viernes, 15 de diciembre de 2006

9 de diciembre de 2006
Por no escapar del estereotipo...
...los obesos son perezosos y carecen de higiene personal (y los italianos son guapos, las mujeres que miran fijamente son putas, así como los brasileños son buenos futbolistas, agregaría un servidor, que ha sucumbido a la avalancha del estereotipo). Fedro Carlos Gullén
Dentro de la colección de clichés que elabora el hermano de Sarita (¡hermosa!), no puede faltar una sección dedicada a los estereotipos, pues son éstos uno de los mejores ejemplos de cómo, a partir de una generalización, las personas con alguna característica específica, pasarán a ser considerados resultados de un proceso de fabricación en serie.
Pensemos, por ejemplo, en los escritores. Fuman mucho (cabe aquí la posibilidad de que sea marihuana), beben más, son viejitos, panzones y pelones. ¿O no? Pensemos ahora en un cibernauta. Jóvenes obesos, llenos de acné, con lentes y carentes de vida sexual (de ahí que por lo general estén clavados en algún chat fingiendo ser doncellas ardientes). En cierta forma tengo algo de escritor, aderezado con un poco (sólo un poco) de cibernauta y para nada soy gordito, alopécico o cegatón. Ni siquiera carezco de vida sexual, porque todas las noches me hago cariñitos.
A pesar de eso creo que hay algunos cuantos estereotipos que siempre serán ciertos. Y por eso los comparto con usted. Estudiante de letras variante hippie: morral de estambre, huaraches San Juaneros, camisa de manta, barba larga y cola de caballo; este espécimen suele hacer sus compras literarias en librerías de viejo. Estudiante de letras variante fresa: playera comprada en la FIL con el rostro de algún escritor (casi siempre es Cortázar); morral de Gandhi, Fondo de Cultura, o, si se es muy fresa, de marca; suele ir de shoping con el hindú pacífico en busca de descuentos inexistentes. Estudiante de derecho: cocainómano, bandero y fresa; en ocasiones se acuerda que tiene clases. Estudiante de trabajo social: gordita, le va a las Chivas, no se pierde La fea más estúpida (digo, Bella) ni el Tv y novelas. Estudiante de filosofía: pachequito (añada los valores atribuidos al estudiante de letras hippie).
¿Y los demás? No nos hagamos bolas, que todos pertenecemos a algún grupo bien claro y definido. Si no ¿qué chiste tendría vivir en sociedad?
10 de diciembre de 2006
Crónica de un campeonato anunciado (a lo cual me pregunto ¿por qué siempre deconstruimos a Gabo? ¿Hemos creado a partir del uso un sintagma fijo?)

