menester decir que mientras el primero, esclavo del mundo de las pantallas, busca una manera de conectarse definitivamente a la red, el segundo aún es capaz de observar por encima del monitor para descubrir, no un mundo virtual, sino la mirada de otro igual...
19 de enero de 2007
Querétaro (o de las posibilidades léxicas que ofrece la geografía mexicana)

Para Selene, cuya inocencia inspiró este texto
¡Que no le digan, que no le cuenten, porque es mentira lo que no mira! Señorita, señor, ama de casa, obrero, niño o niña; traigo para usted el invento perfecto para poder lidiar y espantar de su casa a todo ser despreciable por naturaleza. No pierda usted la oportunidad de tener, de poseer, de hacer suyo el justo remedio para librarse de una vez por todas de aquellos mentirosos que quieren vivir a costa suya.
Lleve hasta las puertas de su casa la estampita repelente de escritores, vendedores y políticos por sólo tres pesos. Tres pesos le vale, tres pesos le cuesta. Más barato que un kilo de tortillas y con más beneficios que la credencial del INSEN. De los creadores de la cédula de San Ignacio de Loyola, traigo ahora, para usted, el remedio perfecto contra aquellos embusteros que suelen apropiarse de los inventos de otros... Tres pesos le vale, tres pesos le cuesta...

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Muchos escritores alardean acerca de su capacidad para inventar juegos de lenguaje. Pocos son, sin embargo, aquellos que lo logran de una manera natural, y quizás sea conveniente citar, entre ellos, a Cortázar (but of curse) y a Quevedo. Otros, como José Agustín o Armando Vega Gil, se encargan de recoger expresiones tomadas del habla popular, y conste que no por ello los critico en el sentido peyorativo de la palabra; al contrario, su estilo para plasmar en papel el caló de sus tiempos me parece por demás acertado.
Me declaro incompetente para lograr siquiera un tercio de lo hecho por los atrás mentados. Así, pues, que no le digan, que no le cuenten; yo sólo me dediqué a recopilar, con ayuda de mi abuelo, frases atribuibles sólo a la inventiva popular. Con aclaración de por medio, espero nunca llegue a las puertas de su hogar un remedo de escritor a anunciarle “sus nuevas creaciones”... similares a las que ya están aquí.
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¿No vas a Querétaro? Utilizada principalmente como albur, esta frase viene cargada de una fortísima connotación sexual. Desglosado con otras palabras, es una invitación al viejo mete saca. Si a usted le ofrecen, utilizando esta pregunta, por decir, una probada de helado de chocolate, acepte inmediatamente. Y si no... también.
Me dieron a escoger entre Toluca o Puebla. Es común el día seis de enero, sólo para poner un burdo ejemplo, que los famosos reyes magos hagan su aparición en los hogares mexicanos y dejen un regalito para recordarnos la gran venida del señor (y digo esto sin apelar a las connotaciones sexuales, y vaya que la Biblia las posee). La gente procede entonces a preguntar ¿Qué te trajeron los reyes? Año tras año sigo montado en el macho de “me dieron a escoger entre Toluca o Puebla.” Aparentemente nadie entiende la referencia a lo característico de ambas ciudades: el chorizo y el camote, respectivamente. Sólo así logro olvidar la furia que siento al observar mi regalo. Pura reata.
Vamos a Paracho. Frase conocida entre los dependientes de las drogas adictivas. No por que en este michoacano municipio, célebre por sus guitarras, se vendan estupefacientes al por mayor. Más bien se trata de hacer una invitación a comprar algo de material, lo que en el argot del medio se conoce como ir a parar mercancía...
Vamos a Atizapán (y no de Zaragoza, precisamente). Una más del delicioso Planeta Yerba. Los asiduos visitantes a los encantos de María La Loca convidan a otros a atizar, a dar el golpe al carrujo que traen entre manos. El hecho de estar considerado para este festín, sobre todo en tiempos de escasez, es todo un honor. A usted le corresponde ser cortés y no desdeñar tamaño agasajo.
Hasta a Tijuana me la llevo. Suponga usted, en caso de pertenecer al género masculino, que va por la calle platicando con otro miembro de su mismo sexo. Divisan, a lo lejos, a una fémina de muy buen ver. Ambos, cual machos en celo, comenzarán a murmurar linduras del tipo: “me gustaría que fueras Corn Flakes... para echarte lechita.” Una vez mostrado todo el cobre, usted pregunta ¿Tú sí le dabas?, Hasta Tijuana me la llevo, dice el otro. Esto quiere decir, en pocas palabras, que usted también tiene vela en el entierro, literalmente...
Y bueno, en vista de que las posibilidades léxicas que ofrecen los juegos de palabras que aluden a los toponímicos, considero justo y necesario (en verdad, es justo y necesario) dar, por el momento, fin a esta pequeña (y contradictoria) perorata. O qué ¿no vas a Querétaro?