A menos que usted, mi querido y atento lector, viva en el planeta Marte o fuera de las fronteras de la siempre contradictoria geografía mexicana (ya que, según los defectuosos, las personas que viven al interior de la República curiosamente no son las que están al centro), habrá notado que el día de hoy las Chivas Rayadas del Guadalajara conquistaron su estrellita número once.
Este trascendental asunto ha logrado mantener a la nación chiva (Enrique Garay dixit) pegada a sus televisores o celebrando en la Minerva luego de importantes victorias ante América o Toluca. Por supuesto que aquellos que disfrutaron estos partidos nunca se enteraron cómo fue que parte del gabinete de Calderón tomó posesión (lo hizo tan sólo a media hora de haber concluido el clásico de clásicos, cuando toda la fanaticada estaba beoda) o de los avisos fiscales que dio el Secretario de Hacienda, Cartens (justo el día que Chivas y Toluca disputaban el episodio uno de la final).
Recuerdo haber afirmado en este espacio que a Chivas le deparaban buenos resultados en esta liguilla. No fue una observación de seguidor rojiblanco, sino más bien un llamado de atención de alguien que pretende crear conciencia acerca de la situación que le depara al país. Como decían los romanos: al pueblo pan y circo. Los Aparatos Ideológicos de Estado, conocedores del antiguo adagio, lo aplican sin empacho a la menos provocación. ¿O usted hubiera visto la final de haber sido Tecos contra Atlante? ¿Verdad que no?
El hecho de que el equipo de fútbol más popular de México haya llegado a la final de puro panzazo y se alzara con el campeonato justo en fechas en que el entorno socio político es por demás apremiante, me deja un amargo sabor a sospechosismo (sic de Santiago de Creel) en la boca. No es por paranoia, pero... que conveniente ¿no?
11 de diciembre de 2006
Acerca de Dominachuela
No hace mucho tiempo que estoy trabajando en la idea de escribir una novela sobre la Conquista de México. A algunos lectores, sin embargo, les parecerá extraña la referencia a Rayuela en una nominación por demás fea. Para ser sinceros, Dominachuela es un mote puesto con mucho cariño y surgido al calor de las cervezas de diez pesos gracias a las ideas de mi Omarcito precioso.
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“En estos días transpiro Dominachuela,” fue lo único que atine a decirle a Sarita al comentarle los adelantos que he tenido en el proceso de creación de esta novela. Y no es que a estas alturas ya tenga el primer borrador terminado, pero las ideas fluyen a caudales cuando debería estar trabajando en mis tareas escolares y mi proyecto de investigación para sociocrítica (del cual por cierto ya tengo adelanto para la inevitable sesión de mi retorno).
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La referencia a Rayuela puede atribuírsele a la lectura guiada y sugerida al principio de dicho texto. Por otro lado, lo del dominó se debe al Sagrado Manifiesto Infrahuevón que dice, en su capítulo V, punto número cinco: “Utilice el dominó como a usted mejor le plazca, cualquier cosa que esto signifique.” Fiel a los principios que redacté como evangelista de la nación Infrahuevona, inscribo mi obra dentro de este movimiento.
No puedo adivinar lo que le depara a este proyecto. Me entusiasma la idea de sudar sangre cual Cristo a punto de ser llevado al matadero. Mi problema acaso es la desidia, como bien atinó a decirme mi dulce Sarita. Es por esta razón que, con hueva y todo, me preparo a pasar de las nociones generales y algunas imágenes ya fabricadas a la redacción seria de un borrador capaz de participar en el recién convocado Premio Latinoamericano de Primera Novela “Sergio Galindo.” Me deseo suerte.
12 de diciembre de 2006
Beethoven, Burgess y Kubrick

No he dejado de pensar que la mejor manera de sublimar la violencia es con un buen fondo musical. Piensen simplemente en la matanza de los miembros de la mafia asiática en Kill Bill a ritmo del Avispón Verde (y no de los Black Eyed Peas, como me comentaba un primo).
Esto viene a colación porque en la mañana, mientras desayunaba, tuve la ocurrencia de volver a ver A Clockwork Orange (La naranja mecánica). Para mi muy particular gusto, esta excelente película tiene el acierto de musicalizar las escenas más descarnadas a ritmo de la novena sinfonía de Ludwig van Beethoven, lo cual refuerza el concepto de que la violencia es lo máximo en la mente del joven Alex.
Independientemente de esta opinión personal, luego de haber visto esta película más de veinte veces y gracias a algunas herramientas obtenidas de la fabulosa sociocrítica, he podido observar que en la obra siempre existe la oposición entre nuevo y viejo. Por ejemplo; Alex, a pesar de ser un joven, en más de una ocasión se manifiesta a favor del viejo mete-saca. Podemos observar otra muestra de estos textos semióticos cuando, luego de un desafortunado encuentro con sus antiguos compañeros, y ya en casa del literato, Alex es reconocido como una víctima más de los tiempos modernos. Por otro lado, la narración del protagonista se da a partir del recuerdo de sus viejas aventuras.
Dentro de los elementos de la cinta, me parece pertinente notar el uso del lenguaje. El hecho de que Alex se exprese alejado de las formas coloquiales de su entorno, nos habla de un estado donde se es lícito incluso violentar el lenguaje. Alex es consciente de esto, pues ante sus superiores utiliza un lenguaje más “conservador” o propio, por así decirlo.
De tarea: a nivel cromático existen varios elementos pertinentes para el análisis. La cinta inicia con una secuencia en color rojo que cambiará a azul y de vuelta a rojo. Una observación de Sarita, al comentarle mis impresiones, fue ¿por qué la banda de Alex siempre viste en color blanco? Ayúdeme a descubrirlo mi querido lector. Nos vemos para la próxima.