viernes, 19 de enero de 2007

18 de enero de 2007
Primavera con una esquina rota
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Para Paola, quien insiste en que la P es única y exclusivamente suya
Puntos suspensivos. ¿Somos cabalmente conscientes de lo que implica su uso? En un texto escrito indican, por lo general, una ruptura del discurso, sea ésta originada por una interrupción ajena, un reacomodo de las ideas que se plantean decir, una pausa para tomar aire, valor... O para decir (y hacer) las cosas trascendentes.
Esta imagen me deja la lectura de Primavera con una esquina rota de Mario Benedetti. No la de las cosas trascendentes (o quizá sí, pues toda novela se ocupa de éstas, ocultándolas tras el telón de ciertas cosas específicas) sino la de los puntos suspensivos. Y es que en un principio pensé en plasmar mis traumas amorosos con la figura de la suspensión. No deja de maravillarme cómo, mientras uno pone punto final a una historia, el otro piensa que la pausa es solamente (¿solamente?) una tercia de puntos suspensivos, lo cual, en sí, no es bueno ni malo, sino todo lo contrario...
Lo trascendente es la libertad, la amistad, la vida, el amor. Pero no la visión egoísta del amor occidental. Me refiero al amor visto desde la perspectiva oriental, al que se brinda sin esperar nada a cambio. Y ¿cómo lograr la trascendencia si se nos ha impuesto la suspensión? O para decirlo en palabras que hagan referencia a la obra de Benedetti ¿Qué pasaría si de repente la milicia se hiciera cargo de una nación?
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Es curioso que en pleno invierno piense ya en las cuestiones de primavera. Pero no una cualquiera. La temporada de la que hablo es triste, con una esquina rota; nada que ver con el jolgorio que año tras año se festeja a partir del 21 de marzo. No dejo de pensar en las similitudes que tiene una novela con la realidad, máxime cuando ambas hablan de soldados, exilio y rupturas...
Pero ¿en qué se asemeja mi realidad a la de Primavera con una esquina rota? En muy poco, quizás, porque aún no han acontecido muchas de las cosas que plantea el mundo narrativo de la novela que hace alusión al particular caso del Uruguay de los años setenta. En México aún no se militariza por completo el país, lo cual agradezco sobremanera, pues no nos hemos dado cuenta de lo que esto significa...
Sin embargo, no hay razones para estar felices; me llena de temor que el equipo de fútbol del Club Deportivo Guadalajara (mejor dicho: el equipo más popular del deporte más popular de México) decida posar para una sesión fotográfica al lado de las fuerzas armadas de la quinceava zona militar. Insisto, es menester descubrir que, detrás de este tipo de actos, se esconde la manipulación de un gobierno que trata de enajenar a su pueblo. Permitir la militarización de un país es entregarse por completo a un grupo de personas con una visión de mundo demasiado estrecha, cuyo sistema de pensamiento se basa en la máxima del orden a cualquier precio...
Quiero creer, en un acto de fe bastante arriesgado, que, para bien o para mal (o para peor) también existen personas dispuestas a defender a cualquier precio las cuestiones trascendentales de la vida. El amor hacia los otros puede mostrarse sacrificando la libertad y la vida propia, incluso a sabiendas que, lo que le espera a ese individuo es una existencia con la carencia de aquello por lo cual está luchando. Así, el lapso entre el reencuentro con sus ideales es una vida en puntos suspensivos (exilio, cárcel) y todo lo que eso implica. Incluyendo la muerte...

viernes, 12 de enero de 2007

29 de diciembre de 2006
Nacionalismo (con dedicatoria especial para maese Guillén por sus atentas palabras)

... Pero un corazón me aconseja: los nacionalismos ¡qué miedo me dan! Enrique Búnbury

No es poco el tiempo que se dedica en comerciales televisivos a insistir en la unidad de los mexicanos. Sin embargo, no deja de parecerme altamente sospechoso que entre los (i)responsables de estas chauvinistas ideas se encuentren grupos que de alguna manera favorecieron la llegada de Felipe Calderón a la H. Presidencia de la República de los Estados Unidos Mexicanos. Se sabe de antemano que los espíritus pequeños tienden a exaltar situaciones insignificantes para así manipular tranquilamente a sus pueblos.
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¿Qué tienen en común Calderón, Hitler y Napoleón Bonaparte? Más allá de sus ideales conservadores, estos hombres han abogado por un nacionalismo a ultranza tan falso como un billete de tres pesos mexicanos. Hitler no era alemán, así como Napoleón tampoco era completamente francés. Felipillo, por su parte, se ha dedicado, desde sus tiempos de candidote presidencial (así, candidote), a llamar a la unión de los mexicanos en contra de aquellos que, según él, quieren vernos separados (léase Andrés Manuel López Obrador).
Por otro lado es interesante describir las estrategias utilizadas por el alemán de bigotillo llamativo para inculcar en sus compatriotas la idea de supremacía de la nación aria. Hitler era un gran hombre de los medios de comunicación. Carteles, canciones, panfletos y cinematógrafos fueron empleados para hacer llegar a todo mundo los ideales del nacional socialismo. ¿Y qué era lo que decía toda esa propaganda? Aquel que no es como tú, es diferente. Aquel que es diferente, es tu enemigo. Y son precisamente estos pensamientos facistoides los que día a día llegan hasta la comodidad del hogar vía Fundación Televisa.