P. D. Niña, gracias por todo. Sé que eres inocente de todo cuanto ha pasado en el transcurso de estos días. La única pregunta que me queda es ¿por qué...?
13 de diciembre de 2006
Honestidad brutal
Podría decirte que agradezco tu sinceridad. A pesar que así lo siento, nunca he dejado de pensar en lo gastada que resulta dicha frase, pues la mayor parte de la gente la emplea a pesar de tener miedo a lo que va a escuchar. Sin embargo, ya estaba listo para la verdad que estaba a punto de salir de tus labios. Ni siquiera necesitabas mencionarlo para que yo tuviera idea de lo que pensabas. Lo que no puedo entender aún es ¿por qué? ¿Qué pasó en el transcurso de una semana? ¿El amor y el cariño que sientes por alguien pueden huir en tan breve lapso de tiempo? ¿Hice algo malo acaso? ¿Deje de hacer algo? ¿Crees que no me di cuenta de lo que pasaba?
Todas las personas me han dicho que lo único que hiciste fue jugar conmigo. Sé que no es cierto. Quiero creer que no es cierto. Por eso fui a buscarte. A escuchar una palabra que me dijera que no es así. Fue triste para mí que no pudieras articular alguna frase referente a nosotros. Es triste porque estoy deshecho y no encuentro la razón para ponerme de pie.
Si tu me vieras por la calle pensarías que soy una persona normal. Que nada me afecta y que soy fuerte. Esa es la imagen que siempre doy. Asómate a mi alma y verás que es un despojo. No salí ileso como afirmaste. Aun cuando ya sabía que esto no iba a durar (se notaba a leguas) nunca imaginé salir tan lastimado. Me dueles. A pesar de todo el cariño que siento hacia ti no puedo dejar de pensar en tu honestidad brutal. Abriste tus sentimientos hacia mí para decir que no podías estar a mi lado. No me siento engañado a pesar de que todos afirman lo contrario.
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Dime algo que no sean las gastadas frases de siempre. No me digas que te da miedo perder mi amistad. El único camino para perder ese valor es la mentira. Yo te prometo no usar los mismos clichés de siempre. Prometo no decirte que agradezco tu sinceridad. Prometo agradecer tu honestidad brutal una vez que hayas derrumbado la más mínima ilusión o hayas reconstruido hasta el último despojo. Que la amistad no te preocupe. Esa siempre estará ahí. Eso sí, no me pidas que cierre puertas y ventanas si es poco o nada lo que queda en pie...
14 de diciembre de 2006
Pérdidas
Todo lo que no sea pasión desenfrenada o amor extraordinario es una pérdida de tiempo. En este mundo hay muchas cosas mediocres y el amor no debería de ser una de ellas. Yuridiana González Terrazas

Estoy triste.
Qué triste todos dicen que soy, que siempre estoy hablando de ti, no saben que pensando en tu amor he podido ayudarme a vivir... Roberto Cantoral.
Sólo puedo cantar.
Canto porque me levanto siempre con las mismas penas, con las heridas abiertas que siguen sin cicatrizar. Vago por las veredas, por desiertos, por la selva, surcando los anchos mares hacia ningún lugar. Canto porque me canso de dar explicaciones. No tengo soluciones ¿Para qué tanto preguntar? Salto de cama en cama, de boca a boca, de falda en falda. No vuelvo por donde vine, nunca viro hacia atrás. Y no hay ni mejor ni peor pues con la gente que tropiezo sufren del mismo dolor. Están igual, el mismo dolor. No hay ni mejor ni peor, si estás quieto o en movimiento, sufres el mismo dolor. Estás igual, el mismo dolor. Canto porque me harto de lugares concurridos, de esquemas aburridos para conseguir seguridad. Parto de aquí a otro lado. Crías cuervos y te comen los ojos luego. Canto porque me levanto siempre con las mismas penas. Y no hay ni mejor ni peor pues con la gente que tropiezo sufren del mismo dolor. Están igual, el mismo dolor. No hay ni mejor ni peor, si estás quieto o en movimiento, sufres el mismo dolor. Estás igual, el mismo dolor... Enrique Búnbury.