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Si la memoria no falla, van más o menos así. Spot uno. Dos niños platican en medio de una riña entre dos bandos: ¿Dónde vives?, En México, Yo también ¿y ellos?, También, lo malo es que no se acuerdan. Una voz fuera de cuadro dice: “La unidad es un valor único. Y tú ¿Tienes el valor o te vale? Spot dos. Imágenes de una sesión en la cámara de diputados. Un representante del PRD golpea a uno del PAN. Una niña observando televisión dice: “¿Por qué le pega, mamá? ¿Hizo algo malo?” La madre responde: “Al contrario, hija. Son esos diputados del PRD los que le están haciendo daño a México.”
Lo que aparentemente trata de funcionar como un llamado a olvidar las diferencias, no hace otra cosa más que acentuarlas. Aún recuerdo aquella de noche de copas en que tomé (literalmente) un taxi para llegar a casa. Después de establecer la mecánica mercantil, el conductor no dudó en preguntarme ¿estudias o trabajas? Respondí que hacía ambas cosas, por lo cual el taxista me felicitó y dijo (textual): “¡Qué bueno! Menos mal que no andas apoyando a los perredistas ni a los tipos de Oaxaca.”

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Concuerdo por completo con las palabras del buen Fedro Carlos Guillén cuando afirma que “detrás del nacionalismo se esconde la manipulación, y en muchos casos la imbecilidad de la gente.” No es que yo, sistemáticamente, tilde de imbécil a todos aquellos que me dicen estar orgullosos de ser mexicanos; sobre todo teniendo en cuenta que la tolerancia es un valor único. El asunto radica en qué clase de mexicano soy. ¿Me preocupo por lo que realmente pasa a mi alrededor (léase Oaxaca, represión, pobreza, inconformidad, hambre, etc.)? ¿O vivo una vida hedonista preocupado por los patrones que me dicta Fundación Televisa (incluidas la tolerancia de aparador, mis donaciones al teletón y el tienes el valor o te vale que finalmente no hace otra cosa más que valer madre)?
30 de diciembre de 2006
Ñáñaras