Es eso o pensar en lo que fue.
Ataste tu piel a mi piel y tu boca a mi boca. Clavaste tu mente en la mía como una espada en la roca y ahora me dejas como si fuera yo cualquier cosa. Estoy preso entre las redes de un poema. Eres tu quien me puede ayudar o me condena. Eres lo mejor de mi pasado. Eres tu quien ahora me tiene enamorado. Camilo Blanes.
No puedo negar tus palabras.
¿Cómo decirte que no? ¿Cómo luchar con tus ojos de ángel? Sergio Rotman.

Puedo apostarle a tu regreso.
Escucho las voces de tango al ver todas las bajas que he perdido al seguir en la timba de amar, en la puerta de un bar, atado a un querer por ti. Mauricio Aznar.

O resignarme a que ya no estás.
Tengo una cita esperando con las palabras, las que nos dijimos un día y que todavía sigo pensando. A veces se me aparecen en algún rincón, me cuentan lo que fuimos pero no dicen cómo fue que terminó. Tengo una cita con tu recuerdo para ver que queda aún de ti. Julieta Venegas.
Pos data.
No creas lo que te digo ahora. Hablo así porque me duele. Cree en mis ojos de alguna vez cuando nos mirábamos. Julieta Venegas.

viernes, 8 de diciembre de 2006

1 de diciembre de 2006
Robert Louis Stevenson

Me gustan los relojes de arena, los mapas, las etimologías, la tipografía del siglo XVIII, el sabor del café y la prosa de Stevenson. Jorge Luis Borges
Muy pocos escritores han ganado mi entusiasmo de manera tan inmediata como en el caso de Stevenson, escritor reconocido más que nada por sus celebres Isla del tesoro y El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde (que por supuesto, y dadas mis Infrahuevonas condiciones, aún no he leído). Esta fascinación por el Tusitala (contador de historias) escocés comenzó gracias a Borges. Una vez que tuve entre mis manos una antología de sus ensayos no pude mas que admirar su estilo.
Sin embargo, me une a Stevenson algo más que el gusto literario. Al igual que él soy hombre de pulmones débiles y no sé si esto fue el leit motiv que me ligó a su escritura de manera determinante.
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De la poética stevensoniana se pueden desprender algunos puntos muy útiles para más de algún “escribidor”: a la literatura se le pasa tijera, el mérito de un escritor no está en dilapidar su esfuerzo elaborando arduas descripciones, sino crear una atmósfera con los mínimos elementos. Ojo: esto no quiere decir que el texto sea pinche desde el principio. Existe una diferencia entre utilizar los elementos mínimos y regatearlos.

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No hace muchos días afirmé que no le tengo miedo a la muerte. Si alguna vez el Guasón del Batman de Burton me pregunta ¿has bailado con la muerte a medianoche? podré responder afirmativamente, porque efectivamente, alguna vez tuve un colapso pulmonar a esas horas. Sin embargo, luego de los felices acontecimientos que han acontecido en esta semana bien podría retractarme un poco: quiero vivir para descubrir la vida al lado de la mujer que amo. He dicho.
3 de diciembre de 2006
Dolor occidental