Ñoñez tras ñoñez traté de intentar para poder lograr el extraño cometido que me propuse a mí mismo: iniciar este texto con la letra eñe. Así, luego de arduas búsquedas en el diccionario tratando de localizar la exacta palabra que embonara con el cuerpo del texto, di, al fin, con la ñoñeria referida. Me queda el descubrimiento de entradas tan agradables como ñiquiñaque, que casualmente se refiere a una persona u objeto despreciable. ¿Me estás oyendo ñiquiñaque?
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Sin duda alguna, el momento más memorable del mandato del Vicente Fox fue el día en que una niña le preguntó sobre el sentimiento que tenía al ser presidente. La respuesta fue digna de antología (“Se sienten ñáñaras”), y si mal no recuerdo, aparece en el recuento de frases celebres recopiladas por Ponchito: ¿Y yo por qué? publicado por Ediciones B.
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Según el Diccionario de la Real Epidemia de la Lengua, las ñáñaras son una sensación de cosquillas en el ano. Por lo que sé, éste es un síntoma más bien de aquellos que tienen infestados de lombrices los intestinos, y no de los que, por decisión popular, son elegidos como representantes de gobierno. Por otro lado, y dada la singularidad del caso, probablemente los dignatarios de cada nación evitan divulgar este tipo de señales corporales (imaginar una cumbre de naciones donde los presidentes hablan de sus anos y los cosquilleos que tienen por donde nunca les pega el sol).
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Yo soy muy pudoroso en cuanto a ir toqueteando mi ano por las calles del mundo. Podré rascarme un testículo de vez en cuando al ir caminando o esperando a que pase mi camión. Más reservado me comporto si se trata de escarbarme la nariz en busca de algún moquillo inquieto que anda perdido en los recovecos de mis cavidades nasales. Incluso soy discreto cuando tengo que acomodar en su lugar salva sea la parte luego de una inesperada erección callejera provocada por los encantos de alguna niña bonita, linda criaturita.
Yo, ignorante declarado, desconozco si existe un Manual de Carreño para Presidentes. Puedo suponer que sí, ya que no hace mucho se desató una polémica internacional cuando Evo Morales declaró que asistiría a cuanto evento fuera invitado, con las mismas prendas que utilizó a lo largo de su campaña presidencial en Bolivia. Entre otras linduras se le criticó por naco, aunque otros, con mucho más estilo, dijeron que eso era una falta de respeto al protocolo. ¿Qué habrán pensado de Fox y sus ñáñaras?
Sea por angas o por mangas, renuncio desde ahora a querer ser presidente. La sola idea de pensar que probablemente me tendré que sacar la fruta de la piñata constantemente es aterradora, incluso para mí. Si algún día tengo que rascarme el ano, prefiero hacerlo sin el remordimiento de lo que piensen mis compatriotas. Y si así no lo hiciere, que la nación me lo demande.
11 de enero de 2007
Olfato
¿Olvidar este sagrado espacio? Para nada. Los días de fiestas son de respeto, y no hay mejor forma de honrarlos que con la mano y la cerveza apuntando al cielo con un sonoro ¡salud! Pido entonces una disculpa desde las postrimerías de la resaca y trataré de terminar este pequeño experimento del “Diccionario de palabras claves para comprenderme.”
El día de hoy me correspondía hablar del orgasmo. Aun cuando el texto estaba preparado en su totalidad, decidí voluntariamente eliminar todas las palabras que había redactado al respecto, porque trataban de temas que expresarían filias y fobias muy personales. Si por algún acaso alguien se interesa en conocerlas, que sea del sexo femenino, por favor...
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“...Para gozarlo hay que saber sus secretos, meterse de lleno en su esencia para finalmente sacarle todo el jugo posible.” Es curioso notar en esta frase de Eusebio Ruvalcaba, la presencia de dos palabras. Esencia, relacionada principalmente con el sentido del olfato (en El perfume, por ejemplo, el protagonista busca la máxima esencia) y jugo (palabra que me resulta por demás erótica, etimológicamente hablando, algo así como “Jumex, el jugo de la vida”) que hace alusión al sentido del gusto.
Más allá de descubrir que Jumex posee buenos publicistas que juegan con una retórica de lo erótico, me parece interesante compartir otra lectura con ustedes antes de pasar al punto medular del asunto.
“El olfato se combina con el gusto para proporcionarnos ese amplio abanico de sabores que nos gustan o disgustan. Pero percibimos el olor antes que el sabor...” (Tomado de William Ian Miller. Anatomía del asco. Trad. Paloma Gómez Crespo. España, Taurus, 1999. Pág. 105).”
Curioso ¿No? Sin embargo queda la duda ¿a qué se refiere la primera cita? Ruvalcaba trata de decir a qué sabe una mujer. La parte que reproduzco aquí habla sobre el perineo (zona situada entre el ano y los genitales). Nuevamente escribe Ruvalcaba: “... lo más bello es que el sabor del perineo se acerca notablemente al del tequila. Como si ambos proviniesen del mismo agave. Ese aroma del tequila que hace mover la cabeza de un lado para otro y cerrar los ojos como si se estuviera a punto de lanzar al cielo una plegaria, esa sensación es la misma cuando se está ante el perineo. Entonces lo siguiente es probar. Sacar la lengua y probar. Exactamente como los niños que prueban de todo, porque sus prejuicios aún no están lo suficientemente crecidos, así hay que ser para satisfacción de uno mismo y del otro. Dejar que la nariz haga lo suyo. Dejar que los dedos hagan lo suyo.” (Tomado, junto con la anterior cita del mismo autor, de Eusebio Ruvalcaba. “A qué sabe una mujer”. La mosca en la pared. Año 13, núm. 111. Pág. 10.)
A pesar de la exquisitez que puede resultar el estar ante el perineo de una mujer, existen algunos hombres que aún no están acostumbrados a dicho placer. He de confesar que incluso a mí me pareció repulsivo la primera vez. Y es que aquello es un olor fuerte, acre. Como el del tequila. Sin embargo, una vez que nuestro instinto animal ha vencido la repulsión inicial (ya que, según san Freud, el olfato es el sentido que nos devuelve a un estado básico, primigenio) un hombre es capaz de embriagarse con aquellos néctares (y qué es el néctar sino la esencia líquida de algo).
Dice maese Kundera en su aforística novela La insoportable levedad del ser que amar significa renunciar a la fuerza. Por otro lado, el amor físico es impensable sin violencia ¿Qué nos queda entonces? Aceptar que, como humanos, tenemos dos naturalezas, que somos una extraña dicotomía ciertamente adorable. Tratamos de comportarnos bajo las reglas que la sociedad nos impone, y la única forma de transgredir esa alienación es ceder un poco a los impulsos. Y qué mejor lugar para la transgresión que el encuentro sexual.