Que no me lleve al hospital, no es que desconfíe, es que no me fío de la medicina occidental. Que no me lleven al hospital, si ya me encuentro mejor... Búnbury
El ser humano no le teme a la muerte. Finalmente sabe que ese es su destino y trata de llegar a él a toda costa. Cada movimiento de su vida es un trepidante viaje a los brazos de su hado; desde el hombre que se persigna antes de salir de casa, pasando por la mujer que mira cómo una toalla sanitaria es capaz de retener el flujo de vida y muerte que corre entre sus piernas cada veintiocho días, hasta llegar al anciano que, cigarrillo en mano a pesar de tener prohibido fumar, cree seguir celosamente las instrucciones que le da su doctor.
El punto queda claro, entonces. El ser humano no le teme a la muerte. La única amenaza a su felicidad es el dolor, y es éste, precisamente, un cáncer que trata de eliminar utilizando para ello formas vacuas de vida: religiones, medicamentos, estimulantes, drogas o espectáculos absurdos.
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No hace ni media hora que terminé de ver 21 grams. En esta misma semana releí por segunda vez en un año Un dulce olor a muerte, novela que terminó por atraparme en sus primeras páginas aun cuando sólo la compré para tener tema de conversación con Saray. La mente maestra detrás de estas obras es Guillermo Arriaga.
En la breve charla que tuvo durante la presentación de El búfalo de la noche, nuestro autor afirmó que la sociedad cada día se olvida de la muerte y el dolor. En el mismo evento Xavier Velasco demostró ser más un producto de la mercadotecnia que un dechado de inteligencia cuando comentó que la carne que comemos es mejor si se nos da servida en un plato de hielo seco envuelto en plástico, pues sólo así somos incapaces de ver un doloroso proceso de muerte. Finalmente, y retomando el discurso de Arriaga, cerrar un ciclo, al igual que iniciarlo, es aceptar esta posibilidad al dolor, es rebelarse contra la alienación de un mundo que ha obligado a los hombres (en sentido genérico, igualitarios castrantes) a refugiarse en sus artilugios digitales de varios ram de memoria.
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He llegado a la conclusión de que no le tengo miedo a una muerte normal. Me aterroriza el sufrimiento que pueda generar, en mí y en otros, una muerte lenta anclado a la cama de un hospital. Alargar el letargo que precede a la muerte me parece una mala broma de la alienante cultura occidental.
4 de diciembre de 2006
¡No puedo más!

No sé por qué, pero no puedo escribir. Quizás retengo demasiada caca en el recto para intentarlo, como bien nos decía la doctora Lao. Su teoría de la vida era muy sencilla: las personas que no saben disfrutar de la vida no van seguido al baño. Y es que estoy de acuerdo con ella en que este lugar es uno de los espacios más íntimos que tiene el ser humano. Increíblemente de muchos pero misteriosamente privado.
Dice Jodorowsky que la soledad es no saber estar con uno mismo. Mi profesora comentaba que a sus casi cincuenta años aprovechaba sus horas solitarias para verse en el espejo, quererse, masturbarse y cagar. Sólo así, después de jalar la palanca del retrete, podía dejar atrás todo lo malo de su vida.
Pero ¿por qué atribuirle tanta importancia a la mierda? Su teoría reside en el punto en que los estreñidos, a través de los miles de vasos sanguíneos que poseen en el recto, absorben las toxinas de sus heces fecales. Eso tampoco lo dudo, pues es un proceso similar al que sufren las víctimas de los supositorios.
¿Y entonces? Pues carajo, no sé que chingados pasa. Tal vez sea la noche de desvelo, quizá mi trabajo pendiente de Reyes, la incertidumbre de lo que pasará ahora que Milhouse, digo, Felipe Calderón es presidente. En fin. Algo me pasa y no sé qué es. Probablemente me estoy preocupando por una mierda y en realidad no pasa nada...
Pos data de la mañana siguiente: Ya fui al baño. Ya me dieron ganas de escribir e incluso de recomendar libros. Lea la Historia de la mierda publicada por Editorial Pre-Textos. El autor se lo debo, porque no me acuerdo.
5 de diciembre de 2006
Buscando respuestas...

¿Para qué escribir sino para decir de otra forma lo que otros ya dijeron? Premisa particular sin duda alguna, pero comprobada a lo largo de los tiempos y las plumas. Ya lo dice Monterroso: hay tres temas; el amor, la muerte y las moscas. Gurrola, otro sabio, repetía clase tras clase que era necesaria la constante lectura de diversos autores para así saber cómo se han dicho las cosas y no repetir las formas que otros ya han intentado.
La escritura incluso se convierte en la manera de refutar lo que otros dicen. Quizá es una de las razones por las que me agrada manejar un blog. El lector siempre tendrá la oportunidad de interactuar con su escribano favorito, y éste se beneficiará de este medio para saber lo que se piensa sobre su estilo. Cuestiones de la tecnología.
Sin embargo, permanece en mí la cuestión fundamental. ¿Para qué escribir? Dicho de otra manera ¿qué pretendemos al crear algo, si es que en realidad lo hacemos? Nuevamente recordando a Gurrola, él afirmaba que el escritor sólo tiende puentes entre varias obras a través de su trabajo, algo parecido a lo que escuche en la presentación del libro de Rafael Sánchez, hermano de Don Omar. La literatura es nuestra búsqueda de un ideal, pero es una búsqueda inútil. Una vez terminado un texto, queremos encontrar otra cosa, porque lo que hicimos no nos satisfizo.
Y si buscamos en vano ¿para qué escribir? Para liberarnos de nuestros demonios temporales. Para dejarlos plasmados en la virginal hoja en blanco y crear, más que nuevos mundos poéticos, nuevos demonios. Al menos eso es lo que creo.
6 de diciembre de 2006
Borges y yo

Mi relación con Borges ha sido, de entrada, demasiado extraña. Si bien era conocedor de su fama, jamás reparé en ojear siquiera una página suya. Como lector lo descubrí gracias a ese gran promotor de la cultura (y gracias al morbo, hay que decirlo) que es nuestro filólogo y ex presidente Vicente Fox Quesada. Por desgracia, Borges fue confundido con un grande de las letras imaginarias: José Luis Borgues (amigo entrañable de otros excelentes literatos como Rabina Sagore y Sara Margarita).
Uno de los primeros textos que leí fue el cuento “Hombre de la esquina rosada” recomendado por el sabio (fuera de sarcasmo, que quede claro) César López Cuadras. Se desprendieron entonces diferentes recomendaciones. “Borges y yo” digno de ser recitado a la menor oportunidad; “El Aleph”, excelente cuento que recuerda de manera así o más obvia a La divina comedia, y muchos más. En pocas palabras, le tome cariño a su narrativa.
No hace mucho tiempo, en ese increíble espacio que es el taller del gran amigo Luis Vicente de Aguinaga, conocí (casi casi en sentido bíblico) la poesía de Borges. Eso de conocer tiene que ver con que la hice mía. Yo, que tiendo a rechazar sistemáticamente el noventa por ciento de las manifestaciones poéticas, encontré a un autor digno de ser leído y releído más de una vez.
Hoy, gracias a Luis Vicente, tuve la necesidad (bendita amiga mía) de buscar el volumen titulado Elogio de la sombra. Por fortuna, en la biblioteca escolar poseían la obra completa publicada por el grupo argentino Emecé Editores. Ávido de nuevas referencias de Borges, pedí en la biblioteca, para llevar, un Tomo 2, libro en el que encontré, aparte del favorito “Borges y yo”, “Ajedrez”, “Le regret D’Héraclite”, “El golem”, “Junio, 1968” y otros más que desde ya pintan a favoritos de este Infrahuevón lector. A resaltar dos textos que serán mis amigos en cuanta cantina pueda recitar “El vino” y “Soneto del vino.”
Neófito en Borges, su lectura ya me ha dado a otros escribanos que merecen ser atendidos y admirados: Stevenson y Reyes. De uno y otro he revisado su trabajo ensayístico, aunque no está lejos el momento de pasar al trabajo narrativo, en el caso de Stevenson, de quien ya había tenido la oportunidad de hablarles: El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde. Con el tiempo podré leer un poco más de ambos.
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Amigo Borges: Gracias por haber escrito a lo largo de tu vida tan bellas páginas. Tú, que sólo te enorgullecías de aquellas que habías leído, deberías estar orgulloso también de aquellas que nos dejaste. Quizá tu comentario se deba más a la modestia que a otra cosa... Por hoy es todo amigo; tengo cosas que hacer. Y en serio. Gracias.
7 de diciembre de 2006
XX
Puedo escribir de los temas más variados esta noche. Escribir por ejemplo: empataron las chivas, contrario a la fiel creencia que indicaba una victoria segura para así mantener alejado al pueblo de las emisiones noticiosas. Sospechar acaso que el empate es una estrategia para atraer al público televidente a seguir lastimosamente pegado a la caja idiota, observando sin cesar los programas deportivos.
Puedo cantar las canciones más tristes esta noche. (Des)entonar por ejemplo: “Vete ya si no encuentras motivo” o “Y se parece a ti”, mientras pienso que la muerte de Valentín Elizalde distrae a las clases populares de cosas realmente importantes. Mañana tras mañana, mientras observo en las repeticiones de Con todo más detalles acerca de la vida del llamado Gallo de Oro (hazme el cabrón favor), pienso que seguimos observando la hipérbole de una “noticia” mal intencionada.
Se trata de crear lo que Borges llamaría una mitología del arrabal. De perpetuar la figura de un hombre de extracción popular que le cantaba precisamente a los suyos. Ignoro las causas de este fenómeno antes observado en México con Pedro Infante.
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Omar ha pasado a ser, desde el día de hoy, mi biógrafo no autorizado. Dadas las continuas referencias que sobre él se hacen en estar tentadoras e Infrahuevonas páginas, muchos han llegado a la conclusión de que Yo soy el biógrafo del émulo reggaetonero. Para saldar esta deuda, mi Omarcito precioso planea escribir mi vida en su blog personal. Desde esta trinchera le mando toda la fuerza que mi Infrahuevonismo me permite.
26 de noviembre de 2006
It’s a beautiful day

Si el lenguaje es otra piel toquémonos más con mensajes de deseo... Cerati
Sé que el día de hoy podría escribir sobre demasiadas cosas. Sobre acciones y detalles de la persona que hoy por hoy es todo para mí. Pero las palabras me rebasan. Son tantas las cosas que puedo decir que paradójicamente impiden mi habla. No puedo mas que agradecer cada uno de los instantes que he vivido a tu lado en tan poco tiempo y desear que el mágico momento de sentirte nuevamente llegue pronto... y que no se vaya de nosotros nunca.
Te quiero...
27 de noviembre de 2006
Y me dieron las diez y las once, las doce y la una, las dos y las tres...

...Y por más que quise no pude escribir.
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Hoy tuve la oportunidad de conocer a Guillermo Arriaga. Aquello no fue la charla en que dos personas tratan de establecer nexos en común, sino más bien parte de un fenómeno de retroalimentación entre escritor y lector. Minutos antes, en la presentación de su libro El búfalo de la noche, dejó bien claro que para él ése era el significado de una firma de autógrafos.
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Nuevamente un escritor insiste en la necesidad del escribir día a día. Finalmente esa es la única terapia que nos queda para liberarnos de todos nuestros demonios. Dándolos a conocer al mundo entero y esperando que nos paguen por compartirles nuestros traumas. Al menos es mejor que la vida del estudiante de psicología, cuya actividad académica se reduce a ser dado de alta por sus profesores.
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Al igual que Arriaga, no le tengo miedo a la muerte. Esa es la máxima actitud erótica que puede tener el hombre. Lo demás es vanidad. Por eso, como dice el dicho: a coger y a mamar que este mundo se va a acabar.
30 de noviembre de 2006
Crónica de un noviazgo anunciado
Esta semana bien puede ser descrita como algo digno de vértigo. Todo comenzó el domingo (porque de hecho la semana inicia los domingos) 26 de noviembre, con una cita para ir a la Feria Internacional Del Libro de Guadalajara. Uno de los mejores días que su humilde servidor pueda recordar. Baste decir que, cual Alfa y Omega, todo inició y concluyó en boca de Saray.
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Ni siquiera nosotros imaginábamos que todo llegaría a donde estamos actualmente. ¿Quién diría que puedes conocer a tu alma gemela en la parada del camión? Y sin embargo así es. Estamos juntos y no hay nada más que decir, le pese a quien le pese (que me imagino son varios).
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Finalmente ambos tuvimos el valor de aceptar nuestros sentimientos y darnos cuenta que estar lejos del otro es negar la posibilidad al amor. Hoy sé que Clover House es algo más que una casa embrujada. A partir de hoy ése lugar es el sitio donde viví la declaración amorosa más increíble de mi vida. Eso sin contar los chiqueos que he obtenido por estar malito (del cerebro).
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Ya con ésta me despido, dijo mi compadre. Si puede y prefiere, compre la revista Revuelta, editada por la Universidad De Las Américas Puebla. Créame, no se arrepentirá...